“Gracias a Dios tengo trabajo…”

“Y es que como están las cosas últimamente tener trabajo es un lujo”, “Con tanto desempleo hay que
cuidar el trabajo que se tiene”, “Unx cumple con lo que le toca, trabajar y agradecer que se tiene un
taco que llevar a la boca” Frases parecidas nos toca escuchar diariamente, o peor aun decirlas y/o
pensarlas.
Somos obligadxs a insertarnos en el mundo laboral ¡donde hay mucha mano de obra disponible! ¿Y
cómo librarse de esa necesidad de adaptarse de la mejor manera a este sistema que nos exige ser presas
del trabajo y no ser una estadística más del desempleo? Aceptémoslo, nos vendemos barato y a quien
sea.
¿Es de verdad el trabajo un privilegio? ¿O debería ser un derecho? ¿De qué trabajo estamos hablando?
En un mundo donde desde pequeñxs nos enseñan que para sentirnos orgullosxs de algo, debe de costar
trabajo, sudor y esfuerzo…si no, no es válido de reconocimiento. El ocio es mal visto, que no te vean
con la mirada perdida, meditabundx porque inmediatamente te ponen a hacer algo, lo que sea, pero
que se note que estás trabajando.
Entendemos por trabajo aquella actividad remunerada económicamente con un horario determinado,
rutinario, que nos provee de un ingreso económico más o menos fijo… ¿y qué nos da derechos? Bueno
eso nos platicaron nuestrxs abuelxs o nuestrxs padres y madres, hoy son pocos los empleos que de
entrada sean fijos, la contratación temporal es la nueva forma de empleo, contratos de 3, 4 o 6 meses
que no tienen garantía de renovación. El seguro medico ha dejado de ser una prestación al igual que los
créditos de vivienda. La privatización del sector salud así como el exterminio de la seguridad social
pasó delante de nuestros ojos y nadie dijo nada ¿Qué pasó con aquel cuento con el que crecimos? Pues
nada, que derecho que no se usa y se defiende, te lo quitan
Nos han enseñado que hay que defender el trabajo que se tiene con el silencio, con la complicidad
entre trabajadores y empleadores, que si unx cierra la boca, lxs patrones no te despedirán. Nos han
insertado la obligación de desdeñar a cualquiera que haga un “esfuerzo inferior” al de nosotrxs, ya que
si no tiene trabajo es por algo, de seguro es alguien irresponsable o revoltosx, o vaya a saber usted pero
más vale de lejitos, no nos vayan a confundir. Y así vamos con la mirada orgullosa y sacando el pecho
porque nosotrxs si somos gente decente.
Pues no señorxs y señoritxs, esos derechos que les platicaron sus padres o abuelxs no son cuentos, ni
mitos o leyendas urbanas. Existieron y no hace mucho tiempo. Fueron resultado de miles de
trabajadores en el mundo. Estamos por conmemorar (de recordar, traer a la memoria) que no es lo
mismo que festejar o celebrar el 128 aniversario del estallamiento de la huelga que dio origen a este día
de asueto que poca gente sabe de dónde sale, fue allá en Chicago, del otro lado de la frontera, a donde
van nuestrxs “paisanos” a trabajar en peores condiciones que aquí pero eso sí, ganan en dólares. Bueno
pues en esa huelga se proponía una jornada laboral de 8 horas, dieron batalla y vidas.
Vivimos en la época de la zozobra laboral, la creación de subempleos (esas empresas que contratan
gente para otras empresas) del empleo informal y el autoempleo (diría un ex presidente: puros
changarritos) y claro todo aquello que la gente no reconoce como un trabajo (el trabajo domestico,
sexual e infantil) si el trabajo asalariado muy apenas tiene derechos imagínese estxs, que casualmente
son ejecutados por lxs jodidxs de lxs jodidxs.
El trabajo doméstico está reservado al género femenino, si es remunerado está destinado a mujeres
mayoritariamente indígenas o que vienen del campo o pequeños pueblos, generalmente con muy poca
o nula educación académica (que no es lo mismo que educación, muchas ratas tienen títulos
universitarios), que son explotadas con jornadas de más de 12 horas sin pago  extra, sin servicio m é d i c o  o  f a c i l i d a d e s d e encontrar un mejor empl eo, con l a promesa de un día  libre a la semana d e s t i n a d o a  consumir todo lo que una ciudad
facilita, en pleno s i g l o X X Iseguimos hablando de servidumbre.
S i n o e s r e m u n e r a d o estamos hablando de esa doble o triple c a r g a q u e l o s v a r o n e s p o r l o
general no tienen, después de cumplir con la jornada de 8 a 12 horas, todavía hay que llegar a limpiar, cocinar, cuidar niños, lavar ropa, y
demás tareas domesticas que se nos asignan solo por el hecho de nacer con un útero. ¿Ysi no se cuenta
con el trabajo fuera de casa? No figura como empleo el dedicarse al hogar, si usted le pregunta a una
mujer a qué se dedica, estamos acostumbradas a contestar que a nada, como si dedicarse a atender a
otras personas fuera hacer nada (como ciertxs funcionarixs públicxs que esos si cobran por irse a
dormir) ellas no cuentan con un día libre, con un salario, y sin embargo sus jornadas van desde las
primeras horas del día hasta que se van a dormir, y a veces ni un gracias se gana, otra manera mas de
detectar la servidumbre a la que la mujer se ve impuesta.
Vale la pena recalcar que de entre los pocos derechos laborales que nos quedan existe uno que es
solución a este cada vez más descarado usufructo de nuestro tiempo y esfuerzo, se llama derecho a
asociación; es decir, a juntarnos unxs con otrxs, a buscar formas de organizarnos y resistir a este robo
en despoblado de parte de lxs ricxs y poderosxs. Júntese con sus compañerxs, atrévase a preguntar por
sus casi moribundos derechos laborales y sobre todo defienda lo poco que nos queda, mientras tanto
gracias a dios seguimos

ANA

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