“En más de alguna ocasión, he escuchado algo más o menos así: “Yo antes era anarquista, pero me vendí al sistema porque ahora trabajo”. Frase que expone, a mi parecer, un pensamiento sin mucha lógica. Entrar a trabajar, convertirse en un asalariado, no significa, necesariamente, dejar de ser anarquista. Aunque claro, hay matices, no es lo mismo trabajar en el ámbito público o privado como un trabajador de planta que en un importante puesto de poder. Tampoco es lo mismo trabajar en el sistema de salud como chófer de ambulancia, que en el sistema penitenciario o en la policía. Sin entrar en ese debate, que no deja de ser importante, creo necesario recordar a aquellos compañeros que dicen ser ex-anarquistas porque entraron a trabajar, que precisamente fue en entornos laborales donde el anarquismo tomó fuerza a fines del siglo XIX y a principios del siglo XX. Fue en las fábricas y otros campos de la producción en donde el anarquismo se propagó. Así fue en Argentina, en Chile, en Rusia y en España. Así fue en México, en Bolivia e Italia. Así también fue en EEUU, país donde en 1886, miles de obreros y obreras, influenciados por grupos y asociaciones anarquistas, salieron a la calle a defender las necesidades de la clase obrera, conflicto que se conoció como La Revuelta de Haymarket, donde finalmente fueron asesinados por el Estado varios anarquistas y otros tantos fueron encarcelados. Dentro de las reivindicaciones, estaba el reducir la jornada a 8 horas de trabajo. Hoy en día, recordamos a aquellos anarquistas cada 1º de mayo, conmemorando el día internacional de los y las trabajadoras.
El sindicalismo ha sido una herramienta histórica de los y las anarquistas. Hoy en día no existen grandes organizaciones de este tipo en la región chilena. No obstante, es importante conocer el carácter obrero del anarquismo a través de la historia del tal modo que nos ayude a aplicar en nuestro contexto formas similares que planten cara al capitalismo y también motivar a los y las anarquistas a solidarizar con el movimiento obrero y sindicalista.
El anarquismo es un movimiento que se opone a todo tipo de dominación, sea política, cultural o económica. Ser asalariado no nos hace “más anarquistas”, pero solo a través de la organización libertaria podremos liberarnos de las cadenas del capitalismo, del salario y la represión del Estado.”

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