LA REVOLUCION NO ES UNA CUESTION DE CLASE

Foto: LA REVOLUCION NO ES UNA CUESTION DE CLASE

"Los reformistas se esfuerzan por que pensemos como zapateros o como sastres y no como hombres. Predican la fraternidad de los obreros y no la fraternidad humana. Pero nosotros dudamos que la unidad de intereses del obrero y del gendarme o del huelgista y del rompehuelgas, todos pertenecientes a una capa social económicamente inferior, sea efectiva y justifique una allianza cualquiera enre ellos. Lejos de constatar una frontera divisoria entre asalariados y capitalistas, no constatamos todo el movimiento obrero moderno más que una linea divisoria entre los partidarios y los enemigos de la revolución; es decir: de una parte, una minoría obrera consciente que lucha por la abolición de la explotación e de la dominación, y, por otra, una mayoría compuesta de obreros y burgueses que se resiste a dejar modificar los instituciones actuales. No vemos por qué ja de ser necesario recurrir a la idea de clase para engrosar las filas de los partidarios de la revolución, que no es un proceso histórico fatal, sino una labor sistemática de propaganda y de organización y de acción inspirada por una finalidad, lo cual requiere que los que ingresen en las filas de la revolución piensen por su propia cuenta y no eludan el pensamiento en mérito a la concepción marxista que atribuye una función histórica fatal a los trabajadores.

El hecho de que los revolucionarios surjan casi exclusivamente de entre los oprimidos y los explotados no quiere decir que la revolución sea una cuestión de clase; pues esos oprimidos y esos explotados que suman sus actividades a la obra de la transformación social han llegado a una interpretación de la vida igualitaria que excluye los intereses estrechos de los mismos revolucionarios tomados particularmente. (...)

No procuramos integrar nuestras filas con elementos en tanto que pertenecientes a un determinado oficio o a una cierta categoría de asalariados – la de los mal asalariados, pues la de los bien pagados en sus servicios se inclina, naturalmente, a la defensa del orden existente –, sino en tanto de partidarios de una forma nueva de vida social libre.

La noción de clase excluye la acción de las ideas en la vida de las colectividades: la idea de clase trae de la mano el determinismo histórico, el fatalismo marxista, que son inseparables. Pero si sostenemos que la clase obrera no está llamada fatalmente a sustituir a la burguesia ni a moverse en ningún sentido, tendremos que poner en el movimiento social un nuevo factor: la voluntad humana; y si aceptamos la voluntad humana en el movimiento social no podremos afirmar que la revolución es un asunto exclusivo de tal o cual clase, porque no comprobaremos la existencia de esa voluntad a través de un prisma unilateral de partido o de fracción. La revolución no es una cuestión de clase como no es cuestión de los albañiles o de los panaderos en tanto que tales (...)

(...) Nosotros, aunque convencidos firmenente que la revolución será realizada de una manera casi exclusivamente por los trabajadores revolucionarios, si ha de llevar por divisa la livertad y la igualidad, no puede ser hecha en nombre de una clase, y en ese caso para una clase, sino en nombre de la humanidad y para la humanidad.

Por la misma razón que protestamos cuando los bolchevistas o los socialdemócratas nos dicen que la revolución es una cosa de partido, del partido propio, protestamos también contra los sindicalistas que dicen que es una cuestión de clase"

E.Lopez Arango, D. A. de Santillan. El anarquismo en el movimiento obrero. Barcelona, 1925. P.93–95.

“Los reformistas se esfuerzan por que pensemos como zapateros o como sastres y no como hombres. Predican la fraternidad de los obreros y no la fraternidad humana. Pero nosotros dudamos que la unidad de intereses del obrero y del gendarme o del huelgista y del rompehuelgas, todos pertenecientes a una capa social económicamente inferior, sea efectiva y justifique una alianza cualquiera entre ellos. Lejos de constatar una frontera divisoria entre asalariados y capitalistas, no constatamos todo el movimiento obrero moderno más que una linea divisoria entre los partidarios y los enemigos de la revolución; es decir: de una parte, una minoría obrera consciente que lucha por la abolición de la explotación e de la dominación, y, por otra, una mayoría compuesta de obreros y burgueses que se resiste a dejar modificar los instituciones actuales. No vemos por qué ja de ser necesario recurrir a la idea de clase para engrosar las filas de los partidarios de la revolución, que no es un proceso histórico fatal, sino una labor sistemática de propaganda y de organización y de acción inspirada por una finalidad, lo cual requiere que los que ingresen en las filas de la revolución piensen por su propia cuenta y no eludan el pensamiento en mérito a la concepción marxista que atribuye una función histórica fatal a los trabajadores.

El hecho de que los revolucionarios surjan casi exclusivamente de entre los oprimidos y los explotados no quiere decir que la revolución sea una cuestión de clase; pues esos oprimidos y esos explotados que suman sus actividades a la obra de la transformación social han llegado a una interpretación de la vida igualitaria que excluye los intereses estrechos de los mismos revolucionarios tomados particularmente. (…)

No procuramos integrar nuestras filas con elementos en tanto que pertenecientes a un determinado oficio o a una cierta categoría de asalariados – la de los mal asalariados, pues la de los bien pagados en sus servicios se inclina, naturalmente, a la defensa del orden existente –, sino en tanto de partidarios de una forma nueva de vida social libre.

La noción de clase excluye la acción de las ideas en la vida de las colectividades: la idea de clase trae de la mano el determinismo histórico, el fatalismo marxista, que son inseparables. Pero si sostenemos que la clase obrera no está llamada fatalmente a sustituir a la burguesia ni a moverse en ningún sentido, tendremos que poner en el movimiento social un nuevo factor: la voluntad humana; y si aceptamos la voluntad humana en el movimiento social no podremos afirmar que la revolución es un asunto exclusivo de tal o cual clase, porque no comprobaremos la existencia de esa voluntad a través de un prisma unilateral de partido o de fracción. La revolución no es una cuestión de clase como no es cuestión de los albañiles o de los panaderos en tanto que tales (…)

(…) Nosotros, aunque convencidos firmemente que la revolución será realizada de una manera casi exclusivamente por los trabajadores revolucionarios, si ha de llevar por divisa la libertad y la igualidad, no puede ser hecha en nombre de una clase, y en ese caso para una clase, sino en nombre de la humanidad y para la humanidad.

Por la misma razón que protestamos cuando los bolchevistas o los socialdemócratas nos dicen que la revolución es una cosa de partido, del partido propio, protestamos también contra los sindicalistas que dicen que es una cuestión de clase”

E.Lopez Arango, D. A. de Santillan. El anarquismo en el movimiento obrero. Barcelona, 1925. P.93–95.

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