Teoría Revolucionaria. Juan García Oliver: El eco de los pasos

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En este texto de Juan García Oliver, podemos ver como en un momento determinado de nuestro movimiento revolucionario, es capaz de identificar el reformismo con cierta ideología de clase. Cuando un movimiento como este, esta vivo, es obvio que las tendencias reformistas florezcan. Si bien es difícil no dejar entrar las ideas reformistas en el sindicato, lo que si podemos y debemos hacer es identificarlas y luchar contra ellas.

Ya de mayor supe que los anarquistas se hacían leyendo las obras de Kropotkin y Bakunin; y que las variedades de socialistas -que son muchísimas- se empollaban las obras de Marx y Engels. Es posible que así fuese entre gente de la clase media, que podían aprender a leer bien, que sabían dónde comprar los libros, de los que poseían antecedentes, y que no carecían del dinero para su adquisición.

También me enteré, al correr del tiempo, de que entre los anarquistas, como entre los socialistas, abundaban las diferencias ideológicas. A veces, diferencias muy hondas. En Cataluña, las discrepancias en la interpretación de las ideas anarquistas eran notables entre los anarquistas de procedencia obrera y los anarquistas de extracción burguesa o pequeño burguesa.

A los anarquistas de origen proletario les movía la pasión de hacer pronto la revolución social e instaurar inmediatamente la justicia social mediante la aplicación de estrictas normas de igualdad.

Entre los anarquistas de origen burgués o de influencia liberal burguesa prevalecía la observancia de los principios, sin conceder primordial importancia a la realización de la justicia social y ala instauración del comunismo libertario o de cualquiera de sus sucedáneos más o menos afines.

El anarquista-comunista libertario de origen obrero reaccionaba determinado por el medio en que se había creado, cercado por el hambre y las necesidades económicas. En cambio, el anarquista procedente
de la clase media o de la burguesía, relativamente bien alimentado desde su nacimiento se movía por motivaciones preferentemente políticas achacando los males de la sociedad a la existencia de gobiernos de pésima dirección, rematando en la aspiración, más demagógica que realista, de admitir aquel tipo de gobierno que menos gobierne.

Escuelas, libros, espíritu de reforma más que rebeldía eran los caminos preferidos por los liberales un tanto radicalizados que solían aparecer en las agrupaciones de anarquistas, en las que causaban en las agrupaciones de anarquistas, en las que causaban grandes perturbaciones. (…)

Las finalidades de los anarquistas y de los socialistas de origen proletario venían a ser las mismas, con matices, pero sin fundamentales diferencias:

el anarquista de origen proletario aspiraba al derrocamiento inmediato de la sociedad burguesa y la instauración del comunismo libertario, en el que el beneficiario había de ser primordialmente el hombre. El marxista de extracción obrera aspiraba al derrocamiento inmediato de la sociedad burguesa y la instauración del comunismo dictatorial, no concediendo importancia a la mayor o menor cantidad de autoridad en que se asentase, supeditando el hombre al Estado. (…)

Juan García Oliver: El eco de los pasos. Varios editores. 2008. Madrid

Artículo extraído de:
FRAGUA SOCIAL · Órgano de debate, agitación y propaganda del Sindicato del metal, minería y química de Madrid · Número 2 · Verano 2014 · Página 10

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