Un pensamiento. . . una posición

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La raíz del anarquismo estuvo siempre en el mundo de los explotados, nuestros ideales, nuestros sueños y nuestro accionar está vinculado a la finalidad de nuestra concepción: la emancipación social de los trabajadores, la cual comprenderá una nueva formación social y nuevas relaciones de producción autogestionarias, que emergerán del proceso social como producto de un suceso revolucionario. Ése es nuestro ideal y hacia esa finalidad ponemos en consonancia medio y fines.

Vemos que el mundo de las trabajadoras y los trabajadores, el de todos los explotados, es un ambiente que está atrapado por el poder de las clases y estamentos sociales despóticos de la burguesía industrialista, agraria y financiera y su sistema, el capitalismo, que ejerce el dominio económico y político por la explotación de nuestras fuerzas de trabajo y por la apropiación del conocimiento colectivo que el capitalismo lo transforma en mercancía y la somete al mercado para su enriquecimiento.

Las organizaciones sindicales de los trabajadores, las asambleas, la propaganda, la agitación, el mitin, la conferencia, las bibliotecas, las sociedades de fomento a la cultura y el arte, las movilizaciones y las protestas, las huelgas organizadas por los propios explotados son nuestras herramientas de combate contra el sistema de los explotadores, contra el sistema del capital y nunca hemos considerado esas herramientas como un exclusivismo, como bien de nuestras ideas e ideales, las cuales no son posesión sólo de los anarquistas, sino también de los que piensan diferentes a nosotros.

Todos los gobiernos, cualquiera sea su sistema de legitimidad y legitimación, siempre se han sentido susceptibles ante las críticas y las protestas y siempre han usado las mismas respuestas en todos los tiempos sociales: el orden, la ley, como barrera límite frente a las desobediencias y al no acatamiento expresados a “viva voz” o silencioso a sus imposiciones.
Se esfuerzan por hacer creer que el voto legitima cualquier acto, acción o gestión, pues las urnas son la expresión, dicen, de una democracia auténtica. Esta engañosa simplicidad con que se caracteriza y justifican los hechos del voto, dan lugar a armar la idea de la represión, no solamente física, sino psicológica y a su justificación política e ideológica con el instrumento del discurso único, acción que siempre han usado y usan todos los gobiernos y lo continuarán utilizando. Suponen que esa es la respuesta que cabe ante la protesta.

Los gobiernos, nunca escuchan, hacen que escuchan, nunca responden realmente al problema, lo explican, lo describen de acuerdo a sus lógicas políticas pre establecidas, fundamentadas sólo por un núcleo muy pequeño de “sabios” omnipotentes y omnipresentes, de “técnicos” extraídos de “universidades”, “cátedras”, “laboratorios ideológicos”, “ramilletes de supuestos filósofos e historiadores” que relatan historietas ego-céntricas y paulatinamente van creando el caldo de cultivo para dar nacimiento a íconos que se utilizan para idolatrar personalidades y rendirle culto y así influir en el inconsciente colectivo y en el ideario y la simbología de las masas frente a las angustias y esperanzas de los trabajadores y a sus necesidades vitales.

Hacen “psicología descriptiva”, precepto fenomenológico que utilizan los gobiernos hacia los gobernados. Describir, decir, conjeturar, adjetivar, es decir, poner entre paréntesis no sólo los pensamientos sobre la realidad sino también la realidad misma, “detienen el juicio” y dicen; “nada por aquí, nada por allá y. . . acá está”, “esto”, “lo único” “lo que se puede hacer” y bla, bla, bla.

Los eslóganes dichos desde todo poder político son una mentira disfrazadas de verdad que dirigen hacia los gobernados; en la medida que los seres lo acepten como tales sin pensarlos, la dependencia y la domesticación se consolida; pero cuando esos mismos eslóganes son reflexionados (con la duda por medio) se derrumba la justificación de los mismos frente a una realidad que no se puede sintetizar y atomizar con frases vaciadas de acciones directas.

Un proyecto del pueblo trabajador lo idea y realizan los trabajadores y no los políticos que no tienen nada que ver con las relaciones de producción y mucho menos con las necesidades reales de la clase trabajadora.

Es por eso que en nuestro esfuerzo para explicar el mundo que concebimos, el mundo por el cual luchamos, está ligado a la finalidad de la emancipación social de los trabajadores y que ése mundo será posible si se tiene voluntad para cambiar el viejo y producir un nuevo amanecer sobre la faz de la sociedad de explotadores y explotados, de dominadores y dominados.

Cuando se nos habla a los trabajadores y se nos dice desde todos los sectores del poder político que en las urnas comienza el principio de la “libertad y la igualdad”, que las urnas son el paso inicial de la “democracia participativa”, que las urnas consolidan la “voluntad del pueblo”, nosotros los trabajadores y las trabajadoras, al otro día del acto eleccionarios, tenemos que ir a “laburar”, tenemos que volver nuevamente a lo que sabiamente se comentaba en un tiempo en el ambiente de los trabajadores: “Volvíamos al yugo”, cosa que no será así para los políticos profesionales, sirvientes y asistentes del poder. ¿Pequeña diferencia, no?

Las trabajadoras y los trabajadores anarquistas no elegimos “amos”, no deponemos nuestra soberanía psicológica e intelectual, porque sabemos que al otro día de las elecciones nuestra vida continúa igual y sabemos también a través de los golpes de la realidad cotidiana que lo poco que tenemos lo hemos conquistado con nuestras luchas, sean colectivas como individuales, pero lucha al fin y jamás iremos a mendigar “beneficios” a ningún gobernante y mucho menos al estado opresor e inquisidor.

Alimentamos nuestros sueños desde la realidad misma, desde las posibilidades que nos promueve nuestra propia organización de explotados, ¡claro! lo que no significa que entreguemos nuestro ideario a una runfla de políticos sin vergüenzas que se auto inventaron como nuevos prestidigitadores. No, de ninguna manera o forma, nuestra lucha es por una sociedad libre de “vividores” y corsarios economicistas que se presentan como “hombres de bien” y que no son otra cosa que vividores de nuestro trabajo y esfuerzo.

¡¡¡Con los sin vergüenzas de los políticos. . . ni a misa!!!

Campi
Domingo 22 de noviembre de 2015

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