Luchas de ideas en el movimiento obrero

Un nuevo gremialismo es posible y lo es no por un deseo voluntarista de querer ver otra cosa en el mundo de los trabajadores organizados, sino por las nuevas características y nuevos hábitos que demuestran conjuntamente con otros anhelos y diferentes visiones del porvenir las generaciones de trabajadores jóvenes que está irrumpiendo hoy en el movimiento obrero. Las contradicciones mismas del sistema capitalista y sus mutaciones periódicas determinan un desarrollo tecnológico con nuevas especialidades dando paso a nuevos oficios y técnicas en las manufacturaciones de los productos. Estas mismas relaciones de producción imponen nuevas formas de organizarse para poder hacer una diferente resistencia al nuevo estilo de explotación nacido de la reconversión tecnológica.

Desde ése punto del desarrollo tecnológico, el capitalismo no puede, ni frenar ni dar marcha atrás a lo que es el desarrollo de su sistema de producción, pues su naturaleza y su lógica siguen siendo los costos y la rentabilidad transformada en ganancia. Esa es la principal razón del porqué incorpora nuevas tecnologías que a su vez van mutando constantemente el mercado, no sólo de comercialización de bienes sino también de divisas, generadas por la explotación de los trabajadores y la apropiación de lo que generan las fuerzas de trabajo acumuladas. Esto trae como consecuencia otros hábitos en el quehacer productivo y noveles características de sometimiento y alienación en los trabajadores. Esas realidades promueven e incitan a otras maneras de organizarse, de construir la organización basal de defensa y resistencia al moderno estilo de explotación.

Estas características condicionan a los trabajadores a encontrar formas organizativas acordes a los tiempos del desarrollo capitalista. Ya no es lo mismo la sola instrumentación taylorista, fordista o toyotista de la producción, que la implementación combinada de esos sistemas con la robótica y la telemática en la producción. Es una de las razones del porqué es necesaria una organización gremial de defensa activa a la moderna explotación capitalista. Esto implica, que nosotros los trabajadores debemos construir organizaciones con herramientas acorde a los tiempos del desarrollo capitalista. Y esos tiempos aún no lo determinamos nosotros los trabajadores, esos tiempos los manejan los capitalistas a través su sistema y de la división mundial del trabajo.

Es nuestra necesidad revisar las formas y los estilos organizativos de los gremios, su funcionamiento y la sustentabilidad en el tiempo. Las luchas obreras serán el barómetro, la medida exacta de la utilidad de esas nuevas organizaciones de los trabajadores. Este desafío que se nos presenta en el mundo del trabajo no es tareas de individuos o individualidades, es parte de una lucha colectiva que debe de establecerse en cada taller, en cada fábrica y en todos los lugares de trabajo.
El sindicalismo que hoy padecemos los trabajadores no puede dar respuesta a este nuevo ordenamiento capitalista. Frente a esa realidad las cúpulas de los sindicatos, cada vez más comprometidas con el sistema de explotación, asumieron el papel de “administradores” de las tensiones en las luchas económicas del proletariado, una metodología de conciliación frente a las patronales. Estos dirigentes usaron con genuflexión voluntaria el axioma del general chino Sun Tzu que decía: “Si no puede con tu enemigo únete a él”. Perfecta aplicación de la estrategia de la domesticación y el sometimiento.

Y en esa “unión tácita” con las patronales, más allá de la puesta en escena de teatrales enfrentamientos, no sólo se ha transformado en policía ideológica dentro del movimiento obrero, sino en prósperos “hombres de negocios”. Sus relaciones frente al poder político es de sumisión y colaboración. Los sindicatos hoy en la Argentina, en su gran mayoría, son corporaciones basadas en estructuras piramidales, aptas y útiles para “jefes y dirigentes”. Este sindicalismo tal cual es no quiere ni puede dar respuestas a las necesidades crecientes de los trabajadores en las luchas económicas, por las condiciones de trabajo, por la necesidad de la salud, y mucho menos puede dar soluciones a la precarización laboral y la tercerización de los puestos de trabajo, verdadero sometimiento inquisitorial, pues muchos de esos sindicatos-corporaciones tienen empresas que regulan la tercerización y seleccionan desde sus “virtuales” bolsas de trabajo la esclavitud convalidadas por despreciables leyes de trabajo.

Esos sindicatos y ése sindicalismo no se puede transformar en herramienta de lucha para los trabajadores y se encuentra en las antípodas de ser organizaciones combativas, porque ha pasado todos sus “bagajes” al frente patronal y al sistema capitalista de producción. Por eso es que nunca hemos visto ni veremos, condenar al capitalismo desde sus estructuras. Creer que esas mismas estructuras puedan transformarse en organizaciones para la lucha que emprendan los trabajadores, es no comprender o no querer ver su naturaleza y esencia despótica. A ése sindicalismo la clase trabajadora tendrá que darle definitivamente la espalda y refundar nuevas organizaciones de trabajadores para los trabajadores. De lo contrario, tendremos que hacernos cargo de nuestras miserias y condición de esclavos.

Pero no todo está perdido, no todo es imposible de lograr. Para hacer un nuevo gremialismo, para construir una nueva agremiación hay suficientes experiencias en nuestra historia, hay más que extraordinarios ejemplos, para aplicarlos, y hay y subsisten en muchas mentes y corazones proletarios argentinos disponibilidad para organizarnos nuevamente desde la ética que nos viene desde el fondo de la historia. ¿Y qué significa esa ética? Significa simplemente que la organización de los trabajadores se hace en primer término para resistir organizados contra los que nos mandan (los patrones), pues entonces nuestra organización no puede tener mandantes, será libre, igualitaria y solidaria; los patrones son los que inducen, sostienen y crean jerarquías, con la clara intención de someternos a sus mandos, pues entonces, nuestra organización será sin jerarquías; los patrones estimulan la división del trabajo, para aislar a los trabajadores por categorías y se produzca entre nosotros una “lucha de estamentos”, promueven la “elite” entre los proletarios, que no es nada más que el primer paso de la auto exclusión entre los trabajadores; pues entonces nosotros proclamaremos en nuestras formas de organizarnos la unión, la solidaridad y la ayuda mutua. He ahí nuestra base ética y moral de la organización que estamos dispuestos a refundar.

Entonces la cuestión es: se deberá luchar desde afuera o desde adentro de las actuales organizaciones. Desde afuera y desde adentro, según las circunstancias y según las posibilidades que las situaciones nos permitan, digámoslo un poco filosóficamente: “nosotros y las circunstancias”, esa es la cuestión a resolver. Esta problemática va a depender del grado de lucha y concientización que tengamos en cada lugar y del espacio que seamos capaces de abrir con el activismo. No existen los lugares predeterminados, establecidos de ante mano, son reales las pasibilidades de desarrollar una lucha organizativa en un marco creado por nosotros mismos y dentro de él actuar.

Hay quienes se sentirán más consustanciados en la creación de un gremialismo desde afuera y si realmente es posible la conformación del mismo, pues, adelante con esas otras realizaciones, pero también hay que considerar que es posible que partiendo desde las bases de los talleres, fábricas y cuanto lugar de trabajo exista podamos crear organizaciones de luchas y resistencias, no para disputar conducciones, sino para establecer en primer lugar, un amplio movimiento gremial combativo de base que sea capaz en un momento determinado adquirir una metodología de organización que se fundamente y sustente en la participación directa de los trabajadores por medio de las asambleas y plenarios con mandato desde las bases.

Todas estas ideas, realizaciones e intenciones, será posible si es tomada en sus propias manos por los trabajadores desde el “pie de la máquina” y no sólo por un grupo de activistas y militantes que reemplace “por modos propios” la opinión y la decisión del conjunto de los trabajadores y para ello será necesario una actividad clara, sintética y contundente, que sea capaz de convencer a nuestros compañeros a través de la propaganda y del activismo, pues a los trabajadores no se les llega con el despertar de “ilusiones” sino con ideas concretas y posibles en lo inmediato, con acciones que se puedan utilizar colectivamente como contrapropuesta a los individualismos dirigenciales, los cuales siempre se nutren de la delegación de las voluntades.

No hay que descartar ninguna de las posibilidades, nuestra lucha deberá ser persistente, concreta y sencilla, pero llena de contenidos, de ideas posiblemente realizables. Nuestra pasión y perseverancia nos abrirá caminos de realizaciones, porque sabemos que el poder de las patronales en particular y del capitalismo en lo general, podrán mediáticamente distorsionar la realidad, podrán hacer pasar “gato por liebre”, pero lo que jamás podrán es convencernos de que su mundo es mejor que nuestro sueños, que nuestro ideario, que llevados a la práctica por los verdaderos hacedores de bienes y riquezas, los trabajadores, lucharemos por una sociedad de iguales, libre y solidaria y contra las ignominias de la tiranía del capitalismo y su robo permanente e impune: el mercado.

Campi, obrero gráfico jubilado y activista de la F.O.R.A.
Domingo 14 de septiembre de 2014

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