¡SIN TRABAJADORAS ORGANIZADAS NO HAY MOVIMIENTO OBRERO!

Durante las crisis económicas, las patronales se sirven de las desigualdades existentes en la sociedad para flexibilizar, aún más, las condiciones de trabajo. Por lo tanto, la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo se traduce necesariamente en precarización: trabajo no registrado, como monotributistas, a tiempo parcial, temporal, por agencias de empleo, primando la inestabilidad y dejando mayor vulnerabilidad a resistir frente a maltratos y abusos sexuales.

Las jóvenes “NINI” (que no estudian y están desempleadas) afecta al menos al 15,3%, finalmente el único proyecto de vida deviene en la maternidad. Mientras tanto, las jóvenes que trabajamos lo hacemos en las condiciones más desfavorables. Al ser el primer trabajo tendemos a aceptar las cosas como son por no conocer nuestros derechos. Las patronales presuponen que tenemos disponibilidad horaria y como la mayoría vivimos en la casa de nuestros padres, nos pagan lo mínimo y explotan al máximo.

Dentro de la clase trabajadora recibimos ingresos 30% más bajos y la oferta de empleos continua marcada por los estereotipos de género. Somos mayoría en los puestos estatales, en ramas como servicios, salud, educación, en la fabricación de textiles, alimentación y de productos farmacéuticos (nos siguen limitando a roles impuestos: “cuidamos, somos serviciales, y educamos”)

Las mujeres más pobres somos las principales receptoras de planes sociales y de subsidios con los que no se puede mantener mínimas condiciones de vida. Frente a este panorama, las trabajadoras seguimos siendo doblemente explotadas y garantizando con el trabajo doméstico (limpiar, cocinar, criar a las/os hijas/os) la reproducción de la estructura productiva, sin ser reconocidas socialmente, invisibilizadas como amas de casa.

No desconocemos la importancia que juega el plano cultural, étnico e incluso biológico, en la formación de los géneros. Sin embargo, entendemos que la pertenencia de clase marca las condiciones bajo las cuales las trabajadoras vivimos, resistimos y luchamos. La dominación capitalista patriarcal, y en consecuencia la lucha, es ideológica y también material.

Desde Insumisas apostamos a seguir elaborando reivindicaciones y estrategias que permitan seguir organizando a más compañeras como sujetos políticos de cambio, y no como simple apoyatura de los movimientos sociales. Afiancemos la unión y solidaridad desde la empatía. La trabajadora de al lado no es competencia, ¡es compañera!: ¡si tocan a una, respondemos todas!

Al cierre del 2014, con la crisis económica carcomiendo nuestros bolsillos, las trabajadoras nos organizamos y resistimos:

Los desalojos en Villa Lugano;

Frente a los despidos en Donelley y Lear;

Contra la violencia sexual en C5N y el maltrato laboral en Canal América;

En la lucha estudiantil y docente por la educación pública y la recomposición salarial.

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