Sylvain Maréchal: El Manifiesto por la Igualdad

Sylvain Maréchal fue un librepensador ateo, del cual se utilizó el calendario secular que formó las bases del calendario de la revolución francesa en 1793. Antes de la revolución, escribió algunas fábulas y sátiras con inclinación anarquista. Su manifiesto por la igualdad fue escrito para la Conspiración de la Igualdad, un grupo revolucionario liderado por Francois Noel Gracchus Babeuf (1760- 1797). La Conspiración defendía la igualdad política y económica, y trató de derrocar a un grupo (Directorio, directoire en francés) que entró en el poder después de la caída de Roberspierre. Traicionado por las autoridades, Babeuf fue arrestado  y ejecutado antes de que la rebelión comenzara. Esta traducción fue hecha por Charles George 500 Years of Revolution  (Chicago: Charles H Kerr, 1998) y es reimpresa con permiso del publicista.

¡Gente de Francia! ¡Durante 50 centenarios han vivido como esclavos! Y por lo tanto infelices. Han sido no menos de 6 años en los cuales han comenzado a respirar con la esperanza de independencia, felicidad e igualdad. La primer demanda por la naturaleza, la primer necesidad del ser humano, las cuales hacen juntas toda legítima asociación. ¡Gente de Francia! ¡Ustedes no han sido más favorecidos como las otras naciones que navegan en el infortunio de este mundo! Desde siempre, y en cualquier parte del mundo, la pobreza ha sido utilizada como servidumbre por las manos ambiciosas de la tiranía. Desde siempre, y en todos lados, la humanidad ha sido domesticada por finas palabras; nunca, y en ningún lugar, se obtienen las cosas con puras palabras. Desde ya hace mucho tiempo se nos ha dicho, hipócritamente, que todos somos iguales: desde tiempos inmemorables la más crueles y monstruosas de las pobrezas y desigualdades pesa sobre las personas del mundo. Desde los comienzos de la sociedad civil, este patrimonio tan noble de la humanidad ha sido reconocido sin contradicción alguna, pero en ninguna ocasión se ha realizado; aquí la igualdad no es más que una bella y estéril ficción de la ley. Hoy se demanda con voz firme, y ellos nos dicen: ¡silencio, desgraciados! El concepto de igualdad no es más que una ficción; es una igualdad condicionada; eres igual ante la ley. Canalla, ¿qué más quieres? ¿Qué más queremos? ¡Legisladores, gobernadores, propietarios ricos, escuchen desde su posición! ¡Todos somos iguales! ¿Verdad? Este concepto sigue sin ser respondido. A menos de ser atacado por la locura, nadie podría decir seriamente que es de noche cuando en realidad es de día.

¡Bueno! Nosotros pedimos, desde ahora en adelante, vivir y morir igualitariamente, ya que hemos nacido como iguales. Nosotros pedimos verdadera igualdad o muerte; eso es lo que queremos.

¡Y deberíamos de obtenerla al precio que sea! ¡Hay quienes se sitúan entre ellos y nosotros! ¡Hay quienes resisten!

La Revolución Francesa es la persecutora de otra revolución… más grande y solemne, que será la última.

El pueblo pasó sobre los cuerpos de reyes y sacerdotes que conspiraron en contra de él; y ¡pasará lo mismo con la nueva tiranía, con los políticos hipócritas, sentados en el lugar de los anteriores! ¿Qué es lo que queremos además de los derechos de igualdad? No queremos solamente una transcripción de igualdad en los Derechos del hombre y del ciudadano; la queremos en nuestro interior, bajo el techo de nuestras casas. Hacemos todo por una causa; para tener un comienzo claro, el cual seguramente sostendremos solos. ¡Perezcan, de ser necesario, todos los artificios, pero que nos quede una verdadera igualdad!

…No más propiedad privada en la tierra: la tierra no le pertenece a nadie. Nuestra demanda es…el disfrute comunal de los frutos de la naturaleza, ¡frutos que son para todos!

¡Declaramos que no podemos sufrir más, con la enorme mayoría de personas, trabajando y sudando, en servicio y por el beneplácito de la pequeña minoría! ¡Ya basta! ¡Ya ha sido demasiado tiempo en el que menos de un millón de personas han tenido a disposición, como propiedad, a más de veinte millones de su especie!

¡Dejemos que este gran escándalo, el cual nuestros nietos difícilmente lo podrán creer, cese!  ¡Desaparezcamos, de una vez por todas, la repugnante distinción entre ricos y pobres, de grandes y chicos, de jefes y sirvientes, de gobernadores y gobernados!

Que no exista ninguna diferencia entre los seres humanos más que la edad y el sexo. Como todos tenemos las mismas necesidades y facultades, que haya educación para todos, comida para todos. Estamos contentos con un sol y aire para todos. ¿Por qué no debería ser suficiente la misma cantidad y calidad de alimentos para todos? Pero los enemigos del orden natural de las cosas conspiran contra nosotros. Desorganizadores y rebeldes dicen… ustedes sólo buscan masacre y saqueo. ¡Pueblo de Francia! Nosotros no debemos desperdiciar nuestro tiempo respondiéndoles. Pero debemos decirles que el sagrado acto que realizamos fue solamente para ponerle fin a las divisiones… y a la miseria pública.

El tiempo de grandes cambios ha llegado. El mal está en su altura. Cubre la faz de la tierra. El caos, en nombre de la política, ha estado ahí durante muchos siglos. ¡Que todo vuelva a su orden y se ponga todo en su lugar!

Con la voz de la igualdad, dejemos que los elementos de justicia y el bien común se organicen. El momento ha llegado para formar La República de la Igualdad, el gran refugio abierto a todas las personas. Los días de gran recompensa han venido. ¡Familias ahogadas en la miseria, vengan a sentarse en la mesa común, preparada por lo que la naturaleza nos brinda para todos los niños! ¡Gente de Francia! ¡La forma más pura de todas las glorias ha sido servida por ti! ¡Sí, eres tú quien debe ofrecer al mundo este emotivo espectáculo!

Los convencionalismos y las costumbres antiguas representan un obstáculo al establecimiento de La República por la Humanidad. La organización de una verdadera igualdad, la única respuesta verdadera a todas las necesidades sin víctimas, sin sacrificios, no será el complacer a alguien primero. El hombre ambicioso y egoísta temblara de rabia. Aquellos que han sido despojados reclamarán en voz alta en contra de las injusticias. La felicidad exclusiva, el disfrute personal, causará grandes lamentos por parte de aquellos que se han servido a causa del servilismo de otros. Los amantes del poder absoluto, los viles que apoyan la autoridad arbitraria, muy apenas se doblegaran ante la verdadera igualdad. Su punto de vista tan cerrado podría ser la causa de esto, el cercano futuro del bienestar humano. Pero, ¿qué podrían hacer unos cuantos miles en desacuerdo contra una gran mayoría, todos ellos felices, sorprendidos por la felicidad que tanto tiempo han estado buscando y la cual habían tenido en sus manos?

El día después de esta verdadera revolución ellos dirán con gran admiración: ¿¡qué!? ¿El bien común era por tan poco? Sólo teníamos que quererlo. Oh, ¿por qué no lo queríamos antes? ¿Por qué no nos habíamos dado cuenta de eso anteriormente? Sí, dudosos, con un hombre tan rico sobre la tierra, más poderoso que sus vecinos, que sus iguales, el equilibrio estaba roto, crimen y miseria están alrededor del mundo. ¡Gente de Francia! ¿Por qué signo, de ahora en adelante, debemos reconocer la excelencia de una constitución?, aquella basada en la igualdad, ya que esta es la única que puede beneficiar y satisfacer todas las necesidades…

¡Pueblo de Francia! Abran sus ojos y sus corazones a la verdadera felicidad. Reconozcan y Proclamen con nosotros la “República de la Igualdad”.

 

Original en inglés: Robert Graham, A Documentary History of Libertarian Ideas, Volume One- From Anarchy to Anarchism – C.V.
Traducción al español: Verenice – BlackRose Austin, Tx. U.S.A.
Colaborador: 
Amadeus UAS – FAM  Monterrey, N.L. México

 

marechal

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