EL AHORRO ESCOLAR. F. Ferrer I. Guardia

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“Economía significa uso prudente, metódico y previsor de los bienes, y ahorro es reducción y limitación del uso de esos bienes. Economizando se evita el derroche; ahorrando, el que no dispone de lo superfluo, se priva siempre de lo necesario…”.
“Pues esos niños, hijos de obreros, futuros obreros, a quienes se enseña el ahorro, que es privación voluntaria con apariencia de interés, se les prepara, con esa enseñanza, a la sumisión ante el privilegio, y queriendo iniciarles en el conocimiento de la economía, lo que se hace verdaderamente es convertirles en víctimas y cómplices del desbarajuste económico de la sociedad capitalista”
Francisco Ferrer i Guardia.

La Escuela Moderna tenía su Boletín. Os dejamos con uno muy interesante

EL AHORRO ESCOLAR
En la escuela de un Ateneo Obrero se ha introducido la novedad de la fundación de una caja de ahorro administrada por los niños.

La noticia, difundida por la prensa en tono laudatorio y como pidiendo admiración e imitación, nos induce a manifestar nuestra opinión sobre el asunto, pensando que si unos tienen derecho a hacer y a decir, el mismo derecho tenemos nosotros a juzgar, contribuyendo así a dar consistencia racional a la opinión pública.

Ante todo hemos de observar que la idea economía es muy diferente, por no decir antitética, de la idea de ahorro; y si se trata de inspirar a los niños el conocimiento y la práctica de la economía, no se conseguirá enseñándoles a ahorrar.

Economía significa uso prudente, metódico y previsor de los bienes, y ahorro es reducción y limitación del uso de esos bienes. Economizando se evita el derroche; ahorrando, el que no dispone de lo superfluo, se priva siempre de lo necesario.

¿Poseen lo superfluo esos niños a quienes se quiere enseñar la práctica del ahorro? El título de la corporación que auspicia esa escuela nos da contestación negativa. Los obreros socios de ese Ateneo que envían sus hijos a esa escuela, viven del salario, cantidad mínima que, determinada por la oferta y la demanda, pagan los capitalistas por el trabajo; y con el salario, no sólo no se llega jamás a lo superfluo, sino que hallándose monopolizada por los privilegiados de la riqueza social, distan mucho los trabajadores de alcanzar lo que necesitan para disfrutar vida regular en concordancia con los beneficios aportados a la generación presente por la civilización y el progreso.

Pues esos niños, hijos de obreros, futuros obreros, a quienes se enseña el ahorro, que es privación voluntaria con apariencia de interés, se les prepara, con esa enseñanza, a la sumisión al privilegio, y, queriendo iniciarles en el conocimiento de la economía, lo que se hace verdaderamente es convertirles en víctimas y cómplices del desbarajuste económico de la sociedad capitalista.

El niño obrero es un niño hombre, y como tal tiene derecho al desarrollo de sus aptitudes y facultades, a la satisfacción de todas sus necesidades morales y físicas, porque para eso está instituída la sociedad, la cual no ha de comprimir ni sujetar al individuo a su manera de ser, como por irracional egoísmo intentan los privilegiados, los estacionarios, los que viven gozando de lo que otros producen, sino que ha de representar el fiel de la balanza de la reciprocidad entre los derechos y los deberes de todos los asociados.

Sí; porque se pide al individuo que haga a la sociedad la ofrenda de sus derechos, de sus necesidades Y de sus placeres; porque semejante desorden se quiere que sea el orden por la paciencia, por el sufrimiento y aun por un falso raciocinio, enaltecemos la economía y censuramos el ahorro, y pensamos que no debe enseñarse a niños que han de ser trabajadores en una sociedad en donde el término medio de la mortalidad de los pobres que viven sin libertad, sin instrucción, sin alegría, tiene cifras espantosas, comparado con el de los parásitos que viven y triunfan a sus anchas.

Los que por sociolatría quieran menoscabar en lo más mínimo el derecho del hombre, lean en este enérgico y bello apóstol de Pi y Margall: ¿quién eres tú para impedir el uso de mis derechos de hombre? Sociedad pérfida y tiránica, te he creado para que los defiendas, y no para que los coartes; ve y vuelve a los abismos de tu origen, a los abismos de la nada.

Partiendo de esas consideraciones y aplicándolas a la pedagogía, juzgamos necesario que los niños comprendan que derrochar toda clase de materiales y objetos es contrario al bienestar general; que si el niño malgasta papel, pierde plumas o estropea libros, impide sacar de ellos mayor utilidad e irroga un perjuicio a sus padres o a la escuela. Todavía puede inculcárseles la previsión respecto de abstenerse de adquirir cosas baladíes, y aun haciéndoles pensar en la falta de trabajo, en la enfermedad y aun en la vejez; pero no se diga, y menos lo diga un maestro, que con el salario, que no alcanza a satisfacer las necesidades de la vida, puede asegurarse la vida; porque eso es aritmética falsa.

Los trabajadores quedan privados de la ciencia universitaria; no frecuentan el teatro ni los conciertos; ni viajan; ni se extasían ante las maravillas del arte, de la industria y de la naturaleza esparcidas por el mundo; ni saturan sus pulmones durante una temporada de oxígeno reparador; ni tienen a su alcance el libro y la revista que establezca la común elevación del entendimiento, antes al contrario sufren todo género de privaciones y hasta pueden sufrir tremenda crisis por exceso de producción, y no han de ser los maestros quienes oculten esas tristes verdades a los niños y por añadidura les enseñen que una cantidad menor puede igualar y aun superar a otra mayor.

Hoy que por el poder de la ciencia y de la industria está patente que hay de sobra para todos en el banquete de la vida, no ha de enseñarse en la escuela, para servicio del privilegio, que los pobres han de organizar servilmente el aprovechamiento de las migajas y de los desperdicios.

No prostituyamos la enseñanza.

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