Mensaje del anarcosindicalista Alejandro Schapiro en Golos Truda

 

schapiroAlejandro Schapiro escribía en Golos Truda que el pueblo ruso debe ser consciente de que ningún parlamento impedirá el camino hacia la libertad y que la sociedad justa sólo podrá llegar a alcanzarse “aboliendo todo el poder político, que no hace más que impedir y asfixiar la creatividad revolucionaria”
Desde la central anarcosindicalista Golos Truda se expresaba claramente la opinión de los anarquistas con respecto a la Asamblea Constituyente; es un artículo que merece la pena ser reproducido:
“Camaradas obreros, campesinos, soldados, marinos, trabajadores todos:Henos en plena elección para la Asamblea Constituyente.
Es muy probable, pues, que pronto ella se reúna y comience a sesionar.Todos los partidos políticos, inclusive los bolcheviques, ponen la suerte ulterior de la Revolución, del país y del pueblo trabajador en manos de este órgano central. En tales condiciones, tenemos el deber de poneros en guardia contra dos peligros eventuales.
1º. — Si los bolcheviques no tienen en la Constituyente una fuerte
mayoría o se encuentran en minoría. La constituyente será en ese caso una institución inútil, abigarrada, social burguesa. Ha de ser un corrillo absurdo, a la manera de la Conferencia de Estado de Moscú, de la Conferencia Democrática de Petrogrado, del Consejo Provisorio de la República, etc. Se atascará en discusiones y disputas vanas y frenará la verdadera Revolución. Si no exageramos este peligro es porque confiarnos que, en ese caso, las masas sabrán, una vez más, armas en mano, salvar la Revolución e impulsarla por su verdadero camino. Pero hemos de decir que las masas laboriosas no tienen absolutamente necesidad de un nuevo trastorno de ese género, sin el cual pueden y deben pasarse. ¿Para qué malgastar energía y
dinero en crear y mantener una institución inepta? (¡Y, mientras, la
Revolución de los trabajadores. se paralizará una vez más!) ¿Para qué
sacrificar de nuevo fuerzas y sangre en combatir más tarde esta institución estúpida y estéril a fin de salvar (¿cuántas veces aún?) la Revolución y sacarla de un punto muerto? Fuerzas y esfuerzos que podrían ser empleados, con gran provecho de la Revolución, del pueblo y del país, en organizar las masas laboriosas de manera directa
y en su base misma: aldeas, ciudades, empresas, etc.; en reunir sus organizaciones, desde abajo, en comunas y federaciones de aldeas y ciudades libres, de manera natural e inmediata, sobre la base del trabajo y no de la política o de la adhesión a tal o cual partido: y en llegar, de seguida, a unificaciones regionales, etc. Fuerzas y
esfuerzos que deberían y podrían ser empleados en organizar inmediata y enérgicamente el aprovisionamiento de materias primas y combustibles a las empresas, mejorar las vías de comunicación, organizar el intercambio y toda la economía nueva en general; en sostener, en fin, una lucha directa contra los restos de la reacción (sobre todo contra el peligroso movimiento de Kaledin en el Mediodía).
2º.- Si los bolcheviques constituyen fuerte mayoría en la Asamblea
Constituyente. En este caso, dominada fácilmente la oposición, se convertirán de manera firme y sólida en los amos legales del país y de toda la situación, amos manifiestamente reconocidos por la mayoría de la población. Es precisamente lo que los bolcheviques procuran de la Asamblea Constituyente; para eso la necesitan: para consolidar y legalizar su poder. Este peligro, camaradas, es mucho más importante, y más grave, que el primero. ¡En guardia! Una vez consolidado y legalizado su poder, los bolcheviques –que son
socialdemócratas, políticos y estatistas, esto es, hombres de acción
centralista y autoritaria– comenzarán a arreglar la vida del país y del pueblo por medios gubernativos y dictatoriales, impuestos desde el centro. Su sede en Petrogrado dictará las voluntades del partido a toda Rusia, dispondrá de todo el país. Vuestros soviets y demás organizaciones locales se reducirán poco a poco a simples órganos ejecutores de la voluntad del gobierno central. En lugar de un trabajo constructor normal de las masas laboriosas, en lugar de libre unificación desde abajo, se asistirá a la erección de un aparato autoritario, político y estatista que obrará desde arriba y se dedicará
a aplastarlo todo con puño de hierro. Los soviets y demás organismos deberán obedecer y cumplir. Y a eso se le llamará disciplina. ¡Guay de quien no esté de acuerdo con el poder central y no estime útil obedecerle! Fuerte de la aprobación general de la población, ese poder lo forzará a someterse. ¡En guardia, camaradas!
Observad bien y recordad. Cuanto más se formalice el éxito de los bolcheviques y más sólida sea su situación, tanto más su acción tomará giro autoritario, es decir, la realización y la defensa de su poder político y central se harán más netas y precisas. Empezarán a dar órdenes cada vez más categóricas a las organizaciones y a
los soviets locales. Y pondrán en práctica desde arriba la política que se les antoje, sin retroceder ante el empleo de la fuerza armada en caso de resistencia. Cuanto más su éxito se afirme, tanto más patente se hará este peligro, porque su acción se volverá más segura y firme. Cada nuevo éxito –¡lo veréis!– los ensoberbecerá más y día tras día la revolución se acercará a tan grande peligro, cuya agravación será la resultante de los éxitos bolcheviques.
Podéis percibirlo desde ya. Observad atentamente las últimas órdenes y disposiciones de la nueva autoridad, podréis advertir netamente la tendencia de las eminencias bolcheviques a arreglar la vida del pueblo a la manera política y autoritaria, mediante el centro impositor. Ya dan órdenes formales al país. Ya se ve claramente que ellas entienden la consigna: Todo el poder para los soviets, como poder de la autoridad central en Petrogrado, autoridad a la que los soviets y demás órganos locales deben estar sometidos a título de simples
órganos ejecutores. Y eso ocurre ahora que las eminencias bolcheviques sienten aún fuertemente su dependencia de las masas y temen, naturalmente, provocar desilusiones; ahora que su éxito no está aún totalmente asegurado ydepende por completo de la actitud de las masas a su respecto. ¿Qué ocurrirá cuando su éxito sea total y las masas le otorguen una confianza entusiasta y sólida? ¡Camaradas obreros, campesinos y soldados! ¡No perdáis jamás de vista este peligro! Permaneced dispuestos a defender la verdadera Revolución y la verdadera libertad de vuestras organizaciones y de vuestra acción, dondequiera que estéis, contra la violencia y el yugo de la nueva autoridad, del nuevo amo: el Estado centralizado, y de los nuevos
impostores: los jefes de los partidos políticos. Permaneced prestos a obrar de modo que los éxitos de los bolcheviques –si los ensoberbecen y los transforman en impostores– sean su tumba. Permaneced prestos a arrancar la Revolución de una nueva prisión.
No olvidéis que solamente vosotros mismos debéis y podéis crear vuestra nueva vida mediante vuestras libres organizaciones locales y sus federaciones. ¡De lo contrario, jamás será realidad!
Los bolcheviques os dicen a menudo lo mismo. Tanto mejor,
naturalmente, si finalmente obran de conformidad a sus dichos. Pero,
camaradas, todos los nuevos amos, cuya situación depende de la simpatía y la confianza de las masas, hablan al principio dulcemente. También Kerensky tenía, los primeros días, boca de miel; el corazón de hiel se reveló más tarde. Tened en cuenta, no las palabras y los discursos, sino los gestos y los actos. Y a la menor contradicción entre lo que esas gentes os dicen y lo que hacen, ¡poneos en guardia!
¡No os fiéis de las palabras, camaradas! ¡Fiaos únicamente de los hechos! ¡No os fiéis de la Asamblea Constituyente, de los partidos y los jefes! Confiad únicamente en vosotros mismos y en la Revolución.
Solamente vosotros mismos, esto es, vuestras organizaciones locales de base, organismos de los trabajadores y no de los partidos, y en seguida vuestra unificación directa y natural (regional, etc.); solamente vosotros mismos debéis ser los constructores y los amos de la vida nueva, no la Asamblea Constituyente, no un gobierno central, no los partidos ni los jefes.”

Golos Truda. Número 19 del 18 de Noviembre de 1917.

 

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