La revolución ecológica / Raúl de la Rosa. (Extractos)

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Los medios de comunicación colaboran de forma activa en la pasividad de la sociedad, especialmente dirigiendo esta indolencia hacia las capas menos favorecidas para limitar su capacidad y actividad militante en movimientos sociales que puedan modificar la reinante situación de apatía, haciéndoles creer que pueden beneficiarse de las ventajas de la sociedad de progreso, es decir, del consumo,planteando el actual sistema como la única opción racional,es decir, inculcando el miedo a cambiar esta sociedad abotargada por otra más participativa y solidaria. Esto es, mantenera la sociedad en un cierto estado de carencia sociocultural para así controlarla según sus gustos, preferencias,ideologías y pensamientos.

 

El influjo de la cultura de masas, vuelve al individuo incapaz de ver la realidad, de madurar, incluso de liberarse de su influencia, es algo así como una droga que precisa de un periodo de desintoxicación. Pero, para lograr liberarse, es necesario saber que uno está afectado por esta droga y, además,desear realmente dejar de estarlo.

 

Pero el problema no son los medios, prensa, radio, televisión, internet o cualquier otro medio de las modernas tecnologías en sí, sino el uso que deellos se hace, la programación que emiten, es decir la políticay la ideología que dirige a los medios.Si la cultura de masas, a través de los medios de comunicaciónha sido capaz de transformar los valores y los comportamientosde los consumidores, también desimplicando a éstos de los intereses especulativos, podrían transformar al individuo y a la sociedad, o al menos colaborar en un cambio que transmute lo sugestivo, lo nefasto, por lo real y lo solidario.

 

Así pues, no se trata de cambiar la ciencia y la tecnologíasino de cambiar a los que la dirigen, cambiar su dirección,transmutar los intereses de unos pocos por los de los muchos.No se trata de estar en contra de la ciencia, de la tecnología y del progreso, sino de que éstos estén a nuestro favor.

 

En buena parte de la gente, no existe la conciencia de que sus actos tengan efectos tan adversos como en realidad los tienen, pues en pro del consumo se les oculta el poder de su decisión personal y su efecto en el medio ambiente y en la injusticia social, pero ¿podrían modificar el curso de los acontecimientos siendo conscientes? Es posible que sí, y es posible que no, pero al tratar de despertar la conciencia tenemos posibilidad de elección, y podemos obrar por lo que consideramos ético y justo.Uno de los mitos que intenta imponer el sistema, es el de hacernos creer la imposibilidad de cambio, que todo es tan complejo y tan enorme que nuestra actitud, nuestra acción no tiene ningún efecto sobre el conjunto. Esta es otra más de las grandes mentiras que permite que la pobreza y la destrucción de la naturaleza aumenten, pues precisamente es con nuestras actitudes, con nuestras acciones con las que se fomentan,y cambiándo las también podremos corregir sus efectos, pues una pequeña acción puede desencadenar un movimiento progresivo y exponencial, no sólo en nuestra vida, sino también en la de otras personas. Es así como podemos transformar esta absurda realidad.

 

La libertad sólo es posible para aquel cuyo pensamiento es libre, pues para el esclavo, libertad es una metáfora, un concepto vacío con el cual no sabe que hacer.

 

No se trata de cambiar el mundo, pues el mundo lo queremos tal y como es, en todo caso habrá que recuperarlo, la calidad de sus aires, aguas y tierras, su diversidad, sus culturas,lo que hay que transformar es el modelo de sociedad,el sistema dogmático, el orden dominante, creando un mundo perdurable y un lugar heterogéneo.

 

Si se evitaran las pérdidas provocadas por las fugas de los gasoductos o las instalaciones de extracción y se aprovecharan los gases de los vertederos para conseguir energía, se reducirían en gran medida las emisiones de metano y óxido nitroso.Pero debido al actual descontrol y desidia política a pesar del enorme e injustificable coste social que supone, las estimaciones de los efectos de este veloz calentamiento del planeta son poco alentadoras. La cuantía del efecto invernadero es astronómica para la sociedad, y por muchas multas que tuviesen que pagar los contaminadores, incluso con carácter retroactivo, las consecuencias que suponen su impacto para la sociedad y la naturaleza son impagables e inaceptables.El aumento de temperatura hará que buena parte de las playas desaparezcan por la elevación del nivel del mar al irse derritiendo los hielos de los polos, lo cual originará una migración de millones de personas desde las zonas costeras al interior. Teniendo en cuenta que más de la mitad de la población mundial vive cerca de las zonas marítimas y de los ríos, esta situación generará una gran tensión social, sin olvidarlos daños materiales en las ciudades costeras y los elevados costes económicos que con llevará salvar ciertas zonas de desaparecer bajo las aguas.

 

La utilización de productos químicos peligrosos y su emisión al medio ambiente repercute en la capacidad reproductora.Se ha calculado que de seguir esta tónica, en algunas decenas de años se podría causar la total esterilidad de los hombres de los países industrializados.La fertilidad masculina se ha reducido drásticamente,como ejemplo en diez años ha descendido un cincuenta por ciento. El estrés, el consumo de alcohol y tabaco y los agentes ambientales presentes en muchas actividades laborales, así como el uso de productos de consumo habituales afectan directamente a la producción de espermatozoides y son los máximos colaboradores en el incremento de la esterilidad.La variedad de situaciones, productos y exposiciones son muy variados e influyen directamente sobre la espermatogénesis.Entre ellos se encuentra el bisfenol, un compuesto químico que se encuentra principalmente en plásticos y que incluso se utiliza en sellantes dentales. La película plástica que cubre por dentro las latas de conserva contiene bisfenol.Al esterilizarlas este compuesto entra en contacto con la comida, por lo que se produce la ingestión junto con el producto que contiene la lata. Asimismo, otros compuestos como los ésteres de talato, utilizados para dar flexibilidad a los plásticos, producen el mismo efecto negativo en la espermatogénesis.Los grupos de mayor riesgo se centran en los varones que trabajan en la industria y la agricultura, debido a los efectos de los tóxicos químicos industriales y de los pesticidas. El motivo de que estos compuestos reduzcan la fertilidad envarones se debe a que actúan como xenoestrógenos; es decir,como estrógenos en el sexo masculino, lo que conlleva, entre otros factores nocivos, una disminución de la producción de espermatozoides.Sin embargo, existen otros muchos compuestos químicos ysustancias empleadas en fármacos para determinadas patologías que están relacionados con una disminución de la  fertilidad masculina. Entre ellos la adrianicina, un compuesto empleado en pacientes con cáncer, que influye directamente sobre la espermatogénesis de los pacientes, que muchas veces no son informados sobre la posibilidad de reducción e incluso pérdida total de la fertilidad cuando se someten a estos tratamientos contra el cáncer, muchos de ellos de dudosa eficacia pero de sabidos y ocultos riesgos.

 

Hemos visto como la lógica del sistema se basa, en el caso de los residuos tóxicos y de los residuos industriales en deshacerse de ellos mandándolos a zonas o países pobres, en primer lugar por motivos puramente económicos y sociales,pues en los países desarrollados la población no los quiere en sus cercanías convirtiéndose en problema político y electoral.Además de las dificultades económicas que supone su procesado,es más barato usar de basureros a otros países. Estas zonas están menos polucionadas, y aquí el sistema intenta ser equitativo, pues aduce que aún pueden asumir mucha contaminación y sustancias tóxicas que según los niveles admitidos son seguros pero de consecuencias desconocidas o demostradamente mortales y, por tanto, la humanidad hace de conejillos de un inmenso laboratorio.Estos tóxicos aumentan la tasa de muertos por cáncer, pero al ser tan baja la media de edad de estos países no desarrollados,el porcentaje de estas muertes no llegará a ser la de los países ricos ya que la gente morirá por otras causas antes de desarrollar el cáncer. Sin olvidar que sus habitantes tienen una mayor resistencia al cáncer en estos países debido a unas costumbres Menos tóxicas por no consumir alimentos tan refinados y con tantos productos tóxicos en su envasado, en su procesado, en sus colorantes, conservantes, aditivos,etcétera.Así, los países menos favorecidos se convierten en el basurero de los más favorecidos, vertederos de residuos nucleares e industriales, y ubicación de las industrias más tóxicas y contaminantes. Para continuar progresando hay que mandar la basura a otros lugares, para poder seguir compitiendo las industrias contaminantes trasladan sus fábricas a países donde no se las considera dañinas medioambientalmente.Fábricas altamente contaminantes, como las de aluminio,se trasladan a estos países, pues de otra forma, si hubiera que adaptar o adoptar medidas para no contaminar en los países más restrictivos legislativamente, su producto no sería competitivo, además de una mano de obra barata sin derechos laborales y sociales.Asimismo, la agricultura intensiva, los monocultivos de plantas y flores devastadoras de la tierra y consumidores de enormes cantidades de agua, contaminan con los productos venenosos que emplean, se traslada de los países desarrollados a países desprotegidos, con la destrucción de sus zonas agrícolas por el uso masivo de insecticidas, abonos químicos que aniquilan la fertilidad de la tierra, contaminando el aire y enfermando a los trabajadores y a la población cercana. Y así la tasa de enfermos por cáncer, de muertos por contaminación,asciende exponencialmente en estos países que se traslada de madres a hijos a través de la leche materna contaminada por una alimentación y un medio ambiente intoxicantes.

 

La contaminación del planeta, la de nuestros cuerpos y mentes es consecuencia de lo que consumimos. Culpables de esto son nuestros pensamientos, ideas y decisiones, y éstos están al servicio de un sistema injusto y totalitario.Un frente planetario con batallas, saqueos, pillajes y violaciones en todos los ámbitos: la tierra y sus entrañas, el aire,las aguas continentales, marítimas y subterráneas. Las víctimas son incontables y la mayor parte de la humanidad está en primera línea, y quizá lo peor sea que no se sabe ya que se oculta el riesgo.El descontento social y la injusticia históricamente acababan en revueltas, muchas de ellas sangrientas, así como en revoluciones que trataban de cambiar el mundo, su mundo.Pero actualmente la injusticia, la miseria y la pobreza no se traducen en revoluciones sino en violencia, en una violencia social silenciosa, la violencia de los pobres y generalmente entre los pobres; guerras sordas, sociales, ecológicas, humanitarias.Una guerra entre el ser humano y la naturaleza,entre el ser humano y el ser humano.Al igual que en las guerras unos países invaden a otros, en este momento todo el planeta es zona ocupada; comienza pues, la guerra de guerrillas. Nuestras armas son compartir,ofrecer y dar, teniendo claro cuál es el camino hacia donde vamos, o mejor dicho, hacia donde queremos guiar la actual dirección social. Pero, toda revolución exige acciones concretas,que desde el individuo repercutan en la sociedad y viceversa,permitiendo advertir que hay otras formas, otros modos, otras alternativas.

 

No se trata de la actuación desde las instituciones, desde los poderes, sino desde la base, desde lo más profundo y elevado de la gente, allí donde habitan esas ideas enraizadas tradicionalmente, en nuestro inconsciente más profundo,permitiendo que surjan y se traduzcan en acciones que cambien la actitud y el rumbo colectivo, porque toda actuación necesita del sustento del pensamiento pero a su vez también éste se fomenta con la acción: más vale un hecho que mil pensamientos.Así pues, desde el pensamiento más oculto comencemos la acción, y ésta será la que se traducirá en un cambio de la forma de pensar; es el único camino, porque la realidad no es lo que pensamos, aunque a través del pensamiento se cambie el paisaje a nuestro alrededor, sino fundamentalmente éste cambia con lo que hacemos. Las cosas son así porque nosotros permitimos que así sean.Creo y espero que el momento de la reconstrucción haya llegado.

 

Las industrias presionan para no modificar las legislaciones con relación al medio ambiente con el chantaje de trasladarse a otros países con leyes menos rígidas en caso de que éstas se endurezcan o se vean impelidos a aceptar costes adicionales para que sus obsoletas industrias sean algo menos destructivas.Antes eran los gobiernos de los países desarrollados los que presionaban a los países en vías de desarrollo hacia una política de destrucción de su medio ambiente. Ahora ya no le son necesarios al gran capital, pues sus políticas han cambiado,y estos países abogan, debido a la fuerza popular por políticas más medioambientalistas; ahora son los propios capitales los que directamente empujan a los países menos afortunados para que sigan destruyendo su medio ambiente y por lo tanto su riqueza: poco pan para hoy, miseria segura para mañana.Habría que modificar el término “países subdesarrollados”,por otro que definiera con mayor fidelidad la realidad,más bien podríamos utilizar las palabras: zonas expoliadas y oprimidas.Uno de los grandes obstáculos para que los países empobrecidos dejen de serlo es el control de los mercados por parte de los grandes intereses que, en vez de favorecer el equilibrio,siguen manteniendo una gran presión sobre estos países para que no logren salir de su pobreza, y así poder seguir utilizando sus recursos para suministrar a las zonas ricas. Los mercados utilizan las materias primas naturales de estos países adquiriéndolas a precios que desde hace años siguen bajo mínimos, lo cual lleva a una espiral, pues para poder pagar sus deudas, tienen que exportar y explotar más sus tesoros naturales.

 

Una de las causas del exceso de consumo es que lo relacionamos al éxito, y éste se convierte en el objetivo de la vida;de esta manera la mayor ambición que tenemos es consumir cuanto más mejor. No se trata de evitar la riqueza como si fuese un mal, lo que hay que evitar es el exceso. La abundancia de bienes superfluos no da calidad a la vida, es esta futilidad material la que degrada al ser humano y es causa de su pobreza de espíritu, sin olvidar que, por supuesto, la miseria y la pobreza también ultrajan. Ambos extremos, exceso y escasez, estigmatizan al ser humano.El sistema crea la impresión de que en las ciudades es más fácil obtener los objetivos que él mismo propone, de conseguirlo que aparece en los medios de comunicación como fundamental para ser feliz o para obtener éxito. En las urbes todo está más accesible para aquel que esté dispuesto a sacrificar su vida por ello. Los mayores núcleos de consumo se focalizan en las ciudades, por lo tanto, la idealización del sistema se concentra en ellas, atrayendo especialmente a las juventudes de núcleos rurales, creando el abandono y la desertización de una de las partes más importantes de nuestro mundo, déficit que difícilmente se podrá cubrir en los próximos años.Otras culturas, la mayoría ya desaparecidas y algunas de ellas en proceso de extinción, nos muestran cómo la sencillez y vivir en la naturaleza, integrados en ella sin consumir más de lo necesario, abren el camino a la felicidad o al menos permiten un mayor equilibrio en la vida.

 

La llamada globalización es un argumento de la economía de mercado para extender sus redes y su lucro, utilizando mano de obra esclavizada en países pobres y obligando a trabajar en condiciones infrahumanas a los indefensos ante el espectro del hambre y la miseria: hombres, mujeres y niños explotados en favor de la generalización de los beneficios de unos pocos y de la globalización de la pobreza.

 

El sistema liberal de economía de mercado es en realidad una economía absolutamente planificada por los grandes intereses financieros para ejercer el más absoluto control. La supuesta libertad de mercado sólo es observable en los niveles bajos y medios, pero en realidad es una libertad teórica, pues han de moverse dentro de las grandes líneas de mercado adoptadas porlos macrointereses económicos que son los que deciden cómo,cuándo y cuál será la economía del presente y del futuro.Precisamente uno de los peligros de la globalización del mercado estriba en la venta masiva de determinados productos.Sucede que alimentos o sustancias cuya toxicidad está claramente demostrada en el ser humano o en la naturaleza se comercializan de forma generalizada. Estos productos de alto riesgo, de sabidos o desconocidos efectos, caso de la alimentación transgénica, conservantes, pesticidas, etcétera,pueden acarrear una pandemia generalizada, una intoxicación global, o como sucedió con ciertos tóxicos una infertilidad en el hombre que impida la procreación y que en esta ocasión sí tenga consecuencias planetarias, o bien que dé origen a secuelas anómalas, caso de alteraciones genéticas. Así pues debido a la globalización del contexto comercial financiero, podemos asegurar que el ser humano se encuentra en peligro de extinción, o como mínimo de mutación.La política del siglo veinte ha sido el gran desengaño planetario,pues si la política se dirige a mejorar las condiciones de vida de las personas, esto sin duda no se ha logrado.La economía de mercado ha fracasado, a pesar de su éxito expansivo. No hay que confundir crecimiento con prosperidad,pues, aunque en apariencia si haya traído un cierto bienestar a determinadas zonas y grupos sociales, en el ámbito planetario, la realidad es bien obvia: cada vez se vive peor en este mundo y sobre todo se muere y se sufre de forma más globalizada. Así pues las consecuencias de las tremendas destrucciones medioambientales y humanitarias contrarrestan el hipotético éxito del libre comercio.

 

El actual sistema de desarrollo sólo es sostenible en estas zonas privilegiadas a costa de la insostenibilidad de otras. Los ricos siguen sonriendo porque hay pobres que lloran y cada vez lloran más.El desarrollo no es más que la posibilidad de acceder, si se puede pagar, a productos innecesarios, con ingentes muchedumbres hacinándose en arrabales urbanos, obligados a despojarse de sus tradiciones, de su cultura y de sus medios de supervivencia autóctonos, clonando esperpénticamente los modos de vida de los ricos. No hay que basar el índice dela calidad de vida de la población en el crecimiento de la producción,sino en valores como la calidad del medio ambiente,de la salud y del bienestar.Se han rebasado los límites del crecimiento. Una economía sostenible tiene que limitar el consumo de recursos naturales y para lograrlo hace falta una política planetaria de sostenibilidad y de humanidad, en vez de hacer alianzas para cerrar fronteras y hacer guetos económico-sociales, habría que seguir justo el camino contrario, abrir fronteras, equilibrar el consumo y facilitar su acceso a las zonas del planeta más desprotegidas mediante la autogestión.

 

La globalización de la economía sirve para que la producción de los grandes intereses se encuentre en cualquier parte del planeta, al ser los países, especialmente los pobres, cada vez más sumisos a los intereses consumistas. Y así las presiones internacionales obligan a estos países a eliminar las barreras comerciales, devaluar su moneda, a exportar sus recursos, eliminar o no plantear ni siquiera los subsidios, las ayudas a los parados o las pensiones. Bajo estas presiones reducen aún más el gasto público destinado a los programas sociales, reducen los salarios, facilitan los despidos, privatizan las empresas estatales que no generan beneficios y así,obligados con estas medidas y con enormes deudas exteriores,son sometidos a seguir los planes dictados por los intereses internacionales, destruyendo su tradición, su economía, sus grandes posibilidades agrícolas y ganaderas,energéticas y su producción propia.Las graves consecuencias que conlleva la aplicación de estas políticas internacionales en los países pobres, les coloca como una de las causas fundamentales del mantenimiento y el avance de la pobreza en el mundo: campesinos y sus familias obligados a emigrar a las ciudades instalándose en las bolsas de la indigencia, gentes que huyen de la miseria buscando la tierra prometida preconizada por la cultura de las panzas llenas.Las instituciones económicas mundiales prestan dinero para después recuperarlo con usura, a la vez que presionan basándose en esta deuda y en las precarias condiciones del país para abrir nuevos mercados para los proyectos de los intereses empresariales que los avalan.Los créditos que los grandes estamentos internacionales conceden a los países más pobres van justamente en la dirección contraria a lo que en principio son destinados como es elevar el bienestar de la población y su capacidad de autosubsistencia;es decir, aumentan la pobreza y favorecen el aumento de población y el impacto ecológico de su entorno.Hay una realidad y es que las falsas deudas externas de los países pobres son imposible de pagar, por lo tanto, su única utilidad reside en mantener a estos países en la pobreza,esquilmar sus materias primas, tener una mano de obra esclavizada y usarlos como vertederos de los desechos de los ricos. Sus objetivos en ningún caso son el cuidado de la alimentación,de la salud de la infancia, de la agricultura, de los recursos naturales, de la educación o de la sociedad; es sólo el lucro por el lucro, sin contemplaciones.

 

No hay que olvidar que el futuro sólo está escrito en el presente y es aquí donde haremos que este futuro sea mejor que el ahora, o que sea lo que todos los vaticinios de la realidad yde las acciones actuales nos muestran, un futuro oscuro y posiblemente inexistente al menos para el ser humano.Es urgente cambiar el concepto de desarrollo sostenible por el de sostenibilidad como modelo de actuación mediante el cual se garantiza la continuidad de la vida y sus distintas manifestaciones en plenitud. Es el legado de vida para futuras generaciones en un mundo diverso y sano.

 

Los gobiernos utilizan la renta nacional como indicador de su éxito económico; sin embargo, estas cifras se comprenden falsas cuando se constata que no se tiene en cuenta la destrucción del medio ambiente. Si cambiamos el automóvil por la bicicleta reducimos la producción y el producto interior bruto, y el país, según las teorías económicas vigentes, va peor; pero, en realidad, aumentamos la calidad de vida, no sólo la personal sino la social: mejora nuestra salud y administración,mejora la calidad del aire, se reducen los atascos,los accidentes y los gastos sanitarios producidos por las enfermedades de la contaminación.

 

Las industrias químicas, entre otras, reducen sus gastos al contaminar las aguas con sus residuos, pero provocan un grave impacto en la industria de pesca, pues se reduce el número de peces o se envenenan y cada vez son más los consumidores que se percatan de la intoxicación del pescado, lo cual repercute en sus ventas. Así pues lo que unos se ahorran contaminando dentro del sector industrial, otros lo pagan al perder cantidad y calidad. En estas actuaciones se denotan unas claras injusticias económicas dentro del propio sistema permitidas por las administraciones, siendo no sólo sectores económicos los afectados, sino obviamente la salud de los consumidores, especialmente la de los menos informados y protegidos.

 

Para los intereses financieros especuladores, la naturaleza y los seres humanos son simples medios utilizables a su antojo para lograr sus objetivos. Mientras la economía no contemple como un valor a la naturaleza, sus números siempre serán erróneos, pero en el momento que se considera a la naturaleza,aun no teniendo precio, como un valor, el impacto que provoca el desarrollo resulta altamente deficitario para la sociedad.

 

La industria ha de empezar a aceptar los preceptos ecológicos como parte del sentido común productivo, pues pueden ser, además de amortizables, una fuente de riqueza.Hay que variar la dirección tecnológica y los criterios de consumo:aumentar la eficiencia en el uso de los recursos naturales,y la calidad de los productos, reducir el transporte, el gasto energético en la producción y el uso de materias primas,pero especialmente hay que observar el impacto que produce cualquier actuación en el entorno y en las comunidades tradicionales. Si una tecnología, un producto o un sistema son teóricamente muy eficientes pero destruyen vínculos económicos locales que permiten la subsistencia de grupos allí asentados, la supuesta eficacia se transforma en la aniquilación de la verdadera eficiencia.Es posible cambiar los actuales procesos productivos por otros en los cuales se introduzcan criterios ecológicos, ya que éstos son compatibles con los beneficios de las empresas. En el actual modelo económico, mientras exista un sistema de libre mercado, son las empresas las que tienen que modificar estos modelos obsoletos por otros con miras más humanitarias y medioambientales. Pero como el mercado por sí mismo no va ha adoptar medidas de lealtad competitiva introduciendo cambios más salubres y ecológicos, son las personas quienes pueden presionar a las administraciones ya los mercados. Es la fuerza popular la que debe influir en los países industrializados sobre los gobiernos no sólo mediante la selección de los productos más acordes a estos criterios o a través de las elecciones democráticas -pues éstas se encuentran prostituidas-, sino mediante la expresión libre de sus ideas y propuestas en todos los foros, especialmente aquellos que promueven la movilización ciudadana.

 

Las administraciones deben regular los incentivos y las subvenciones que dan a las empresas, pues aquí es donde se generan caminos hacia la eficiencia o hacia el disparate del mercado, donde casi siempre se prima el derroche y la deficiencia y se castiga la eficacia y la eficiencia. Por ejemplo, se incentiva que los edificios sean nocivos para la salud, que vayan en contra del bienestar y que además sean ineficientes y caros. Esto que parece una locura, es una realidad instalada en todos los países occidentales.Los ingenieros y los arquitectos se dedican a reproducir los mismos errores, sin aceptar las innovaciones de ahorro energético, bienestar o reducción de costes, sin contemplar que los elementos de derribo del edificio puedan ser reciclables o reutilizables. Además, cobran según los costes de proyecto, contra más caro sea, más honorarios reciben, y no se complican buscando alternativas más eficientes y menos costosas, proyectando siempre por encima de las necesidades con el derroche que ello supone. Esto sucede especialmente en las áreas del consumo energético del futuro edificio en los sistemas de calefacción, refrigeración o iluminación.Así pues, el arquitecto, ingeniero o diseñador debería cobrar no por el volumen del coste de la obra, sino por la eficiencia de su trabajo desde el punto de vista ecológico,medioambiental y sanitario; al igual que el médico de la antigua china cobraba más conforme la población a su cargo estaba más sana y dejaba de cobrar cuando enfermaba. A mayor ahorro, a mejor edificación respetuosa con la salud y con el medio ambiente, más beneficio para el diseñador. Esta debería de ser la política de relación económica.Los incentivos también deben dirigirse a las empresas promotoras y constructoras para que, así, recompensadas, trabajen en la línea de construir más eficiente y saludablemente.De esta manera, además ofrecen un valor añadido al cliente,lo que es ya de por sí un buen argumento de ventas que cada vez se busca con más ahínco, pues la gente comienza a percatarse de que buena parte de la oferta existente va en contra de sus intereses económicos, medioambientales y de salud.Hay que hacer por ley que los edificios nuevos sean lo más autosuficientes posible, quedando desligados de la dinámica energética monopolista, e incluso pudiendo vender el excedente de energía sobrante. Casas sanas, eficientes y rentables,es el gran reto para terminar con un sector energético monopolista,contaminante y depredador.También el cliente debe ser incentivado a la hora dedecidir el tipo de vivienda que desea adquirir, favoreciendo la compra de aquella que contemple el ahorro energético y la eficacia como uno de sus valores, gravando las que sean derrochadoras,empleen materiales que gasten mucha energía en su proceso de producción y en el transporte, no tengan capacidad de reciclaje y de reutilización o presenten problemas de salud por sus emisiones de partículas o gases tóxicos en cualquiera de sus fases: fabricación, uso, reciclaje o desecho.Actualmente no se prima la eficacia, la optimización del sistema o de la maquinaria, pero cuando se estimula que el edificio sea energéticamente eficiente y sano, la construcción cambia radicalmente, se reduce drásticamente su impacto ambiental, uno de los más grandes a escala planetaria. Si se logra que esta dinámica se generalice, habrá un gran ahorro económico para los usuarios y, además, si los incentivos administrativos priman a los constructores y a los diseñadores de edificios y sistemas, todos podrán beneficiarse de una política económica que de rebote es, asimismo, mucho más humanitaria.Una familia tiene la posibilidad de acceder a viviendas de un mayor precio y un mayor bienestar si las casas son eficientes desde el punto de vista energético, ya que el ahorro que supone permite amortizar la diferencia de coste. De esta manera la eficacia energética es un valor añadido a la vivienda que hay que considerar a la hora de adquirirla, pues el esfuerzo económico constante que conlleva vivir en una casa derrochadora poco eficiente contrasta con el ahorro de una vivienda eficiente. De este modo, la casa ecológica incrementa el bienestar y la salud mejorando la calidad de vida y la economía doméstica y planetaria.Hay que recobrar el sentido común y estimular lo sano, lo eficaz, lo ecológico en vez de lo nocivo, lo derrochador, lo depredador. El constructor reduce costes, el usuario elimina gastos y aumenta su bienestar al desligarse de riesgos para su salud, al tiempo que la población y la naturaleza reciben menos contaminación procedente de los procesos industriales al limitarse la presencia de productos tóxicos en el proceso de fabricación, en la instalación, en el uso y en el desecho.Las fábricas que contaminan han de tener responsabilidades desde el punto de vista jurídico que penalicen su actividad, pero hay acciones que logran efectos mayores que el de la sanción. Si una industria coge agua de un río en la zona situada más abajo del lugar donde emite sus residuos,sólo por el hecho de no contaminar su proceso de fabricación con agua residual, producto de sus propios residuos, ya hará por tener una depuradora que haga que sus detritos no contaminen el agua que ellos han de volver a utilizar. Y así, siendo partícipes directos de los efectos de nuestras acciones,buscaremos soluciones para que estos no dañen, especialmente cuando vemos que este perjuicio nos implica de forma directa. Si las emisiones contaminantes del aire de las industrias tuvieran que volver a entrar dentro del edificio, los fabricantes ya se ocuparían de que los filtros para estos contaminantes funcionaran a la perfección y limpiaran totalmente el aire, claro está, si existiera una política laboral que controlara eficazmente el medio ambiente interior.Resumiendo, las industrias deben beber de sus aguas y respirar su aire, para que así se tenga la garantía de que esas aguas son realmente puras y que el aire es realmente sano,pues hasta ahora es la población y el medio ambiente quienes asumen los riesgos de los beneficios de las industrias y no éstas, por lo que no sólo se trata de responsabilizarles, sino hacerles partícipes de este riesgo, y al verse directamente implicados, a buen seguro que estos riesgos desaparecen si existe un correcto control sanitario laboral.Hay que buscar fórmulas para que los contaminadores y depredadores no puedan eludir su responsabilidad, no sólo jurídica, sino social y es pues que comprometiéndolos en la situación como mejor se podrán advertir cambios en la actual política económica fundamentalista, y cuando no se pueda responsabilizar a los intereses financieros en una política proteccionista del medio ambiente y de la salud hay que suprimirlos.No hay que penalizar o primar únicamente a las empresas según sea el resultado de su acción social o ecológica, sino al individuo, a su conducta personal. Cuando se traslada en un coche contaminando el aire con la gasolina, o cuando el agricultor utiliza pesticidas, acciones ambas que actualmente suponen un riesgo para la salud general y un impacto medioambiental, no tan sólo salen inmunes de esta acción antisocial y antiecológica, sino que se fomenta institucionalmente.Uno de los mayores gastos energéticos y uno de los focos de contaminación más elevados procede del transporte de mercancías a grandes distancias. Estos largos desplazamientos de productos de multinacionales destruyen la producción autóctona, además son un foco de contaminación muy importante que incrementa los costes del producto y el daño medioambiental. Habría que limitar el transporte de mercancías y el individualizado. Si los productos transportados a largas distancias, tuvieran que añadir a su coste, el valor del impacto ambiental que provoca la contaminación del transporte y sobre todo la repercusión socioeconómica en la producción local, no serían rentables. Con lo cual vemos una vez más como es la sociedad la que paga el lucro de determinadas industrias en contra además de sus propios intereses medioambientales, laborales y de calidad de vida y bienestar.Si cada persona acude con su coche particular al trabajo, se genera una gran polución que sólo favorece a las industrias automovilísticas y petrolíferas, pero perjudica gravemente a la población por la pérdida de calidad de vida, por la lacra contaminante y por los elevados costes que tiene el mantenimiento de un vehículo, innecesario la mayoría de las veces y contrario a la salud y al bienestar personal.Los accidentes, la contaminación, los costes y las continuas reparaciones de calles y carreteras, el impacto medioambiental del asfaltado, la pérdida de tiempo en los atascos, el estrés,el ruido, el consumo de energías no renovables, los impuestos: ¿cuál sería el verdadero precio del transporte si sumáramos todos estos montantes?Los precios no reflejan en realidad los costes de los productos,si los sumamos, las empresas contaminantes dejarían de producirlos, pero no se trata sólo de precios, costes, recargas,impuestos, sino de lógica, razón, coherencia, bienestar y solidaridad.Hay que comenzar a reconvertir todo aquello que atente contra los preceptos sociales, incluyendo en ellos el medio ambiente, pues es la sociedad quien en realidad paga los costes generados por el lucro de las oligarquías financieras.El pago de impuestos según las características del automóvil, su coste, su nivel de contaminación, los ingresos del usuario, si son horas punta o no, la zona en donde vive,gravando aquellos con más densidad de tráfico y de vehículos,utilizando todos estos ingresos en medidas que favorezcan la utilización de transportes colectivos y el desplazamiento andando o en bicicleta.

 

Actualmente todas estas medidas de control son posibles en las ciudades gracias a la tecnología electrónica, así por un lado se provocaría que los fabricantes de automóviles hicieran los vehículos menos contaminantes para ver su producto favorecido en el mercado y los compradores serían incentivados por una compra más ecológica y contra menos usaran el vehículo, más beneficio obtendrían, pero los más beneficiados serían los que no tuvieran automóvil y utilizaran transportes alternativos o se desplazaran poco en sus vehículos particulares.Hoy en día la tecnología es capaz de fabricar vehículos decontaminación cero, y esta dinámica es la que hay que favorecer en contra de los grandes intereses de empresas y estados que se lucran mediante el control oligopolizante y los impuestos antisociales de las energías contaminantes.Habría que primar el transporte colectivo: metro, autobús y vehículos compartidos. Es preferible el colectivismo contra el individualismo amoral, que, además, es contrario a los propios intereses personales. Se trata de buscar objetivos en las actuaciones individuales que minimicen los costes sociales desde una óptica personal con incentivos que apoyen estas acciones.No se trata de hacer una política de impuestos ecológicos,lo que traería un aumento en el coste de vida, sino una reforma que lleve a un equilibrio entre bonificaciones e impuestos para hacer que haya una tendencia equilibradora del mercado,aumentando exponencialmente el impuesto de las actitudes contaminadoras y poco eficientes.Hay que eliminar los actuales sistemas fiscales que castigan el trabajo y potencian la especulación; poner impuestos al trabajo resulta contraproducente para la economía social. Habría que quitar estos impuestos y traspasarlos hacia lo que supone un impacto ecológico, protegiendo las actitudes favorecedoras de bienestar social y castigando las que van en contra.

 

Es mejor bonificar antes que penalizar, es más efectivo para cualquier tecnología en general, ya sea un coche o una fábrica. Se bonifica de acuerdo a su consumo y se penaliza la ineficacia, de esta forma se jubilan las tecnologías viejas e ineficientes.Este sistema puede no sólo dirigirse hacia la tecnología,sino también provocar un equilibrio económico en la sociedad, pues asimismo se puede bonificar o primar especialmente a aquellos de los substratos menos favorecidos, con lo cual la política económica sirve también para el equilibrio económico social.Sin embargo, actualmente sucede todo lo contrario pues los incentivos van dirigidos justamente en la dirección opuesta,es decir en antítesis con la naturaleza, en oposición almedio ambiente, en contra de la estabilidad colectiva, y así la eficiencia y la igualdad universal encuentran grandes obstáculos en su camino.Se comprueba como las subvenciones estatales van en antagonismo a lo que en teoría deberían colaborar, pues se subvenciona a empresas eléctricas y agrarias, lo que supone auténticos despilfarros, favoreciendo políticas contaminantes y antisociales. Sin embargo, bien podrían modificar su dirección en caso de que se subvencionase aquello que las mejora y no aquello que las mantiene dentro de la esquilmación y el impacto ambiental. Sin olvidar los daños en la salud de las personas expuestas a sus campos electromagnéticos o los consumidores de productos tratados con pesticidas, fertilizantes,etcétera. Así, y de rebote, como consecuencia de estas subvenciones, el usuario se ve afectado en la tarifa, conducido al derroche como política estatal y obligado a consumir productos de menor calidad que los que daría una política dirigida a favorecer la agricultura biológica y no la que utiliza productos contaminantes para la naturaleza y el consumidor.

 

Las bonificaciones, las ayudas deben ir dirigidas no sólo a la eficiencia, sino a primar a las personas más necesitadas y a las que tienen menos recursos. Actualmente, las facilidades y los beneficios se dirigen en contra del medio ambiente, en contra de la salud, en contra de los derechos humanos.La tecnología ha avanzado bastante en cuanto a la reducción del consumo de recursos, pero aún no se ha implantado de forma masiva debido a los intereses por mantener y amortizar al máximo la actual tecnología contaminante.Las alternativas deben partir de sistemas de producción limpios como primer paso hacia la sostenibilidad. En vez de usar costosos tratamientos para los residuos más tóxicos y peligrosos, hay que tender a que estos no se produzcan. No es cuestión de hacer menos daño medioambiental, sino de no hacerlo.Si reducimos las emisiones a la mitad, pero aumentamos a más del doble la producción, lo único que hemos conseguido es aumentar la contaminación y seguir ascendiendo en la espiral consumista.Es obvio que la esquilmación de la naturaleza, no produce bienestar a la humanidad sino lo contrario, lo que hay que lograr es un equilibrio entre lo consumido y lo renovado en el medio natural, así como aumentar la eficiencia tecnológica y la eficacia en la gestión, incluyendo el respeto hacia la naturaleza,tratando de recuperar la autosuficiencia de las comunidades locales vinculadas a ella.Hay que tratar que la sostenibilidad y la eficiencia lleguen a ser una ventaja comercial, social, personal y económica.

 

El desarrollo de los países ricos se ha basado en la explotación de las materias primas, y cuando éstas escasearon en su entorno más cercano comenzaron a mandar expediciones a países lejanos en busca de estas materias, en países a los que acabaron colonizando, ocupando militarmente,expoliando y dominando con auténticos genocidios.

 

La responsabilidad hacia la naturaleza y la humanidad es la puerta hacia la libertad.

 

No es tarea fácil romper con los símbolos tan imbuidos en nuestro inconsciente que originan modos y comportamientos agresivos con el medio, con el prójimo y con la vida en general.Se necesitarán varias generaciones, aún comenzando hoy mismo esta ingente tarea, para lograr un cambio que quede plasmado en una nueva dirección social más humanitaria,más ética y sobre todo más libre.Lamentablemente el tiempo es escaso y no es posible esperar el paso de generaciones para la adopción de soluciones tendentes a paliar el impacto que provocamos en el medio ambiente y en otros seres humanos. De ahí la importancia en que todos aquellos cuya visión de la vida sea más justa, mantengan una posición critica ante lo negativo y plasmen una conducta impecable para que su ejemplo cunda en su entorno y prolifere, facilitando con sus acciones e ideas la emancipación de las mentes oprimidas que a su vez logrará la liberación de la naturaleza.

 

El bosque puede facilitarnos madera y otros recursos obtenidos de sus múltiples manifestaciones biológicas y sus sinergias, al mismo tiempo que oxigena el aire, siendo un espacio de relajación y de comunión entre la naturaleza y el ser humano. El aire debe ser respirable y limpio, para que podamos seguir viendo las estrellas con nitidez. El agua debe ser potable y permitir una relación natural con este elemento primigenio, es el principio, el bautismo. No hay que agotar la tierra de cultivo, para que mantenga sus cualidades, permitiendo la relación tierra-cosmos con el ser humano como mediador sin barreras que lo limiten, bloqueen y aíslen.

 

Los niños y jóvenes son especialmente sensibles a las referencias que les llegan a través de los múltiples medios de comunicación, pues su falta de criterio les impide enjuiciar la información que reciben, y que es utilizada por los poderes económicos para manipularles, creándoles una falsa acepción del mundo, provocándoles sentimientos encontrados entre la violencia y el deseo, la competitividad y el lujo y, como colofón, la justificación de cualquier actitud con tal de acceder a esta falsa interpretación de la realidad.El niño de pequeño quiere ser como el protagonista de la televisión, y se disfraza y actúa como ellos, de joven se viste como sus nuevos héroes y de mayor sigue enganchado a modelos ajenos a su vida y a él mismo, y sigue siendo, por lo tanto, fácilmente manipulable. El problema no es la identificación,sino con quién nos identificamos, con qué nos reconocemos.Y sin duda que los actuales modelos de identificación que nos ofrecen los grandes medios de comunicación, no son  los más edificantes.De todas formas, especialmente a los niños y a los jóvenes les falta conocimiento del mundo, y esto es fundamental para llegar luego al desprendimiento de lo únicamente material y de las necesidades que impone el sistema. Es una época, la niñez y la juventud, donde se puede modelar el espíritu mediante el ejercicio de lo bueno y lo verdadero inherente en uno mismo, es una época de experimentación y relación con los demás, con la naturaleza, con la vida, relación en la que se asienta el sentido de cordialidad y solidaridad, y a través de esta percepción de la comunidad y de la naturaleza acceder al conocimiento de uno mismo, a sus virtudes y defectos, a sus potencialidades y tendencias mediante una interiorización basada en la experiencia del mundo real y no de un mundo ficticio creado a la medida de los intereses del sistema que dificultan las actitudes comunitarias e impide conocerlos valores intrínsecos de cada cual.

 

Es curioso que en la era de las comunicaciones, cuando más fácil es contactar desde cualquier distancia, sea cuando menos se tiene que decir. A pesar de la facilidad de comunicación con cualquier zona del planeta y la posibilidad de conseguir información veraz y puntual de todo lo que sucede en cualquier parte, la ecología y la pobreza figuran entre las noticias de segunda fila. A pesar de que puntualmente se dan noticias de desastres ecológicos, de matanzas y hambrunas, todo ello queda relegado a la pura anécdota frente a la importancia y relevancia que se les dan en estos medios a cuestiones totalmente irrelevantes. Deporte, moda,espectáculo, cotilleo o cine tienen mucha más audiencia que los escasos segundos destinados a hablar de los problemas reales de nuestro mundo, y cada vez es más patente que lo que no sale en los medios de comunicación, no existe, a pesar de que suceda.El espectáculo de los países pobres, adueñados por el caos,con constantes conflictos, míseras guerras y hambrunas, son hábilmente presentadas sin entrar en el fondo de sus causas.Los medios sacan la pobreza, la indigencia, los desastres de los pobres como medida de presión contra la población de los países atrapados por el señuelo del progreso: veis lo que sucede cuando no se está dentro de las reglas establecidas por el desarrollo. Los espectadores satisfechos por su suerte de nacer en otras circunstancias más favorables se creen amparados por un sistema que los protege de esos tremendos desastres o bien por la mala cabeza de estos países o como castigo de los dioses, pero nunca se cuestionan la culpabilidad del rico frente a la pobreza, del que tiene frente al que no tiene. Si está penado por ley no socorrer a alguien en peligro,¿qué castigo merece una sociedad que no sólo ve impasible la muerte de millones de personas sino que colabora activamente?

 

La información debería ser educación y no manipulación,formación de la persona dentro de una dimensión social; es decir, del individuo en comunidad con el fin de que la persona y la comunidad conozcan hechos, ideas, opiniones y libremente puedan adoptar criterios personales y comunales formulando el individuo sus propias reflexiones.

 

Hay que comprender que no puede haber realmente prosperidad habiendo miseria en alguna parte del mundo, pues,a pesar de que se intenta, no somos sociedades encerradas en guetos, sino individuos que caminamos al unísono en una misma dirección y estas grandes diferencias lastran a la humanidad en un pozo, del cual difícilmente podrá salir hasta que se consiga reequilibrar la balanza mediante la ecuanimidad social.

 

El actual sistema es incapaz de sustentar al número creciente de población mundial lo que crea situaciones y momentos especialmente críticos. A esto hay que añadir que la respuesta de la naturaleza ante nuestras agresiones es cada vez mayor, por lo que determinadas zonas se verán desabastecidas o tendrán problemas puntuales que han de ser solucionados con la ayuda intercomunitaria. Pero el objetivo tiene que ser que toda comunidad sea autosuficiente.Para lograrlo hay que reducir el consumo en los países desarrollados y planificar coherentemente las necesidades de la población y la forma de satisfacerlas haciendo oídos sordos a los grandes intereses mercantiles. El que dispara no puede ser al mismo tiempo el que cura: primero, cuanto menos,habría que quitarle el arma. Frenar el consumo, aumentar la solidaridad, recuperar los espacios naturales perdidos, proveer de los medios necesarios para la autosubsistencia a los menos favorecidos son los argumentos más eficaces para el cambio.

 

El cambio climático asociado a la erosión del suelo, la degradación de la tierra, la extensa e incesante deforestación y las consecuencias del libre mercado,hacen que la gente expropiada de su medio de vida en su lugar de origen, en su tierra, se dirija a la ciudad con la esperanza de poder sobrevivir, y se encuentra con otra pandemia de miseria.Al abandonar las zonas rurales estas gentes reducen sus posibilidades de autogestión. En esta situación la miseria aumenta y la subsistencia precaria queda en manos de las migajas internacionales donde las ayudas humanitarias en muchas ocasiones llegan de la mano a los traficantes de armas que favorecen la aparición del tráfico de productos prohibidos, desde marfil hasta esclavos, mujeres y niños secuestrados en aldeas y arrabales de las ciudades como moneda de trueque por armas.África es un buen ejemplo. Buena parte de la población sudafricana se encuentra en precario estado nutricional y el empobrecimiento crece exponencialmente con el paso del tiempo. La mayoría de los países más pobres del mundo se encuentran en la zona sur del Sahara, en donde las penurias económicas, el hambre y las enfermedades dejan paso a inestabilidades sociales, conflictos étnicos y guerras de todo tipo en un círculo vicioso.Enfermedades que en otras zonas del mundo no suponen ningún problema sanitario, aquí son auténticas epidemias. El tifus, la disentería, las infecciones derivadas de heridas y dolencias por leves que sean, pueden acabar con la vida de cualquiera debido a las complicaciones a las que va aparejada la falta de higiene y la mala alimentación, sin olvidar el SIDA, a la que podemos considerar como una de las epidemias de los pobres debido al mayor impacto que causa en estas sociedades, pero sin duda que la mayor pandemia es perder su propia capacidad de subsistencia y sus medios tradicionales de vivir.

 

Si por acceder al progreso el precio que hay que pagar es la pérdida de la paz no sólo en el ámbito mundial sino personal,la pérdida de la libertad, de la naturaleza, de los paisajes y de su belleza natural, la pérdida de la transparencia de las aguas y del aire limpio, la pérdida de culturas ancestrales, la pérdida de especies irrepetibles, de otras formas de vida, la pérdida de la salud, de vidas humanas y de otros seres, la pérdida del verdadero bienestar, de un mundo vital para nosotros y nuestros descendientes, creo que son demasiadas pérdidas, demasiadas para tan poca ganancia.Lo que hoy se considera como calidad de vida, en realidad se puede traducir como pérdida inútil de la vida, y a ello dedicamos precisamente nuestra vida. Se trabaja para adquirir cosas, inútiles la mayoría de las veces, y cuyo precio es tan elevado, que si realmente pusiéramos en la balanza no sólo el coste desde el punto de vista económico, sino de la privación de ese trozo de vida que hemos dedicado para trabajar-generalmente en asuntos que a uno no le satisfacen lo más mínimo- y poder comprarlo, sería tan elevado que jamás volveríamos a adquirirlo. Planteémonos, pues, la insurrección consumista, insurrección ante las modas, ante la pérdida de libertad de criterio, rebelión ante la propaganda embaucadora.¿Hay algo más terrible que el quebranto sistemático de libertades y no darse cuenta de ello?

 

El orden dominante trata de regularizar todo según sus intereses siguiendo una estrategia de control para que nada escape a su dominio. Este totalitarismo, de tan obvio y generalizado,queda oculto en su magnitud, situándose en el punto central culminante, eje a través del cual gira toda la sociedad y punto de referencia para cualquier situación, para cualquier decisión. De esta manera, el individuo se convierte en funcionario del orden dominante. La capacidad creativa queda anulada bajo sus directrices y se limitan al máximo las posibilidades de una evolución interior. Todo pasa por lo aparente, por lo externo en una dirección contraria al sentido de la vida, pues el orden trata constantemente de atacar a la vida en todas sus manifestaciones ya que su objetivo es la depredación.

 

La paz no es la ausencia de violencia, no es paz lo que genera el orden coactivo arrasando y silenciando a lo divergente a sus intereses. La paz se consigue cuando el individuo se conoce a sí mismo y refleja este conocimiento en la sociedad,en la comunidad y ayuda así a su construcción.La paz se convierte en un valor intrínseco de lo más elevado del espíritu humano. Paz es el lema de los nuevos tiempos,pero no la pacificación por las armas, por al presión, por la intolerancia y el aplastamiento del contrario, sino por el acercamiento, la comprensión, la generosidad, la colaboración,la solidaridad. Cambiemos violencia por diálogo, sea cual sea su procedencia, sea cual sea su forma e imagen.No puede haber paz social sin paz interior del individuo,no puede haber paz sin dignidad. Tratamos de conquistar el espacio exterior, pero olvidamos que la mayor conquista de la humanidad y del individuo es la del espacio interior de cada uno, ese espacio donde bullen las ansias de conocimiento, de libertad y de vivir en paz.

 

Abocados a la clonicidad se diseña un mundo banal y superficial donde la cultura deja paso a la moda.

 

El precario nivel intelectual de estos tiempos, es una de las causas de la actual clonicidad mental. El intelectual libre se rinde ante la irracionalidad imperante y el vacío de ideas que sobrevuela la cultura, y el filósofo vencido por el fraude se repliega a la espera de tiempos mejores olvidando que quizá sin él es más difícil que sea posible un mañana mejor.La dirección de nuestra época se orienta hacia un mundo clónico. El pensamiento unificado se impone en una sociedad sin valores esenciales que sobrevive en una maraña interminable de información dirigida hacia la negación de la evolución metafísica del individuo.

 

La homogeneización del pensamiento trae una concepción totalitaria de los valores y el fomento de la intransigencia como dogma de relación. Hay que abogar por la comprensión para aquellos que no piensan como nosotros. Pretender que todos pensemos igual es un síntoma fanático de una sociedad caduca. Nadie piensa de la misma forma que otro;un mismo hecho, un mismo fenómeno se observa y se explica de diferente manera según el observador y el participante,y por tanto las ideas con respecto a él y sus consecuencias son asimismo dispares. Si no tenemos esta comprensión de la multiplicidad de opiniones, es difícil que exista el más mínimo avance en cualquier faceta, pues la constante beligerancia impide el encuentro.

 

El ecologismo es como una brisa suave que esperemos penetre a través de esos edificios herméticos y enfermos que hemos creado con la insolidaridad, tan herméticos que no se puede ver el mundo exterior y creemos que todo se produce dentro de estos espacios de incomprensión. Este edificio se explica a sí mismo, pero carece de sentido en el mundo real,aunque forme parte de él.

 

La revolución ecológica propone una doble vertiente, Por una parte respetar la diversidad cultural, las tradiciones,lenguas y modos de vivir de los diferentes pueblos; es decir,la diversidad en su totalidad. Por otra parte, plantea una política global para erradicar la pobreza y el impacto ecológico;es decir, la totalidad en la diversidad. Dos aspectos que convergen en la solidaridad con la naturaleza, entre comunidades y entre personas.Restaurar, reciclar y eliminar correctamente los residuos,generarlos lo mínimamente posible, proteger a la naturaleza y a los menos favorecidos son nuevos valores para una sociedad realmente evolucionada. Todas estas son propuestas realistas, ya que obviamente las no realistas son las que plantean continuar en la línea actual: ello no es sólo estúpido,sino suicida.También podríamos añadir las tres “es”: eliminación, eficiencia y economía. Primero, la eliminación de todo aquello, producto o política, tendente a la contaminación, a la intoxicación,a la injusticia o a la insolidaridad. Segundo, la eficiencia legislativa,social y humanitaria, así como tecnológica de producción,de recuperación, reciclaje y reutilización. Tercero, la economía como economización, transcendiendo el consumismo por el utilitarismo, la globalización por la comunidad. Ésta son tres propuestas para conseguir lo más y lo mejor con menos.

 

Si no juzgamos la historia reciente y el momento presente,es el más fuerte, el más hábil, el más manipulador, el poderoso quien no sólo domina la historia sino quien la hace,siendo las personas y la sociedad meras marionetas de su escenario.Vivimos una época cualitativa, la revolución parte de la reflexión del pensamiento actual y la crítica al sistema desde el propio individuo como participante en él, un pensamiento y una acción que surgen no sólo desde el intelecto, sino desde la intuición, desde el corazón.

 

Bancos mundiales, fondos monetarios internacionales y demás instituciones gobernadas por los grandes intereses, en ningún caso pueden ser una alternativa a la pobreza, pues ellos son causa directa de que exista.

 

La revolución ecológica es un mensaje de la unidad en la diversidad, es un diálogo multirracial, multicultural, es devolver al ser humano su multidimensionalidad,rescatarnos de esta unidimensionalidad en la que hemos caído transformándola en una visión amplia de la realidad.No sólo de una realidad singular, puntual, personal, sino al mismo tiempo como una realidad transcendente, planetaria e íntima. Un cambio interior, una nueva psicología, una renovada filosofía que busque lo mejor de cada cual no sólo para solventar una circunstancia, un momento, sino como forma de entender la vida. Busquemos lo bueno de nosotros mismos,potenciémoslo, hagamos que arrastre a lo negativo, que anule los condicionamientos exteriores del orden establecido.Aunque podamos sobrevivir siendo esclavos de una injusta situación, aunque podamos subsistir siendo cómplices de lo errado, de lo antihumanitario, aunque llegáramos a vivir con el aire contaminado, con las aguas sucias y pestilentes,con la tierra envenenada, incluso si pudiéramos vivir sin vegetación,sin árboles y sin pájaros en los cielos: ¿Quién quierevivir en un mundo así? Muchos, seguramente, no.El desafío está ahí, ¿seremos capaces de afrontarlo?

 

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