MÉTODOS DEL PERÍODO PREPARATORIO -Bakunin

bakunin

 

Quinto capítulo del texto Tácticas Revolucionarias.

Me escribes, querido amigo, que eres “enemigo de todos los estatutos” y sostienes que “son adecuados sólo para los juegos de niños”. No comparto completamente tu opinión sobre ese punto. La reglamentación excesiva es detestable y creo contigo que la gente responsable debe delinear el curso de su conducta y no apartarse de él. Sin embargo, vamos a tratar de entendernos. (Los primeros cuatro párrafos se este capítulo pertenecen a una carta que escribiera Bakunin a Albert Richard. En ella no aparece fecha, N. E.)

Para establecer cierta coordinación en el actuar -coordinación que en mi opinión resulta necesaria entre la gente responsable que persigue la misma meta- se requieren ciertas condiciones, un conjunto definido de reglas que rijan igualmente para todos, cierto acuerdo y comprensión deben renovarse con frecuencia. Sin ellas, hasta la gente más responsable podría llegar a anular los esfuerzos de los demás. La consecuencia sería entonces la desarmonía y no la armonía y la confianza serena en lo que nos proponemos.

Uno tiene que saber cómo, cuándo y dónde encontrar al otro y a quién se puede recurrir para lograr una posible cooperación. No somos ricos y sólo cuando unamos y combinemos nuestros medios y acciones podremos crear el capital (el poder de organización) capaz de enfrentar el capital combinado (fuerzas combinadas) de nuestros adversarios. Un pequeño capital bien organizado es de mayor valor que uno grande, pero desorganizado y mal aplicado.

No quiero la dictadura de un capitalista (un miembro de una organización), o de un grupo de capitalistas (un grupo de miembros), ni de un mercado sobre otro.

Quiero ver orden y serena confianza en nuestro trabajo, el que no debe ser resultado de los dictados de una voluntad única, sino de la voluntad bien organizada de todos nuestros camaradas dispersos en varios países. Esto significa que debemos reemplazar el gobierno centralizado por la acción anónima, pero poderosa, de todas las partes. Pero al fin de que esa descentralización sea posible, es necesario contar con una verdadera organización y ésta no puede existir sin cierto grado de reglamentación, la que es, después de todo, simplemente, el producto de un acuerdo o contrata mutuo.60

El papel de una pequeña minoría. Tres hombres unidos en una organización ya forman, en mi opinión, un importante principio de poder. ¿Qué sucederá cuando logren varios cientos de seguidores en todo el país?… Varios cientos de jóvenes bien intencionados pero alejados del pueblo no forman por supuesto, una adecuada fuerza revolucionaria; ésa también es una ilusión que debe dejarse para Mazzini. Hasta él parece haber advertido esta verdad, pues ahora se dirige directamente a las masas de trabajadores. Pero esos varios cientos bastan para organizar el poder revolucionario del pueblo.61

El único ejército es el pueblo, todo el pueblo, tanto de la ciudad como del campo. Pero, ¿cómo acercarse al pueblo? En la ciudad tropezarán con el gobierno, con la consorteria y con los mazzinistas. En el campo interferirán los sacerdotes. No obstante, queridos amigos, existe un poder que es capaz de superar todo eso. Es el poder de lo colectivo. Si ustedes estuvieran aislados, si cada uno se viera forzado a actuar por su propia cuenta, seguramente serían impotentes, pero estando unidos y organizando sus fuerzas -por pequeñas que éstas pudieran ser al comienzo- en la acción conjunto, estando conducidos por un pensamiento y una actitud comunes y luchando por una meta común, serán invencibles.62

En la actualidad, tanto en la acción revolucionaria como en el trabajo diario, lo colectivo está destinado a reemplazar a lo individual. Y deben saber que cuando se organicen serán más fuertes que todos los Mazzini y los Garibaldi del mundo. Pensarán, vivirán y actuarán colectivamente, y esto, sin embargo, no impedirá el desarrollo individual. Cada uno aportará su propia capacidad y al unirse todos aumentarán su valor cientos de veces. Tal es la ley de la acción colectiva.63

El espíritu de rebeldía. El sentimiento de rebeldía, ese orgullo satánico que odia someterse a cualquier amo, ya sea divino o humano, produce en el hombre amor por la independencia y la libertad…64

El carácter destructivo de la rebelión popular. La insurrección popular, por su misma naturaleza, es espontánea, caótica y despiadada; supone siempre la destrucción de su propiedad y de la ajena. Las masas del pueblo están siempre dispuestas a sacrificarse y los que la convierte en una fuerza dura y salvaje, capaz de actos heroicos y de objetivos en apariencia imposibles, es que poseen muy poco y con frecuencia absolutamente nada y que, por lo tanto, no están corrompidas por el deseo de propiedad. Si la victoria o la defensa así lo exigen, no se detendrán ni ante la destrucción de sus mismas aldeas y, puesto que además la propiedad no está en su poder, pueden llegar a evidenciar una verdadera pasión por la destrucción.

Papel de la pasión destructiva en el proceso histórico. Esa pasión destructiva, sin embargo, está lejos de elevarse a la altura de la causa revolucionaria, pero sin ella la revolución sería imposible, porque no puede haber verdadera revolución sin una destrucción arrolladora y apasionada, una destrucción beneficiosa y fecunda, pues sólo de ella nacen y surgen mundos nuevos.65

La destrucción se correlaciona con los aspectos constructivos de la revolución. Pero nadie puede proponerse destruir sin tener al menos una concepción remota -ya sea verdadera o falsa- de un nuevo orden que suceda al existente; cuanto más vívidamente se visualiza el futuro más poderosa es la fuerza de destrucción. Y cuanto más se aproxima esa visión a la verdad, es decir, cuanto más se adecua al desarrollo necesario del mundo social actual, más beneficiosos y útiles resultan los efectos de la acción destructiva. Pues la acción destructiva está siempre determinada -no sólo en su esencia y grado de intensidad sino también en los medios que emplea- por el ideal concreto, que es su inspiración inicial, su alma.66

Las organizaciones obreras no son centros de conspiración. Si la Internacional estuviera integrada únicamente por secciones centrales, éstas probablemente hubieran logrado hasta ahora formas conspiratorias para derribar el orden establecido, pero tales conspiraciones se limitarían a meros intentos pues serían impotentes para lograr su fin y nunca atraerían más que a un pequeño número de trabajadores, los más inteligentes, los más enérgicos, los más convencidos y los más fervientes. De esta manera, la inmensa mayoría, los millones de proletarios, quedarían fuera de tales conspiraciones, pero para destruir y terminar con el orden social y político que actualmente nos aplasta será necesario contar con la cooperación de todos.67

El sistema dominante actualmente es fuerte no por su idea y por su moral -de las cuales carece totalmente- sino por toda la organización ya afianzada -burocrática, militar y policial del Estadoy por la ciencia y la riqueza de las clases interesadas en respaldarlo. Y una de las ilusiones más tenaces y ridículas de Mazzini es, precisamente, la fantasiosa idea de que será posible aplastar ese poder con la ayuda de un puñado de jóvenes pobremente armados. Él sostiene y debe sostener esta ilusión porque, en tonto su sistema le prohíbe recurrir a una revolución emprendida por las grandes masas del pueblo, no le queda otra forma de acción que las conspiraciones de pequeños grupos de jóvenes.68

Esa juventud debe tener el valor de reconocer y proclamar su rompimiento completo y definitivo con la política, con las conspiraciones y con las empresas republicanas de Mazzini, bajo pena de verse aniquilada y condenada a la inercia y a una vergonzosa impotencia.69

La primacía de la lucha económica; la cooperación y las huelgas. El pueblo, guiado por su admirable sentido práctico y por su instinto, ha comprendido que la primera condición de su emancipación verdadera, o de su humanización es, ante todo, un cambio radical en su situación económica. El problema del pan cotidiano fue, con justicia, el primero para él, pues, como lo señaló Aristóteles, el hombre necesita, para pensar, para sentirse libre, para convertirse en hombre, hallarse liberado de las preocupaciones de la vida material. Respecto de esto, el burgués -que vocifera tanto contra el materialismo del pueblo y le predica las abstinencias del idealismo- sabe bien que es así, puesto que lo predica con la palabra y no con el ejemplo.

El segundo problema es el del ocio después del trabajo, una condición indispensable de la humanidad. Pero el pan y el ocio nunca se lograrán sin una transformación radical de la sociedad y eso implica por qué la revolución, llevada por las implicaciones de su propio principio, dio nacimiento al socialismo.70

Aparte del gran problema de la emancipación completa y definitiva de los trabajadores mediante la abolición del derecho de herencia y de los Estados políticos y mediante la organización de la propiedad y la producción colectivas, conjuntamente con otros medios que posteriormente serán examinados por el congreso (de la Internacional), la sección de la Alianza emprenderá el estudio de todos los medios provisionales o paliativos que puedan aliviar, al menos en parte, la situación actual de los trabajadores y tratará de llevarlos a la práctica.71

El primer problema para el pueblo es su emancipación económica, pues ésta engendra directa y necesariamente su emancipación política, a la que sigue la emancipación intelectual y moral. Por eso nos adherimos plenamente a la resolución adoptada por el Congreso de Bruselas de 1867:

“Reconociendo que por el momento es imposible organizar un sistema racional del educación, el Congreso insta a sus distintas secciones a organizar cursos de estudio que sigan un programa de educación científica, profesional e industrial, o sea, un programa de instrucción integral para remediar tanto como sea posible la falta actual de educación científica, profesional e industrial, comprende perfectamente que debe considerarse condición previa indispensable una reducción de las horas de trabajo”.72

La Alianza de la cual les hablaré en adelante es completamente diferente de la Alianza Socialdemócrata Internacional. No es más una organización internacional; es una sección separada de la Alianza Socialdemócrata de Génova, reconocida en julio de 1869 por el Consejo General como sección regular de la Internacional. … La mejor respuesta que puede dar a nuestros detractores, a quienes se atreven a decir que queremos disolver la Asociación Internacional de Trabajadores son las nuevas reglas:

“… Artículo V. El ejercicio constante y real de la solidaridad concreta entre los trabajadores de todos los oficios, incluidos, por supuesto los trabajadores del campo, es la más firme garantía de su inminente liberación. Observar esa solidaridad en las manifestaciones de los trabajadores, tanto públicas como privadas, y en su lucha contra el capital burgués será considerado el supremo deber de todo miembro de la sección de la Alianza Socialdemócrata. Cualquier miembro que deje de cumplir con ese deber será expulsado inmediatamente”.73

Pero, sin dejarse atraer por las voces de sirena de la burguesía y de los socialistas burgueses, (los trabajadores) deben centrar principalmente sus esfuerzos en la resolución del inmenso problema de la emancipación económica, que debe ser el origen de todos los demás.74

Significación revolucionaria de las huelgas. Las noticias destacadas de los movimientos obreros europeos pueden resumirse en una palabra: huelgas. … En la medida en que avanzamos, continúan difundiéndose las huelgas. ¿Qué significa esto? Significa que la lucha entre las clases obreras y el capital se profundiza más y más, que cada día aumenta el caos económico y que marchamos a grandes pasos hacia el final inevitable de ese caos: hacia la revolución social. Con toda seguridad, la emancipación de los trabajadores podría darse sin violencia si la burguesía tuviera por propia iniciativa un 4 de agosto (Se refiere a la fecha en que los nobles y el clero francés sostuvieron en la Asamblea de París la renuncia a sus derechos feudales. Sin embargo, una nueva medida promulgada esa misma noche contenía una cláusula que esclavizaba más absolutamente a los campesinos. N. E.), si estuviera dispuesta a renunciar a sus privilegios y a devolver a los trabajadores sus derechos sobre el capital. Pero el egoísmo y la ceguera burgueses son inveterados que uno sería un gran optimista esperando que el problema social pudiera ser solucionado mediante un mutuo entendimiento entre los privilegiados y los desposeídos. Por consiguiente, es más bien del actual exceso de caos de lo que puede esperarse el surgimiento de un nuevo orden social.

La huelga general. Cuando las huelgas comienzan a crecer en alcance e intensidad y se difunden de un lugar a otro, es porque las circunstancias están maduras para una huelga general. Si ésta se produjera en este momento, en que el proletariado está profundamente imbuido de ideas de emancipación, sólo podría llevar a un gran cataclismo que regenerará a la sociedad. Indudablemente no hemos alcanzado aún ese punto, pero todo nos conduce a él. Sólo es necesario que el pueblo esté sobre aviso y que no se deje desplazar, como en 1848, por charlatanes, embaucadores y fantasiosos. Por esta razón es que deberá formar de antemano una organización fuerte y responsable.75

Las luchas capacitan a los obreros para la batalla final. ¿Quién no sabe los sufrimientos y sacrificios que cuesta cada huelga a los trabajadores? Pero las huelgas son necesarias; en realidad, son tan necesarias que sin ellas sería imposible impulsar a las masas a la lucha y también sería imposible organizarlas. Huelga significa guerra, y las masas sólo se organizan en la guerra y debido a ella; ésta empuja al trabajador común a salir de su existencia monótona, a romper su aislamiento sin sentido, sin alegría y sin esperanza. La guerra hace que todos los trabajadores se unan en nombre de la misma pasión y de la misma meta; más gráfica y perceptible convence a todos de la necesidad de una organización rigurosa para alcanzar la victoria. Las masas sublevadas son como metal ígneo; se funden en una masa continua que toma forma mucho más fácilmente que el metal en frío, mientras haya buenos operarios que sepan cómo moldearla.

Las huelgas despiertan en las masas todos los instintos sociales y revolucionarios que laten profundamente en el corazón de cada trabajador y que constituyen, por así decirlo, su existencia sociofisiológica. Pero, por lo común, esos instintos son percibidos conscientemente por muy pocos trabajadores, mientras la gran mayoría está aplastada por hábitos serviles y por un espíritu de resignación general. Pero cuando esos instintos, estimulados por la lucha económica, despiertan en las multitudes entusiasmadas, la propaganda de ideas sociales y revolucionarias se vuelve muy fácil, pues ellas son simplemente la expresión más pura de los instintos del pueblo. En la medida en que no correspondan a esos instintos, serán falsas y, en la medida en que sean falsas, serán necesariamente rechazadas por el pueblo. Pero si tales ideas llegan como una expresión honesta de los instintos, si representan el pensamiento genuino del pueblo, pronto embargarán a las multitudes sublevadas y, una vez encontrado el camino, velozmente se encaminarán a su plena realización.76

Toda huelga es sumamente valiosa porque amplía y profundiza cada vez más la brecha que separa a la clase burguesa de las masas populares y demuestra así a éstas, de la manera más evidente, que sus intereses son absolutamente incompatibles con los intereses de los capitalistas y de los poseedores de la propiedad. Las huelgas son valiosas porque destruyen en la mente de las masas esclavizadas y explotadas la posibilidad de efectuar tratos o arreglos con el enemigo; destruyen de raíz lo que se llama socialismo burgués, manteniendo la causa del pueblo libre de cualquier enredo en las combinaciones económicas y políticas de las clases propietarias. No hay medio mejor que una huelga para aislar a los trabajadores de la influencia de la burguesía.77

Sí, las huelgas tienen un valor enorme; crean, organizan y forman el ejército de los trabajadores, ejército que está destinado a romper el poder de la burguesía y del Estado y a dar el fundamento de un mundo nuevo.

El movimiento cooperativo. Ustedes saben que hay dos clases de cooperación: la cooperación burguesa, que tiende a crear una clase privilegiada, una especie de nueva burguesía colectiva organizada en una sociedad de accionistas, y la verdadera cooperación, que es la socialista del futuro y que por esa misma razón es prácticamente irrealizable en el presente.79

Mientras los socialistas revolucionarios -convencidos de que el proletariado no podrá liberarse bajo el actual orden económico de la sociedad- exigen la desaparición de esta organización social y principalmente la abolición de la propiedad hereditaria y personal, los socialistas burgueses quieren, en cambio, conservar todas las bases principales y esenciales del orden económico existente, pues sostienen que, incluso bajo este orden y estas condiciones sociales necesarias para el éxito de la civilización burguesa, los trabajadores pueden liberarse y mejorar sustancialmente si situación material, por obra del poder milagroso de la libre asociación. 80

Por consiguiente, proponen a los trabajadores, como únicos medios de salvación, la formación de mutuales, bancos sindicales y asociaciones cooperativas de productores y de consumidores. Al mismo tiempo, les suplican que no crean en los revolucionarios utópicos, quienes, en verdad, les prometen una igualdad imposible y consciente o inconscientemente los arrastran a la ruina y a la perdición definitivas.81

Las lecciones de los movimientos cooperativos. La experiencia de veinte años en Inglaterra, Francia y Alemania -la única experiencia prolongada que los movimientos cooperativos pueden invocar como respaldo- ha demostrado por último que el sistema cooperativo, que lleva en sí el germen del orden económico futuro, no es capaz de liberar a los trabajadores bajo las condiciones actuales ni de mejorar siquiera su situación. La famosa asociación de los obreros de Rochdale en Inglaterra, que causó tanto revuelo e impulsó a que en otros países se intentara tantas veces copiarla, terminó por engendrar una nueva burguesía colectiva que no tenía escrúpulos en explotar a los trabajadores que no pertenecían a sus cooperativas.82

Los trabajadores ingleses, con su gran sentido práctico, ya llegaron a ver la imposibilidad de concretar el sistema cooperativo bajo las condiciones existentes de predominio del capital burgués en el proceso de producción y en la distribución de la riqueza. Enseñados por la experiencia, los trabajadores más enérgicos y más adelantados (de Inglaterra) se unen actualmente en los llamados sindicatos, formados no con vistas a la organización definitiva de la producción -lo que aún no sería posible, dadas las condiciones existentes- sino a la organización de los trabajadores contra el mundo privilegiado de los “señores bien nacidos”.83

De las cooperativas a las asociaciones obreras activas. En Alemania hay actualmente cinco mil asociaciones obreras de todo tipo, formadas principalmente por Schulze-Delitzsch, Hirsh, Dunker y otros seguidores de Schulze, y podemos decir -luego de experiencia de tantos añosque el resultado de su existencia es prácticamente nulo. La situación de los obreros alemanes no mejoró ni un ápice; por el contrario, respondiendo a una ley económica determinada, según la cual la pobreza de la clase trabajadora aumenta en la misma medida en que el capital burgués crece y se concentra en menos manos, la situación de los obreros alemanes, y asimismo de los de otros países, ha empeorado considerablemente.84

En la actualidad, la inmensa mayoría de los trabajadores alemanes ha dado la espalda a las cooperativas del tipo Schulze-Delitzsch y de Max Hirsh para unirse en gran número a organizaciones activas de lucha, la antigua asociación de Lasalle o la nueva asociación socialdemócrata.85 Desde el punto de vista económico, y como resulta evidente ya para todos, el sistema de Schulze-Delitzsch tendía directamente a preservar al mundo burgués contra la tempestad social; en cuanto al punto de vista político, tendía a someter completamente al proletariado a la explotación de la burguesía, en cuyas manos no sería más que un instrumento obediente y estúpido.86

La crítica de Lasalle. Contra este doble y burdo engaño se había levantado Ferdinand Lasalle. Le fue fácil demoler el sistema económico de Schulze-Delitzsch y demostrar también la insustancialidad de su sistema político. Nadie sino Lasalle pudo explicar y demostrar tan convincentemente a los obreros alemanes que bajo las condiciones económicas actuales la situación del proletariado no podría mejorar en ningún aspecto; por el contrario, en virtud de la inevitable ley económica, empeoraría de año en año, a pesar de las ventajas efímeras y temporales que las cooperativas pudieran aportar a un número ínfimo de trabajadores.

Al destruir el programa político de Schulze-Delitzsch, Lasalle demostró que toda esa política pretendidamente popular sólo tendía a consolidar los privilegios económicos de la burguesía.87

En Francia el sistema cooperativo fracasó estrepitosamente.88

Ya nadie piensa ni cree más en las cooperativas como medio de salvación y todas las agrupaciones obreras existentes en Francia se encaminan hacia un cambio y a asociarse en una inmensa unión federada para sostener la lucha revolucionaria contra el capital.89

Los economistas liberales y los socialistas científicos convienen en su crítica de las cooperativas; convienen en que no pueden resistir la competencia del gran capital. El socialismo pacífico, el socialismo cooperativo burgués, está condenado y en la actualidad prácticamente extinguido. La experiencia demostró que no puede concretarse y con anterioridad también el análisis teórico había demostrado su imposibilidad.

Los economistas serios de dos escuelas opuestas -la escuela liberal y la de los comunistas científicos-, que difieren en todos los puntos y convienen sólo en uno, han formulado desde hace mucho tiempo su convicción (una de ellas basándose en la ciencia, es decir, en un estudio riguroso del movimiento cooperativo y del desarrollo de los hechos económicos) de que, bajo la actual organización de la economía social y de la producción de bienes, y el incremento, la concentración y el dominio del capital que deriva necesariamente de esa organización económica, ningún esfuerzo por parte de las agrupaciones obreras será capaz de liberar al trabajo del yugo opresivo del capital; y de que los bancos sindicales, sostenidos únicamente por los exiguos ahorros de los trabajadores, nunca serán capaces de resistir la competencia de los poderosos bancos burgueses, internacionales y oligárquicos.

También llegaron -hace mucho tiempo- a la conclusión de que frente al sostenido aumento de la oferta de mano de obra y de estómagos hambrientos (incremento que se acelera como resultado de la concentración del capital en menos manos y de la consiguiente proletarización de las capas bajas e inclusive de las capas medias de la burguesía), los trabajadores, para escapar a la muerte por inanición, están obligados a competir entre sí, llevando los salarios hasta el límite mismo de subsistencia; por lo tanto, todas las agrupaciones obreras cooperativas, al disminuir los precios de los principales artículos de sus listas, deben necesariamente reducir la escala de salarios, empeorando así la situación de los trabajadores.

Los economistas han demostrado, asimismo, que las asociaciones de productores dan resultado sólo en aquellas ramas de la industria todavía no acaparadas por el gran capital, pues ninguna asociación obrera puede competir con éste en la producción en gran escala. Y en la medida en que el gran capital, por una necesidad que le es inherente, hace lo posible por lograr el control exclusivo de todas las ramas de la industria, el destino final de las asociaciones de productores será el mismo que el de la pequeña y media burguesía: la miseria general y el esclavizado sometimiento al capital oligárquico burgués y la absorción de cualquier tipo de propiedad pequeña o mediana por la gran propiedad, patrimonio de unos pocos cientos de afortunados en toda Europa.90

La ley de hierro de los salarios. La libertad de explotar el trabajo del proletariado -obligado a venderse al capital al precio más bajo posible, obligado no por una ley política o civil cualquiera sino por la amenaza del hambre- no teme la competencia de las asociaciones de trabajadores -ya sea de productores o de consumidores, o de mutuales de crédito- por la simple razón de que las asociaciones de trabajadores, reducidas a sus propios medios, nunca serán capaces de reunir el capital necesario para luchar contra el capital burgués.91

Las sociedades de consumidores, organizadas en pequeña escala, pueden contribuir a mejorar el penoso destino de los trabajadores, pero apenas comiencen a crecer, apenas logren bajar los precios de los artículos de primera necesidad, traerán como consecuencia inevitable una caída en la escala de salarios.92

Alianzas políticas y colaboración entre clases. ¿A qué precio? La confianza produce unión y la unión crea poder. Éstas son verdades que nadie intentará negar, pero para que puedan imperar son necesarias dos cosas: es necesario que la confianza no se convierta en locura y que la unión, sincera igualmente para todos, no se vuelva una ilusión, una falsedad o una explotación hipócrita. Es necesario que todas las partes unidas olviden completamente -no para siempre, por supuesto, sino durante el lapso de su unión- sus intereses particulares -esos intereses y propósitos que las dividen en épocas normales- y que se encaminen hacia un propósito común.

¿Si no fuera así, cuál sería el resultado posible? El partido sincero se convertiría por fuerza en víctima incauta del menos sincero; sería sacrificado no por el triunfo de la causa común sino en detrimento de ella y sólo se beneficiaría el partido que hubiera explotado hipócritamente esa unión.93

¿Para que la unión sea factible y verdadera, acaso no es preciso que el propósito que une a las partes sea el mismo? ¿Y es eso lo que ocurre ahora? ¿Puede decirse que el proletariado y la burguesía quieran exactamente la misma cosa? En absoluto.94

Es evidente que el sector socialista revolucionario del proletariado no puede aliarse con ninguna facción de la política burguesa, ni siquiera con la facción más progresista, sin convertirse inmediatamente, aun en contra de su voluntad, en un instrumento de esa política.95

Si la burguesía y el proletariado francés persiguen propósitos no solamente distintos sino completamente opuestos, ¿por qué milagro podría establecerse entre ellos una unión sincera y verdadera? Resulta manifiesto que esa conciliación tan alabada y ardientemente defendida no será más que una completa mentira. Fue esa mentira la que destruyó a Francia; ¿puede esperarse que la misma mentira la vuelva a la vida? Por más que esa división sea condenada, no dejará de existir en los hechos. Y como existe, como está condenada a existir por la misma naturaleza de las cosas, sería infantil -y hasta mortal-, desde el punto de vista de la salvación de Francia, negarla y no reconocer abiertamente su existencia. Y además, como la seguridad de Francia exige la unión, el olvido, el sacrificio de todos los intereses, de todas las ambiciones y diferencias personales, olviden y sacrifiquen, tanto como sea posible, todas las diferencias partidistas, pero en nombre de una salvación purificada de todo tipo de ilusiones, pues éstas serían funestas; busquen la unión únicamente con quienes quieran tan seria y apasionadamente como ustedes salvar a Francia a cualquier precio. 96

¿Cuándo debe enfrentarse un gran peligro, no es mejor marchar contra él en pequeño número pero con la certeza de mantenerse unidos en la lucha, en lugar de hacerlo junto con una multitud de falsos aliados capaces de traicionar en la primera batalla?97

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