Étienne de La Boétie: sobre la servidumbre voluntaria (1552) (Primeros textos sobre la servitud y la Libertad)

Étienne de La Boétie (1530-1563), amigo del famoso ensayista Michel de Montaigne, escribió su Discurso sobre la Servidumbre Voluntaria cerca de sus 22 años, cuando era estudiante de derecho en la Universidad de Orleans en Francia. El ensayo no se publicó sino hasta después de su muerte, por aquel tiempo se había definido a si mismo como un funcionario real con muchos puntos de vista muy conservadores, abogando por la supresión del protestantismo, ya sea por conversión forzada o el exilio, a favor de la iglesia católica. Irónicamente, su ensayo fue publicado primero como parte de un panfleto hugonote radical en 1574. Desde entonces ha resurgido en varios momentos de efervescencia intelectual y política, durante la Ilustración, la revolución francesa y sus secuelas en 1848, el golpe de estado de Napoleon III, sólo para ser redescubierto por los movimientos anarquistas y pacifistas del siglo 19, influenciando a una variedad de escritores, incluidos Gustav Lundauer y Leon Tolstoi. Estos extractos son tomados de una edición por Black Rose Books, usando la traducción de Harry Kurz (1942).

ME GUSTARÍA SIMPLEMENTE entender como ha pasado que tantas personas, tantas villas, ciudades, naciones, a veces sufren bajo un único tirano que no tiene mas poder que el que éstas le otorgan; quien es capaz de lastimarlos tanto en la medida en la que ellos, voluntariamente, lo soportan; quien no puede hacerles ningún daño salvo que ellos prefieran soportarlo en lugar de contradecirlo. ¡Definitivamente es una situación conflictiva! Y sin embargo es tan común que uno deba lamentarse mas, y sorprenderse menos, del espectáculo de un millón de personas sirviendo desde la miseria, sus cuellos bajo el yugo pero, no les encadena una multitud mas grande que ellos mismos, mas bien pareciera que están encantados o hechizados por el nombre de una única persona cuyo poder no debería ser temido, es evidente que las cualidades de este personaje no merecen admiración pues les somete con inhumanidad y brutalidad.

Una característica de debilidad en la especie humana es que tenemos que obedecer a la fuerza regularmente; tenemos que hacer concesiones, no podemos ser los mas fuertes siempre. Por lo tanto, cuando una nación es sometida, por la suerte de la guerra, a servir a un solo bando… uno no debería sorprenderse por la obediencia nacional, sino por lo grave de la situación; o mas bien, en lugar de sorprenderse o entristecerse, considerar pacientemente la maldad y esperar optimistamente un mejor futuro…

Pero oh buen Señor! Qué fenómeno tan raro es este? Cómo deberíamos llamarle? Cual es la naturaleza de este infortunio? Qué vicio es, o mas bien, qué degradación? Ver la interminable multitud no solamente obedeciendo, sino dirigiéndose a la servidumbre? No gobernados, sino explotados? Estos desafortunados no tienen bienes, ni parientes, ni esposa, ni hijos, ni siquiera pueden decir que les pertenecen sus propias vidas. Sufren el saqueo y la crueldad; no por parte del ejercito, ni de una horda de bárbaros por quienes tienen que derramar sangre y sacrificar sus vidas, sino por un simple individuo; no por un Hercules o un Samson, sino por un simple y pequeño individuo… le llamaremos dominación a tal cobardía? Diremos que aquellos que lo sirven son cobardes y pusilánimes? Y dos, y tres, y cuatro que no se defienden de uno solo, podemos llamar a esta circunstancia sorprendente pero, a pesar de eso, concebible. En tal caso uno podría estar justificado en sospecha de una falta de coraje. Pero si cien, o si mil soportan el capricho de un solo individuo, no deberíamos decir que a ellos no les falta el coraje, sino el deseo de ir contra él, y que una actitud como esta indica indiferencia en lugar de cobardía? Cómo se le llama a esto? Cuando ni cien, ni mil personas, sino cien provincias, mil ciudades, un millón de individuos se niegan a atacar al único individuo, de quien reciben como amabilidad la imposición y la servidumbre. Es cobardía? Por supuesto que existen inevitablemente, en todos los vicios, ciertos limites más allá a los cuales no se puede ir. Dos, quizás diez, pueden temer a uno solo; pero cuando miles, millones de personas, cien ciudades, fracasan en protegerse de la dominación de ese único personaje, esto no puede ser llamado cobardía, por cobardía no te hundes en tal profundidad, así como no puedes calificar de valiente al individuo que escala una fortaleza para atacar un ejercito o conquistar un reino. Qué tipo de vicio monstruoso, entonces, es éste que ni siquiera merece ser llamado cobardía, un vicio para el que no hay termino suficientemente vil, que la misma naturaleza rechaza y nuestras lenguas reniegan nombrar?

…Nos asombra escuchar relatos de la valentía que la libertad suscita en los corazones de aquellos que la defienden; pero quién podría realmente creer en los informes de lo que sucede cada día entre los habitantes de algunos países, quién creería de verdad que un solo individuo puede maltratar a cien mil y privarlos de su libertad? Quién acreditaría tal informe si apenas es escuchado, y no hay presencia que afirme tal evento? Y si ésto ocurriera en islas remotas y fuera reportado a nosotros, quién de nosotros no asumiría que el cuento fue imaginado o inventado y que es realmente falso? Obviamente no hay necesidad de pelear para vencer a este simple tirano, puesto que él está automáticamente vencido si el país se negara a consentir su propia esclavitud: no es necesario quitarle algo, mas bien dejar de darle; no hay necesidad de que el país haga un esfuerzo para hacer algo para si mismo, con tal que no haga nada contra si mismo. Son por tanto los propios habitantes quienes permiten, o mas bien, promueven, su propia dominación, ya que al dejar de someterse pondrían fin a su servidumbre. La gente se esclaviza a si misma, cortan su propia garganta, cuando, teniendo elección entre ser vasallos u hombres libres, abandonan sus libertades y toman el yugo, consienten su propia miseria, o, mejor dicho, la reciben con agrado. Si al pueblo no le cuesta nada recuperar su libertad, yo no debería insistir en este fin, aunque no hay nada mas que el humano no deba de abrazar tanto como la restauración de su derecho natural, para dejar de ser la bestia de carga y volver a ser humano, por así decirlo. Yo no demando al pueblo mucha audacia; déjenlo preferir la seguridad dudosa de vivir miserablemente a la esperanza incierta de vivir como le plazca. Y entonces qué? Si para tener libertad no hay nada mas necesario que esperarla, si solo el simple acto de desearla es necesario, hay alguna nación que considere un simple deseo tan valioso como para pagarlo a cambio de los derechos que se pensaron listos para salvar a costa de la sangre, derechos que por su propia perdida llevaría a las personas honradas al punto de sentir que la vida es insoportable y que la muerte es en si misma una liberación?

Todo mundo sabe que el fuego de una pequeña chispa crecerá y arderá tanto, conforme encuentre madera que consumir; incluso, sin ser apagado por el agua, al no encontrar combustible para alimentarse, éste se consumirá a sí mismo, se extinguirá, y dejará de ser una flama. De manera similar, entre mas saquean los tiranos, mas ansían, mas destruyen y dejan en ruina; y mientras uno se rinda mas ante ellos, y les obedezca más, ellos se vuelven más poderosos y temibles, dispuestos para aniquilar y destruir. Pero si no hay nada sometido a ellos, y sin violencia sólo se les deja de obedecer, ellos se desarman, se vuelven indefensos, se convierten en nada; cuando la raíz deja de recibir alimento, la rama se marchita y muere…

Pobre, miserable y estúpida gente, las naciones determinan tu infortunio y esconden tu suerte! Ustedes permiten ser privados, ante sus propios ojos, de la mayor parte de sus ingresos; sus campos son saqueados, sus casas robadas, sus herencias familiares usurpadas. Viven de tal forma que no pueden reclamar una sola cosa como suya; y pareciera que se consideran suertudos por tener prestadas sus propiedades, sus familias, y sus propias vidas. Todo este estrago, este infortunio, esta ruina, recae en ustedes no desde enemigos alienigenas, sino desde un solo enemigo a quien ustedes mismos entregan poder, por quien van valientes a la guerra sin negarse a ofrecer sus propios cuerpos hasta la muerte. Aquel quien les domina tiene sólo dos ojos, sólo dos manos, sólo un cuerpo, no tiene nada más que lo que tiene cualquier individuo entre los habitantes de la ciudad; no tiene, de hecho, mas poder del que le confieren. Donde tiene esos ojos que utiliza para espiarles, si no se los dan ustedes mismos? Como puede tener tantos brazos para golpearles si no los toma de ustedes mismos? Los pies que pisotean sus ciudades, de donde provienen si no de ustedes mismos? Cómo puede tener poder si no es a través de ustedes? Cómo se atrevería a asaltarles si no tiene la cooperación de ustedes? Qué podría hacerles si no conspiran con el ladrón que les roba, si no fueran cómplices del asesino que les mata, si no se traicionaran a ustedes mismos? Pero siembran sus cultivos de forma que él pueda devastarlos, instalan y amueblan sus casas dándole bienes qué robar; crían a sus hijas a modo que pueda gratificar su lujuria; instruyen a sus hijos de forma que les pueda conferir sus tan conocidos privilegios– ser conducidos a sus batallas, entregados a su carnicería, para quedar hechos sirvientes de su avaricia e instrumentos de su venganza; ustedes entregan sus cuerpos a trabajos pesados de tal modo que él puede disfrutar de sus aficiones y revolcarse en sus placeres inmundos; se debilitan, haciéndolo mas fuerte, mas poderoso, para tenerlos bajo control. Desde todas estas indignidades, insoportables para las mismas bestias del campo, pueden entregarse a ustedes mismos si lo intentan, no tomando acción, sino sencillamente disponiéndose a ser libres. Acuerden dejar de servir, y serán a la vez liberados. No les pido que pongan sus manos sobre el tirano para derrocarlo, sino que simplemente dejen de servirle ya; entonces, lo verán como un gran Colossus, a quien le han tirado el pedestal, cayendo por su propio peso y rompiéndose en pedazos?

Fuente: Traducción al español del Libro: Anarchism – A Documentary History of Libertarian Ideas Volume One – From Anarchy to Anarchism (300 CE to 1939) por Robert Graham.

Traducción al español: Amadeus, UAS Mty.

Etienne de la Boetie On Voluntary Servitude 1552

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