Simplemente, Errico Malatesta. . .

“Los anarquistas no quieren dominar la Unión Sindical Italiana; no lo querrían ni siquiera en el caso de que todos los obreros adheridos a ella fueran anarquistas, ni se proponen asumir responsabilidades de las negociaciones. Nosotros que no queremos el poder, deseamos sólo las conciencias; son los que desean dominar los que prefieren tener ovejas para guiarlas mejor.

Preferimos obreros inteligentes, aunque fueran adversarios nuestros, más que anarquistas que sólo sean por seguirnos como un rebaño. Queremos la libertad para todos; queremos que la revolución la hagan las masas para las masas.
El hombre que piensa con su propio cerebro es preferible al que aprueba ciegamente todo. Por eso, como anarquista estamos a favor de la Unión Sindical Italiana, porque ésta desarrolla la conciencia de las masas. Vale más un error cometido con conciencia de la masa, creyendo hacer el bien, que una cosa buena hecha servilmente.

Justamente porque estoy convencido de que los sindicatos pueden y deben ejercer una función utilísima y quizás necesaria, en el tránsito de la sociedad actual a la sociedad igualitaria, querría que se los juzgara en el justo valor y que se tuviese siempre presente su natural tendencia a transformarse en corporaciones cerradas que únicamente se proponen propugnar los intereses egoístas de la categoría, o peor aún, sólo de los agremiados; así podemos combatir mejor tal tendencia e impedir que los sindicatos se transformen en órganos conservadores.

Justamente porque reconozco la grandísima utilidad que pueden tener las cooperativas en lo que respecta a acostumbrar a los operarios a la gestión de sus asuntos y de su trabajo y a funcionar, al comienzo de la revolución, como órgano ya prontos para la organización de la distribución de los productos y servir como centro de atracción en torno de los cuales podrá reunirse la masa de la población, también combato el espíritu mercantilista que tiende naturalmente a desarrollarse en ellas y querría que estuvieran abiertas a todos, que no otorgasen ningún privilegio a sus socios y sobre todo, que no se transformasen, como sucede con frecuencia, en verdaderas sociedades anónimas capitalistas que emplean y explotan a asalariados y especulan con las necesidades del público.

A mi parecer, las cooperativas y los sindicatos tal como existen en el régimen capitalista no llevan naturalmente, por su fuerza intrínseca, a la emancipación humana –y éste es el punto en discusión–, sino que pueden producir el mal o el bien, ser órganos, hoy, de conservación o de transformación social, servir mañana a la reacción o a la revolución, según que se limiten a su función propia de defensores de los intereses inmediatos de los socios o estén animados y trabajados por el espíritu anarquista, que les hace olvidar los intereses en beneficio de los ideales.

Y por espíritu anarquista entiendo ese sentimiento ampliamente humano que aspira al bien de todos, a la libertad y a la justicia para todos, a la solidaridad y al amor entre todos y que no es dote exclusivo de los anarquistas propiamente dichos, sino que anima a todos los hombres de buen corazón y de inteligencia abierta.”

E. Malatesta, Umanitá Nova, 14 de marzo de 1922.

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