Acerca de

Unión Anarco-Sindicalista (UAS)

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La Unión Anarco-Sindicalista (UAS) es una iniciativa afiliada a la Federación Anarquista de México (FAM), se forma por grupos de propaganda afines al pacto asociativo de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT): Los Principios, Tácticas y Finalidades del Sindicalismo Revolucionario. Por ende se encamina a promoverlos, practicarlos, y a difundir a la AIT.

La UAS entiende el sindicalismo como la libre asociación de la clases trabajadoras entre iguales, en apoyo mutuo, sin cargos remunerados y auto-financiadas que solucionan sus problemas laborales mediante la acción directa para fomentar una sociedad horizontal y coordinarse hacia la socialización de los medios de producción.

El lema: Horizontalidad, acción directa, autogestión, federalismo, internacionalismo, asamblearismo, apoyo mutuo y solidaridad, para evitarse la pena de la decadencia de la lucha.

Integrantes en Monterrey, Michoacán, Tijuana y DF.

¿Qué es la AIT?

Es una organización refundada en un Congreso que tuvo lugar en Berlín entre el 25 de diciembre de 1922 y el 2 de enero de 1923 para consolidar el movimiento anarcosindicalista. En la actualidad consta de 14 secciones: Portugal, Serbia, Australia, España, Francia, Brasil, Alemania, Argentina, Rusia, Noruega, Eslovaquia, Inglaterra, Italia y Polonia. Más otras 4 secciones amigas: Chile, Austria, Bulgaria y Suecia.

 

Anarcosindicalismo: definición y práctica

Entendemos el anarcosindicalismo como la síntesis de la teoría y práctica del anarquismo actuando sobre y en todo tipo de asociacionismo obrero que confluye en un sindicato. Se trata en rigor de una síntesis del anarquismo y el sindicalismo revolucionario para impulsar el cambio de sociedad actual desde el mundo del trabajo. El anarquismo ha sido la fuente de inspiración del sindicalismo revolucionario nacido en Francia en el siglo pasado, por lo que se le puede decir, según hace actualmente la A.I.T., como sinónimo de anarcosindicalismo.

Es preciso establecer una diferenciación en los contenidos esenciales que caracterizan la acción del sindicalismo revolucionario que propugna y practica el anarcosindicalismo y el que propugnan ciertos grupos y sectores bastante alejados del movimiento libertario, a pesar de que emplean, desvirtuando su contenido, la frase de «sindicalismo revolucionario». No entendemos por sindicalismo revolucionario más que aquel movimiento que, surgido de entre las clases explotadas y oprimidas, aspira a la destrucción del sistema establecido para, por medio de una acción directa y antiautoritaria, desmontar los mecanismos de dominación poniendo todos los medios de producción al servicio de los trabajadores, los cuales tomarán en cualquier circunstancia las decisiones que crean convenientes sin conocer ningún otro tipo de mediación, imposición o poder que no sea el dimanado de los propios trabajadores.

Abundando en lo anterior, ratificamos los acuerdos adoptados por el Congreso Constitutivo de la Asociación Internacional de Trabajadores celebrado en Berlín en diciembre de 1922 y modificados en el IV Congreso de Madrid de 1931 y en el V Congreso de París de 1935.

Principios y finalidades

El anarcosindicalismo es en realidad, desde el punto de vista de los principios una visión determinada del mundo que se corresponde con la filosofía antiautoritaria y emancipadora del anarquismo y por ello exterioriza su oposición a toda explotación tanto económica como política y a toda alienación religiosa siendo su objetivo fundamental y prioritario el de propagar esas ideas al mundo del trabajo por medio del sindicato. Actúa en el campo sindical, porque donde realmente el individuo siente la explotación es en el campo de lo económico, donde la lucha de clases se da con más claridad y es asumida por la mayoría de los trabajadores. Hay que pensar, y la historia lo viene demostrando, que las revueltas e intentos revolucionarios se quedan en nada, si en los países donde se dan no existe una organización sindical revolucionaria.

Hay que resaltar que esta actitud de oposición a toda explotación no puede calificarse de mera ideología o producto de laboratorio sino que responde a una constante del ser humano a lo largo de la historia, en su lucha sin tregua contra todo tipo de opresión. Esa lucha constituye la reivindicación del derecho a ser y a disponer libremente del propio destino, junto al deseo solidario de que todas las personas, de un modo colectivo, alcancemos ese derecho. No habrá verdadera libertad mientras una sola persona permanezca sometida a otros semejantes. El mérito del pensamiento libertario reside tan solo en el esclarecimiento de este hecho ante la conciencia de la persona.

Frente al mundo de opresión constante y en múltiples sentidos que padecemos, el anarquista opone su rebelión. Su visión parte de una ruptura total con los valores políticos, económicos y culturales establecidos por las clases dominantes a través de la historia. Para el anarcosindicalismo la evolución histórica, si tiene un sentido debe culminar en una ética de la responsabilidad personal e intransferible, opuesta de modo radical a la constante histórica de dominación. Esta ruptura supone el que el anarcosindicalismo contraponga a los valores de la sociedad establecida sus propios valores.

 Anticapitalismo

El anarcosindicalismo se opone de modo radical al sistema establecido por el capitalismo liberal o por el capitalismo de estado en todas sus variantes.

El capitalismo, independientemente de sus transformaciones presentes o futuras, representa la explotación económica derivada de la propiedad privada de los medios de producción y la subsiguiente capitalización de éstos por unos pocos, sin importar que los explotadores se representen individualizados o de modo anónimo o colectivo. El capitalismo de Estado por su parte, se apropia de la propiedad en beneficio de un sector privilegiado integrado en el Estado.

Tanto en uno como en otro sistema el individuo, el trabajador, no es dueño de su trabajo ni de sus decisiones. En una parte se aduce la necesidad de la economía (dominada por los grandes propietarios y financieros amparados por el Estado), en la otra se sacrifica a la clase trabajadora en nombre de un falso «bien común» impuesto por el Estado. Ambos sistemas desarrollan sus instituciones (medios de represión) a través de la clase gobernante: leyes, organismos de justicia, cárceles, policía, ejército etc. para dominar a los gobernados e imponer la cultura propia del sistema.

“Somos ricos en las sociedades civilizadas. ¿Por qué hay, pues, esa miseria entorno nuestro? ¿Por qué ese trabajo penoso y embrutecedor de las masas? ¿Por qué esa inseguridad del mañana (hasta para el trabajador mejor retribuido) en medio de las riquezas heredadas del ayer y a pesar de los poderosos medios de producción que darían a todos el bienestar a cambio de algunas horas de trabajo cotidiano?

Los socialistas lo han dicho y repetido hasta la saciedad. Porque todo lo necesario para la producción ha sido acaparado por algunos en el transcurso de esta larga historia de saqueos, guerras, ignorancia y opresión en que ha vivido la humanidad antes de aprender a domar las fuerzas de la naturaleza. Porque, amparándose en pretendidos derechos adquiridos en el pasado, hoy se apropian dos tercios del producto del trabajo humano, dilapidándolos del modo más insensato y escandaloso. Porque reduciendo a las masas al punto de no tener con qué vivir un mes o una semana, no permiten al hombre trabajar sino consintiendo en dejarse quitar la parte del león. Porque le impiden producir lo que necesita y le fuerzan a producir, no lo necesario para los demás, sino lo que más grandes beneficios promete al acaparador. Contémplese un país, civilizado.

Las ciudades; enlazadas entre sí con carriles de hierro y líneas de navegación, son organismos que han vivido siglos. Profundizad en su historia, y veréis cómo la civilización de la ciudad, su industria, su genio, han crecido lentamente y madurado por el concurso de todos sus habitantes antes de llegar a ser lo que son hoy.

Y aun ahora, el valor de cada casa, de cada taller, de cada fábrica, de cada almacén, sólo es producto de la labor acumulada de millones de trabajadores sepultados bajo tierra, y no se mantiene sino por el esfuerzo de legiones de hombres que habitan en ese punto del globo. Millones de seres humanos han trabajado para crear esta civilización de la que hoy nos gloriamos. Otros millones, diseminados por todos los ámbitos del globo, trabajan para sostenerla. Sin ellos, no quedarían más que escombros de ella dentro de cincuenta años.

Hasta el pensamiento, hasta la invención, son hechos colectivos, producto del pasado y del presente. Millares de inventores han preparado el invento de cada una de esas máquinas, en las cuales admira el hombre su genio. Miles de escritores, poetas y sabios han trabajado para elaborar el saber, extinguir el error y crear esa atmósfera de pensamiento científico, sin la cual no hubiera podido aparecer ninguna de las maravillas de nuestro siglo. Pero esos millares de filósofos, poetas, sabios e inventores, ¿no hablan sido también inspirados por la labor de los siglos anteriores? ¿No fueron durante su vida alimentados y sostenidos, así en lo físico como en lo moral por legiones de trabajadores y artesanos de todas clases? ¿No adquirieron su fuerza impulsiva en lo que les rodeaba?

Cada máquina tiene la misma historia: larga historia de noches en blanco y de miseria; de desilusiones y de alegrías, de mejoras parciales halladas por varias generaciones de obreros desconocidos que venían a añadir al primitivo invento esas pequeñas nonadas sin las cuales permanecería estéril la idea más fecunda. Aún más: cada nueva invención es una síntesis resultante de mil inventos anteriores en el inmenso campo de la mecánica y de la industria. Ciencia e industria, saber y aplicación, descubrimiento y realización práctica que conduce a nuevas invenciones, trabajo o cerebral y trabajo manual, idea y labor de los brazos, todo se enlaza. Cada descubrimiento, cada progreso, cada aumento de la riqueza de la humanidad, tiene su origen en el conjunto del trabajo manual y cerebral, pasado y presente. Entonces, ¿qué derecho asiste a nadie para apropiarse la menor partícula de ese inmenso todo y decir: Esto es mío y no vuestro?” (Piotr Kropotkin)

 Antiestatismo

Según lo antes expuesto resulta evidente que una de las finalidades del anarcosindicalismo es la destrucción del Estado, realidad político-jurídica que sostiene y sacraliza por medio de su diversos estamentos y leyes -parlamentos, senados, constituciones, organismos arbitradores, cuerpos policiales y represivos de todas clases y en último lugar, el ejército- las formas económicas de explotación.

Es obvio que el Estado constituye la representación de la clase dominante, sosteniendo, en el caso de la llamada sociedad occidental en que vivimos, la propiedad privada de los medios de producción y la economía de mercado. Esto conlleva la tradicional minoría de edad del ciudadano y el mantenimiento del actual sistema por medio de la represión y del terrorismo institucionalizado. Frente a ello, el anarcosindicalismo opone al Estado la libre federación de comunas autónomas libertarias.

“Soy un amante fanático de la libertad, considero que es la única condición bajo la cual la inteligencia, la dignidad y la felicidad humana pueden desarrollarse y crecer; no la libertad puramente formal concedida, delimitada y regulada por el Estado, un eterno engaño que en realidad no representa otra cosa que el privilegio de algunos fundado en la esclavitud del resto; no la libertad individualista, egoísta, mezquina y ficticia ensalzada por la Escuela de J.J. Rousseau y otras escuelas del liberalismo burgués, que entiende que el Estado, limitando los derechos de cada uno, representa la condición de posibilidad de los derechos de todos, una idea que por necesidad conduce a la reducción de los derechos de cada uno a cero. No, yo me refiero a la única clase de libertad que merece tal nombre, la libertad que consiste en el completo desarrollo de todas las capacidades materiales, intelectuales y morales que permanecen latentes en cada persona; libertad que no conoce más restricciones que aquellas que vienen determinadas por las leyes de nuestra propia naturaleza individual, y que no pueden ser consideradas propiamente restricciones, puesto que no se trata de leyes impuestas por un legislador externo, ya se halle a la par o por encima de nosotros, sino que son inmanentes e inherentes a nosotros mismos, constituyendo la propia base de nuestro ser material, intelectual y moral: no nos limitan sino que son las condiciones reales e inmediatas de nuestra libertad.”

(Mijail Bakunin)

 Antimilitarismo e Internacionalismo

Estas dos definiciones, conexas entre si, forman parte de las convicciones profundas de la UAS  y se relacionan con la necesidad de superar los Estados nacionales y las amenazadoras concentraciones de poder que ellos representan. Al mismo tiempo ello nos lleva a la necesidad de articular una actividad en el plano internacional junto con las organizaciones afines del anarcosindicalismo de otros países al objeto de mantener mancomunadamente una lucha en este frente.

Los anarcosindicalistas se percatan de que las guerras únicamente se libran en provecho de las clases dirigentes; por consiguiente, estiman que es legítimo todo medio encaminado a evitar la matanza organizada de pueblos. También en este terreno los obreros tienen todos los resortes en sus manos, Y sólo necesitan la voluntad y la energía moral para ponerlos en juego. Ante todo, es necesario curar al movimiento obrerista de su fosilización interna y librarlo de los lemas con signas hueros, propios de los partidos políticos, para que avance intelectualmente y desarrolle en si mismo las cualidades creadoras que deben preceder a la realización del socialismo. El que esto es posible en la práctica tiene que llegar a ser convicción íntima de los trabajadores y cristalizar en una necesidad ética. La gran meta final

“La educación de los militares, desde el soldado raso hasta las más altas jerarquías,les convierte necesariamente en enemigos de la sociedad civil y el pueblo. Incluso su uniforme, con todos esos adornos ridículos que distinguen los regimientos y los grados, todas esas tonterías infantiles que ocupan buena parte de su existencia y les haría parecer payasos si no estuvieran siempre amenazantes, todo ello les separa de la sociedad. Ese atavío y sus mil ceremonias pueriles, entre las que transcurre la vida sin más objetivo que entrenarse para la matanza y la destrucción, serían humillantes para hombres que no hubieran perdido el sentimiento de la dignidad humana. Morirían de vergüenza si no hubieran llegado, mediante una sistemática perversión de ideas, a hacerlo fuente de vanidad.La obediencia pasiva es su mayor virtud. Sometidos a una disciplina despótica, acaban sintiendo horror de cualquiera que se mueva libremente. Quieren imponer a la fuerza la disciplina brutal, el orden estúpido del que ellos mismos son víctimas.”

(Mijail Bakunin)

 Federalismo

Por ser la federación la base de la sociedad futura, la UAS proclama el federalismo como el nexo de articulación libre y solidaria, sin autoritarismo ni coacción, de todos los grupos económicos y de relación humana general, que cumplirán en la nueva convivencia las funciones básicas de la vida social en todos sus aspectos.

El Federalismo supone autonomía, y es el nexo que articula la unión libre de todos los grupos creados, tanto económicos como humanos .

Dada su estructura no jerárquica y sus contenidos federalistas, la UAS rechaza cualquier tipo de función dirigente, así como la figura de líderes o jefes carismáticos. El federalismo de UAS no es una descentralización de un poder central, en diferentes poderes a más bajo nivel. Quiere decir lo anterior, en uno de sus aspectos, que tomamos postura decidida contra todo tipo de centralismo.

El Sindicalismo Revolucionario se opone a toda tendencia centralizadora en el seno del movimiento obrero; recomienda, al contrario, una coordinación de las fuerzas sociales sobre la base del federalismo.

Todo centralismo político es en su esencia peligroso, encarnación de un sistema en el cual la reglamentación de los asuntos de todos se pone en bloque, en manos de un puñado (Lo que el Estado y la Iglesia introdujeron en la historia humana).

El centralismo es un sistema de presión orgánico ligado a todo sistema gubernamental, y si este sistema es utilizado por el Estado, por el Partido o por una organización obrera centralizada, es idéntico.

 «Cada sindicato de la CNT posee autonomía para actuar dentro del ámbito correspondiente a su ramo laboral y a la vez se confedera con el resto de sindicatos de la misma localidad, región, etc. para actuar unidos ante las circunstancias que les afectan a todos por igual. Los trabajadores se asocian en sindicatos, estos se federan a nivel local, regional y nacional en la CNT y a su vez esta se federa con sindicatos de todo el mundo en la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), la I Internacional, la asociación internacional anarcosindicalista.»

(Extraido de ¿Qué es la CNT?)

 La Solidaridad y el Apoyo Mutuo

En la construcción de la nueva sociedad y en la lucha diaria en defensa de los intereses propios de los trabajadores, ambos conceptos son el aglutinante de la acción colectiva en la persecución del bien común de toda la sociedad.

Ser libre para el hombre significa ser reconocido y considerado y tratado como tal por otro hombre, por todos los hombres que lo rodean. La libertad no es, pues, un hecho de aislamiento, sino de reflexión mutua; no de exclusión, sino, al contrario, de alianza, pues la libertad de todo individuo no es otra cosa que elreflejo de su humanidad o de su derecho humano en la conciencia de todos los hombres libres, sus hermanos, sus iguales.

No soy verdaderamente libre más que cuando todos los seres humanos que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres. La libertad de otro, lejos de ser un límite o la negación de mi libertad, es al contrario su condición necesaria y su confirmación. No me hago libre verdaderamente más que por la libertad de los otros, de suerte que cuanto más numerosos son los hombres libres que me rodean y más vasta es su libertad, más extensa, más profunda y más amplia se vuelve mi libertad. Es, al contrario, la esclavitud de los hombres la que pone una barrera a mi libertad, o lo que es lo mismo, su animalidad es una negación de mi humanidad, porque – una vez más – no puedo decirme verdaderamente libre más que cuando mi libertad, o, lo que quiere decir lo mismo, cuando mi dignidad de hombre, mi derecho humano, que consisten en no obedecer a ningún otro hombre y en no determinar mis actos más que conforme a mis convicciones propias, reflejados por la conciencia igualmente libre de todos, vuelven a mí confirmados por el asentimiento de todo el mundo.”

(Mijail Bakunin)

 Anti-reformismo

En­ten­de­mos por re­for­mis­tas los plan­tea­mien­tos que tie­nen como ob­je­ti­vo re­for­mar el ac­tual mar­co ins­ti­tu­cio­nal y de va­lo­res sin pro­po­ner ningún mar­co ins­ti­tu­cio­nal al­ter­na­ti­vo. El re­for­mis­mo se pue­de lle­var a cabo me­dian­te una va­rie­dad de tácti­cas que van des­de el in­ten­to de con­quis­tar el po­der del Es­ta­do has­ta el propósito de cam­biar las ins­ti­tu­cio­nes ejer­cien­do pre­sión por par­te de las or­ga­ni­za­cio­nes de la “so­cie­dad ci­vil”, etc. Más con­cre­ta­men­te, la an­ti­gua es­tra­te­gia so­cial­demócra­ta era re­for­mis­ta (por­que tenía el ob­je­ti­vo de “so­cia­li­zar” pro­gre­si­va­men­te las ins­ti­tu­cio­nes exis­ten­tes y la pro­pie­dad) así como lo son los plan­tea­mien­tos de “pro­fun­di­zar o ra­di­ca­li­zar la de­mo­cra­cia” para “ha­cer­la más par­ti­ci­pa­ti­va” o los mo­vi­mien­tos so­cia­les par­cia­les que, sin me­nos­pre­ciar la im­por­tan­cia de las cues­tio­nes que quie­ren abor­dar, no im­pug­nan la glo­ba­li­dad del sis­te­ma ni tie­nen una pro­pues­ta cohe­ren­te para sus­ti­tuir­lo en su to­ta­li­dad (por ejem­plo los mo­vi­mien­tos por la igual­dad de género, los mo­vi­mien­tos en de­fen­sa del me­dio na­tu­ral, los mo­vi­mien­tos por la pro­tec­ción de la cul­tu­ra y la len­gua, etc.).

Por con­tra, en­ten­de­mos por re­vo­lu­cio­na­rios aque­llos plan­tea­mien­tos que tie­nen el ob­je­ti­vo de sus­ti­tuir -y no com­ple­men­tar- el mar­co ins­ti­tu­cio­nal de la so­cie­dad ac­tual, es de­cir, el sis­te­ma de la eco­nomía de mer­ca­do glo­ba­li­za­da y el Es­ta­do “de­mocrático” re­pre­sen­ta­ti­vo, así como el co­rres­pon­dien­te sis­te­ma de (dis)va­lo­res en el que se ba­san las re­la­cio­nes so­cia­les ac­tua­les. Aquí po­de­mos cla­si­fi­car las es­tra­te­gias del an­ti­guo es­ta­tis­mo so­cia­lis­ta y del so­cia­lis­mo li­ber­ta­rio, en­tre otras.

En las últi­mas déca­das he­mos vi­vi­do nu­me­ro­sos in­ten­tos fra­ca­sa­dos de apli­car es­tra­te­gias re­for­mis­tas para in­ten­tar cam­biar la so­cie­dad. Un ejem­plo pa­ra­digmático de este fra­ca­so lo po­de­mos cons­ta­tar en la evo­lu­ción de los par­ti­dos so­cial­demócra­tas, en par­ti­cu­lar des­pués de los trein­ta años de con­sen­so so­cial­demócra­ta en bue­na par­te del mun­do (1945-1975). Es­tos par­ti­dos aca­ba­ron re­nun­cian­do a sus “idea­les” (ple­na ocu­pa­ción, ex­ten­sión del Es­ta­do de bie­nes­tar, re­dis­tri­bu­ción de la ri­que­za, etc.) e in­cor­porándo­se to­tal­men­te al con­sen­so neo­li­be­ral, con­vir­tiéndo­se en los ac­tua­les par­ti­dos so­cial-li­be­ra­les. Ante esto po­de­mos con­cluir que es­tas es­tra­te­gias no sólo no nos con­du­cen a una so­cie­dad ba­sa­da en la au­to­nomía, sino que in­clu­so a efec­tos prácti­cos aca­ban for­ta­le­cien­do las pro­pias ins­ti­tu­cio­nes oligárqui­cas y los sis­te­mas de va­lo­res co­rres­pon­dien­tes. Esto es de­bi­do a que la es­tra­te­gia re­for­mis­ta es en si mis­ma in­su­fi­cien­te, utópica y a-histórica, además de in­de­sea­ble.

Por un lado, es in­su­fi­cien­te por­que se que­da cor­ta en el análi­sis de las cau­sas de la cri­sis mul­ti­di­men­sio­nal ac­tual. Si bien ser cons­cien­te de la si­tua­ción crítica en que se en­cuen­tra la so­cie­dad y que­rer­la cam­biar es un pri­mer paso ne­ce­sa­rio para su­perar esta cri­sis, la es­tra­te­gia re­for­mis­ta no afron­ta la raíz del pro­ble­ma: en ningún mo­men­to im­pug­na ni tra­ta de sus­ti­tuir las ins­ti­tu­cio­nes fun­da­men­ta­les del sis­te­ma ac­tual, es de­cir, el Es­ta­do “de­mocrático” re­pre­sen­ta­ti­vo y la eco­nomía de mer­ca­do ca­pi­ta­lis­ta, sino que se li­mi­ta a reivin­di­car al­gu­nas me­jo­ras. No obs­tan­te, la cri­sis ge­ne­ra­li­za­da y mul­ti­di­men­sio­nal que es­ta­mos vi­vien­do hoy en día no se debe al mal fun­cio­na­mien­to de es­tas ins­ti­tu­cio­nes sino a su pro­pia idio­sin­cra­sia. Las dinámi­cas in­he­ren­tes a la eco­nomía de mer­ca­do y el Es­ta­do “re­pre­sen­ta­ti­vo” dan lu­gar a una enor­me y cre­cien­te con­cen­tra­ción de po­der que no pue­de ser re­ver­ti­da a través de sim­ples cam­bios cosméti­cos. Por tan­to, el re­for­mis­mo pro­po­ne una es­tra­te­gia utópica; su­po­nien­do que una te­naz y ar­dua lu­cha po­pu­lar con­si­guie­ra im­ple­men­tar al­gu­nas de las re­for­mas su­ge­ri­das por las co­rrien­tes re­for­mis­tas, es­tas no podrían ha­cer otra cosa que im­pri­mir un rit­mo li­ge­ra­men­te más len­to al avan­ce de la cri­sis mul­ti­di­men­sio­nal en cur­so, ya que in­de­fec­ti­ble­men­te de­berían ser com­pa­ti­bles con el fun­cio­na­mien­to y la dinámica del sis­te­ma ac­tual. En el im­pro­ba­ble caso de que lo fue­ran tendrían los días con­ta­dos por­que aque­llos que las apli­ca­ran re­du­cirían su com­pe­ti­ti­vi­dad, he­cho que les haría en­trar en una cri­sis económica pro­fun­da. Un caso ilus­tra­ti­vo so­bre esto es el pro­yec­to de Uni­dad Po­pu­lar de Chi­le (1970-1973), don­de unas re­for­mas de­ma­sia­do am­bi­cio­sas lle­va­ron al país a una si­tua­ción de ex­tra­or­di­na­ria ines­ta­bi­li­dad económica y pro­pi­cia­ron el es­ta­ble­ci­mien­to de un gol­pe de Es­ta­do del régi­men to­ta­li­ta­rio de Pi­no­chet de la mano del im­pe­ria­lis­mo nor­te­ame­ri­cano, que gra­cias a esto ganó mu­cho po­der en la zona.

Por el otro, es a-histórica por­que ig­no­ra que ac­tual­men­te la dinámica so­cio­económica del sis­te­ma no es la de au­men­tar los con­tro­les so­cia­les so­bre los mer­ca­dos (pro­tec­ción del me­dio am­bien­te, de las per­so­nas, del tra­ba­jo, etc.) sino lo con­tra­rio. La dinámica de mer­can­ti­li­za­ción – en cada vez más te­rri­to­rios, y al mis­mo tiem­po de cada vez más as­pec­tos de nues­tra vida – es im­pa­ra­ble en el mar­co del sis­te­ma ac­tual, y el Es­ta­do de bie­nes­tar sólo ha cons­ti­tui­do un pe­queño parénte­sis de trein­ta años que, a cau­sa de cir­cuns­tan­cias ex­cep­cio­na­les, ha po­di­do pa­liar al­guno de los as­pec­tos de esta dinámica, y que ha ser­vi­do para for­ta­le­cer enor­me­men­te el sis­te­ma ni­vel ideológico, des­pués de los ho­rro­res de la Se­gun­da Gue­rra Mun­dial. Así, el pro­gre­si­vo des­man­te­la­mien­to del Es­ta­do de bie­nes­tar que es­ta­mos su­frien­do no es con­se­cuen­cia de unas ma­las políti­cas apli­ca­das por unos ma­los políti­cos, tal como su­gie­ren los análi­sis re­for­mis­tas, sino de las pro­pias dinámi­cas in­he­ren­tes al sis­te­ma, que pro­vo­can que no sea via­ble vol­ver a él ni a nada que se le pa­rez­ca.

Por últi­mo, la es­tra­te­gia re­for­mis­ta es in­de­sea­ble por­que ni en el me­jor de los ca­sos pue­de lle­var a una cons­cien­cia de la am­pli­tud de los cam­bios que es me­nes­ter ti­rar ade­lan­te para pro­vo­car un cam­bio so­cial real. Por ejem­plo, di­ver­sos sec­to­res (a me­nu­do aso­cia­dos a co­rrien­tes trots­kis­tas) sos­tie­nen que las de­man­das re­for­mis­tas pue­den ha­cer­se con fi­nes re­vo­lu­cio­na­rios, por­que el que más pro­ba­ble in­cum­pli­mien­to de es­tas por par­te de las éli­tes del po­der pue­de pro­du­cir –según ellos– una ra­di­ca­li­za­ción de la cons­cien­cia que a la vez pue­de lle­var a una si­tua­ción re­vo­lu­cio­na­ria. No obs­tan­te, a pe­sar de te­ner lógica apa­ren­te, este tipo de ar­gu­men­ta­cio­nes son per­ni­cio­sas por dos mo­ti­vos: en pri­mer lu­gar por­que se ba­san en una con­cep­ción ins­tru­men­ta­lis­ta del pue­blo que ol­vi­da –sin que­rer­lo o de­li­be­ra­da­men­te– que el ca­mino ha­cia una so­cie­dad real­men­te de­mocrática im­pli­ca trans­pa­ren­cia; en se­gun­do lu­gar por­que en la prácti­ca con­du­cen a un de­bi­li­ta­mien­to del pen­sa­mien­to an­ti­sistémico a me­dio pla­zo, a cau­sa del ol­vi­do pro­gre­si­vo que inevi­ta­ble­men­te pro­vo­ca una prácti­ca tan ale­ja­da de los ob­je­ti­vos su­pues­ta­men­te re­vo­lu­cio­na­rios. En cam­bio, en una es­tra­te­gia re­vo­lu­cio­na­ria, los ob­je­ti­vos son explíci­tos y los me­dios o tácti­cas que se usan son cohe­ren­tes con es­tos ob­je­ti­vos, ya que se en­tien­de que no se pue­de su­perar la alie­na­ción con me­dios alie­nan­tes.

¿Cómo pue­de ser que si se ha com­pro­ba­do que las es­tra­te­gias re­for­mis­tas fra­ca­sen se siga re­cu­rrien­do a ellas des­de la ma­yoría de mo­vi­li­za­cio­nes y mo­vi­mien­tos so­cia­les?

En pri­mer lu­gar, por­que se si­gue con­ci­bien­do al Es­ta­do de bie­nes­tar como una con­quis­ta de las cla­ses po­pu­la­res y no como la otra cara de un sis­te­ma de do­mi­na­ción que, des­pués de des­truir las con­di­cio­nes que en mu­chos mo­men­tos de la his­to­ria per­mi­tie­ron la au­to­ges­tión co­mu­ni­ta­ria de la vida so­cial, se lava la cara ante la po­bla­ción ofre­cien­do al­gu­nos ser­vi­cios so­cia­les ne­ce­sa­rios. Por esto se si­gue pi­dien­do, in­can­sa­ble­men­te, que el Es­ta­do pro­por­cio­ne de­re­chos y ser­vi­cios, en lu­gar de co­ger la res­pon­sa­bi­li­dad so­bre nues­tra vida y asu­mir los de­be­res que con­lle­va la li­ber­tad. Así, un fac­tor in­ne­ga­ble que con­du­ce al re­for­mis­mo es el con­for­mis­mo. Nos he­mos acos­tum­bra­do a que las de­ci­sio­nes ven­gan to­ma­das a través de oli­gar­quías políti­cas, así que inevi­ta­ble­men­te pa­re­ce com­pli­ca­do ha­blar de un sis­te­ma de au­to­go­bierno po­pu­lar, acep­tan­do sus con­se­cuen­cias. Por tan­to, hay una ten­den­cia a dar apo­yo a esas “so­lu­cio­nes” que me­nos es­fuer­zo y cam­bio de chip su­po­nen, aun­que no sean ver­da­de­ras so­lu­cio­nes. De este modo, ga­nan fácil­men­te po­pu­la­ri­dad pro­yec­tos con apa­rien­cia y len­gua­je nue­vos pero que en el fon­do son la re­ela­bo­ra­ción de la es­tra­te­gia re­for­mis­ta.

En se­gun­do lu­gar, por­que el pa­ra­dig­ma so­cial do­mi­nan­te pro­mue­ve la co­mo­di­dad y la ra­pi­dez, cuan­do el pro­ce­so de cam­bio re­vo­lu­cio­na­rio es duro y len­to. Este pa­ra­dig­ma em­pu­ja a mu­chas per­so­nas a lo que po­de­mos lla­mar in­me­dia­tis­mo, a que­rer re­sul­ta­dos y a es­pe­rar­los aho­ra mis­mo. A me­nu­do no se tie­ne en cuen­ta que si el sis­te­ma ac­tual­men­te es­ta­ble­ci­do ha tar­da­do más de dos si­glos en for­mu­lar­se y desa­rro­llar­se en su com­ple­ji­dad, no es fac­ti­ble in­ten­tar cam­biar sus dinámi­cas de un día para el otro. El pa­ra­dig­ma ac­tual tam­bién im­bu­ye a mu­chas per­so­nas ha­cia el hi­per­ac­ti­vis­mo, es de­cir, la ten­den­cia a creer que “lo prácti­co” es par­ti­ci­par en mo­vi­li­za­cio­nes va­rias e im­pul­sar pro­yec­tos que nos den la sen­sa­ción que al­gu­na cosa cam­bia YA, mien­tras se de­di­ca poco tiem­po a pen­sar y re­fle­xio­nar es­tratégi­ca­men­te para rea­li­zar po­cos pa­sos pero en la bue­na di­rec­ción y con fir­me­za, cons­tru­yen­do ba­ses sóli­das.

A raíz de todo esto, si bien es cier­to que hay que ir dan­do pa­sos aquí y aho­ra en el mar­co de una tran­si­ción re­vo­lu­cio­na­ria, es cla­ve pro­cu­rar no con­fun­dir, como su­ce­de a me­nu­do, “pa­sos” con “par­ches”: los pa­sos son tácti­cas que nos ha­cen avan­zar pro­gre­si­va­men­te en el ca­mino ha­cia una so­cie­dad eman­ci­pa­da, mien­tras que los par­ches son sim­ple­men­te “tácti­cas” que se ha­cen como un fin en si mis­mas, sin es­tar re­la­cio­na­das con un ob­je­ti­vo ni es­tra­te­gia de­fi­ni­da, sim­ple­men­te para me­jo­rar las con­di­cio­nes de vida en un mo­men­to dado o para re­sis­tir los em­bis­tes del sis­te­ma ac­tual. Aun­que mo­vi­li­zar­se para ha­cer fren­te a los ma­les del sis­te­ma siem­pre es me­jor que no que­dar­se de bra­zos cru­za­dos su­mi­dos en la apatía, es tam­bién peor que no de­di­car nues­tras energías a pen­sar y cons­truir una nue­va es­truc­tu­ra so­cial y de va­lo­res. En otras pa­la­bras, es me­jor “re­sis­tir” que no ha­cer nada, pero es me­jor “cons­truir” que no “re­sis­tir”. Sin em­bar­go, una for­ma de su­perar esta apa­ren­te di­co­tomía es com­pren­de que la me­jor for­ma de re­sis­tir es cons­truir, ya que cons­truir nos hace fuer­tes y nos per­mi­te re­sis­tir y lu­char con más efec­ti­vi­dad, a la vez ha­cer que avan­zar so­bre el te­rreno los cam­bios que pro­pug­na­mos.

Por últi­mo, otro fac­tor im­por­tan­te que con­du­ce al re­for­mis­mo es el he­cho de dar por des­con­ta­das las ins­ti­tu­cio­nes del sis­te­ma ac­tual y no ser ca­pa­ces de ima­gi­nar nue­vas ni de ti­rar­las ade­lan­te. A cau­sa de esto, su­fri­mos una ins­ti­tu­cio­na­li­za­ción ver­ti­cal de los pro­yec­tos y lu­chas, por fal­ta de pro­pues­tas crea­ti­vas para or­ga­ni­zar la so­cie­dad de otro modo. En este sen­ti­do, ac­tual­men­te en­con­tra­mos al­gu­nas pro­pues­tas que, a pe­sar de te­ner una retórica su­pues­ta­men­te “re­vo­lu­cio­na­ria”, sólo con­si­guen re­ge­ne­rar el sis­te­ma en el que abo­gan por par­ti­ci­par, man­te­nien­do in­tac­tas sus prin­ci­pa­les ins­ti­tu­cio­nes y dinámi­cas, además de pro­vo­car con­fu­sión res­pec­to a una nue­va es­tra­te­gia ver­da­de­ra­men­te trans­for­ma­do­ra.

En con­clu­sión, la for­ma de su­perar el re­for­mis­mo im­pe­ran­te es de­jar atrás to­das las la­cras que aca­ba­mos de men­cio­nar, así como ha­cer pa­sos para que mu­chas lu­chas con­cre­tas y lo­ca­les que se están lle­van­do a cabo ac­tual­men­te de modo dis­per­so y que son po­si­ti­vas pue­dan me­jo­rar cua­li­ta­ti­va­men­te su ca­pa­ci­dad trans­for­ma­do­ra en­marcándo­se en una es­tra­te­gia glo­bal de tran­si­ción re­vo­lu­cio­na­ria con unos fi­nes y me­dios cohe­ren­tes. Esto im­pli­ca una re­fle­xión pro­fun­da so­bre cómo cada acción con­cre­ta pue­de con­tri­buir o no a avan­zar en este pro­ce­so, in­ten­tan­do li­be­rar­se de dog­mas pre­con­ce­bi­dos. Por otro lado, como la trans­pa­ren­cia y la ho­nes­ti­dad son va­lo­res bási­cos para la cons­truc­ción de un sis­te­ma ba­sa­do en la au­to­nomía, es fun­da­men­tal que el fon­do re­vo­lu­cio­na­rio de la es­tra­te­gia que se está lle­van­do a cabo se haga explícito con­ti­nua­men­te. Así, cada acción tie­ne que ser­vir para po­ner en evi­den­cia la ne­ce­si­dad de sus­ti­tuir las ins­ti­tu­cio­nes oligárqui­cas ac­tua­les y el sis­te­ma de va­lo­res que les es in­he­ren­te por una nue­va so­cie­dad ba­sa­da en la au­to­nomía en to­dos los ámbi­tos –la de­mo­cra­cia política y económica, la coope­ra­ción so­cial, la vir­tud per­so­nal y la re­in­te­gra­ción con la na­tu­ra­le­za– y para avan­zar en este ca­mino.

No hay que poner parches. Esa es la renuncia a la revolución. La reforma no es el camino a la transformación de la sociedad. Solo una propuesta revolucionaria puede destruir y crear una sociedad nueva desde bases nuevas. Reformar solamente significa cambiar o modificar aspectos de una realidad que puede ser asegurada parcialmente, que el Estado y la propiedad pueden ser garantizados con nuevas reformas que lo restringen o lo remiendan. Pero para todos aquellos que piensan que el Estado es solamente es un instrumento neutro he de decirles que no han entendido nada. El Estado goza de un interés particular propio, no es solamente un instrumento del capitalismo, es sobre todo una realidad viviente que busca y alcanza sus metas principales. El Estado, en su dimensión psicológica y moral, no es ni más ni menos que un conjunto de sentimientos de opresión y dominación sobre las demás personas, fundados sobre una voluntad de poder, enemiga de toda libertad.

El reformismo solo abriga aspiraciones de asegurar algo que se quiere y que se puede reformar, es decir, que aspira a conservar una parte esencial y a reformar una parte que resulta accesoria. Por eso los reformistas como fulano, mengano, zutano y perengano son tan marxistas como el mismo Lenin, porque a pesar de que uno engrandeció al Estado, el otro aspira a una situación aún más utópica a reducirlo. Pero los dos aspiran a conservarlo. Basta de reformas, seamos hoy claros, hemos de aceptar el camino de la abolición y la liquidación social por el bien de la libertad y la dignidad humanas.

El reformismo no es una ideología, ni siquiera una idea, es simplemente la renuncia a la lucha, es la muerte de las ideas y de la esperanza, es adaptarse al sistema y a sus reglas, a su juego, por eso es estéril y pudre todo cuanto toca. Los reformistas no creen en la transformación de la sociedad, solo aspiran aunque a veces lo oculten a la conquista del poder, no buscan ni siquiera las mejoras de las condiciones laborales y sociales de los trabajadores aunque sí la utilizan como pretexto para alcanzar sus objetivos y sus ambiciones personales: ocupar cargos y poltronas, alcanzar el estatus de líder, de liberado, de burócrata, de jefe. Con la excusa de querer llegar a la “ciudadania” en general y adaptándose a estos nuevos tiempos que corren, en los cuales parece ser que todo es bonito, lanzan un mensaje totalmente moderado, buenrollista y “social-demócrata”, alejado de la directa realidad de la clase trabajadora. Su discurso ha degenerado de la emancipación del pueblo a la de querer un cambio social, olvidando la revolución social que añoramos los anarquistas y anarcosindicalistas.

“nada me costará reconocer en mis adversarios nobleza; más aún, no quiero juzgar sus móviles; pero, lo consigan o no, voy contra su obra con el propósito y la intención de destruirla, harto de ver cómo se esclaviza todavía al obrero sobre la misma vía de su emancipación, hablándole del ahorro, de la cooperación, de la política y de las reformas sociales, abominables panaceas, que, con la virtud de la paciencia, someten al pobre a la expoliación y a la tiranía del rico.

EL ENEMIGO MÁS TERRIBLE DE HOY ES EL REFORMISTA; es decir, el engañoso o el obcecado desviador; el que presenta al crédulo ignorante un señuelo de falso utilitarismo, restando de ese modo fuerzas al proletariado.

He aquí justificada la actitud de ese proletariado que no espera ningún mesías, que desoye a los que en nombre de la democracia o del utilitarismo, le ofrecen repúblicas de imposible igualdad de condiciones entre ciudadanos explotadores y ciudadanos explotados; o falansterios cooperativos, donde el capitalismo, o, por mejor decir, el ganancierismo esencialmente expoliador y absorbente, se convierte, a creer sus propagandistas, en instrumento fraternizador”.
Anselmo Lorenzo, 1905

Aspiraciones

Las aspiraciones de las organizaciones anarcosindicalistas incluyen no solamente la lucha de la clase trabajadora para acabar con la explotación en los centros de trabajo y en la sociedad en el campo de las relaciones laborales -queremos terminar con la explotación, la jerarquía, la alienación y las relaciones sociales verticales en general. Y esto significa poner fin a todo tipo de relaciones sociales que sean desfavorables para las mujeres, hombres o para cualquier otros.

No creemos en la organización vertical: nuestras organizaciones surgen de la base, sin jefes ni burócratas. Buscamos las asambleas para organizarnos entre nosotras/os y exigir lo que nos pertenece.

Anarcosindicalismo NO es solo un sindicato, es mucho más, es una herramienta de lucha y transformación social de los trabajadores. Su finalidad es la Revolución Social: la transformación radical de la sociedad actual, pero ésta es también su principio y su táctica. La Revolución ni es una utopía sobre papel ni es un ente abstracto que estará por llegar ni consiste en salir a la calle empuñando fusiles. La Revolución Social empieza por uno mismo, y empieza en lo cotidiano, a partir de ahí crece y se expande. La Revolución Social es posible hoy, y también mañana.

Nuestra tarea como militantes es la de luchar por ello, tratar de aportar todo lo que podemos en mejorar las condiciones de vida de la gente común de cara a avanzar hacia una transformación revolucionaria de las relaciones sociales, de producción y consumo, construyendo día a día un mundo nuevo basado en la solidaridad, la igualdad, la autogestión y el apoyo mutuo: la anarquía.

La autogestión.

El concepto autogestión se refiere a la satisfacción de necesidades individuales y sociales, por parte de los propios afectados/as, sin que interfieran en esto, las lógicas del mercado o el poder, propias de la sociedad capitalista.

La autogestión conlleva la organización y movilización de explotados/as y oprimidas/os, en función de sus propios intereses. Constituye desde esta perspectiva, la propuesta de construcción social del anarquismo.

La autogestión es la forma en que las y los oprimidos/as se articulan para construir una sociedad que les dé la oportunidad de desarrollarse plenamente.

En buenas cuentas, la autogestión significa que los miembros de una sociedad, se despojan de la clase dominante y satisfacen todas sus necesidades, resuelven sus problemas y desarrollan sus intereses organizadamente. Es decir, la sociedad sigue funcionando, pero de otra forma: libre y horizontalmente.

La idea de autogestión, consiste en generar diferentes organizaciones sociales autónomas y horizontales, que se hagan cargo de las funciones sociales necesarias, sin la intervención de las instituciones capitalistas y sus lógicas de dominación.

El conjunto del pueblo organizado, es decir las y los propios afectados/as, son quienes deben decidir que funciones son o no son necesarias en cada sociedad. Esta es una definición abiertamente política y de vital importancia, que debe ser debatida y asumida por el propio tejido social, no sólo por cúpulas o iluminados.

La autogestión no es más que la acción de dotarse de distintas instancias colectivas, que funcionen de abajo hacia arriba, que permitan cumplir los requerimientos que la vida en sociedad requiere. La autogestión es la respuesta del pueblo organizado para hacer funcionar las complejas relaciones sociales y económicas de la sociedad moderna.

Simbólicamente, la autogestión exitosa de una necesidad social, deslegitima al orden imperante y su discurso de que no hay otras realidades posibles. Muestra con el ejemplo, un camino a seguir por el resto de oprimidos/as. Cuestiona la mercantilización de la vida, las jerarquías, la subjetividad capitalista, conlleva un cambio cultural importante de dimensionar y potenciar. Sin embargo en términos materiales, significa disputar y arrebatar la propiedad privada al Estado y a la burguesía, socializando los medios de producción y el capital existente en una sociedad.

Para ejemplificar esto, se sugiere pensar en dos situaciones diferentes:

La primera en el caso de lograr autogestionar la educación en un barrio; la segunda, autogestionar la producción agrícola de un fundo. En el primer caso, se trata de generar organizaciones sociales capaces de desarrollar exitosamente procesos educativos con niñas, niños y jóvenes del sector. Estos/as jóvenes lograran aprendizajes de contenidos, de habilidades sociales, valóricos, organizacionales, etc. Muy pronto debieran superar la mediocridad escolar y desertar del sistema formal. De acuerdo al contexto imaginado, podrán apostar a las certificaciones del tipo “exámenes libres” o simplemente apelar a la legitimidad social de sus nuevos saberes. En términos materiales se están vaciando las escuelas, evitando su impacto disciplinador y modificando las características de cada uno/a de las y los participantes.

En el segundo ejemplo, la socialización de los medios de producción es mucho más evidente, pues se trata de tierras cultivables, maquinarias agrícolas, etc. En este sentido, la autogestión de la producción agrícola, pasa necesariamente por la organización férrea de las y los trabajadores/as de ese campo en particular, quienes no sólo se articulan horizontalmente y asumen el control, sino que expropian al patrón la propiedad privada.

Obviamente, este proceso es mucho más confrontacional que el anterior, por lo que requiere mayores grados de organización, no sólo en ese fundo específico, sino en el resto de la sociedad.

Con estos ejemplos se quiere colocar de manifiesto dos elementos centrales de la propuesta autogestionaria del anarquismo: Por una parte se debe entender que la capacidad de autogestionar necesidades o funciones sociales, es directamente proporcional al grado de organización de las y los explotados/as y oprimidos/as. Si existen bajos niveles de organización, es decir, pocas personas organizadas u organizaciones débiles, sólo se podrán autogestionar algunas necesidades, sin entrar en confrontación explícita y directa contra el poder. Por el contrario, cuando los niveles de organización mejoran, el conflicto se hace evidente y progresivo.

El segundo elemento a destacar, es que la autogestión cumple un doble rol en el proceso revolucionario. Actualmente se levanta como forma de resistencia al capitalismo, satisfaciendo algunas necesidades mínimas para subsistir. Pero por otra parte, las experiencias de autogestión, por pequeñas que sean, constituyen proyecciones concretas de la sociedad que se desea construir. La autogestión en el capitalismo es una “gimnasia” que prepara a la clase oprimida y la inserta en el proceso revolucionario.

Para el anarquismo la revolución es aquí y ahora, no en un futuro lejano cuando se cumplan determinadas condiciones. Por esto, citando a Malatesta, “fomentar toda clase de organizaciones populares es la consecuencia lógica de nuestras ideas básicas, y por lo tanto debería ser una parte integral de nuestro programa… los anarquistas no quieren emancipar al pueblo; quieren que el pueblo se emancipe a sí mismo… queremos que la nueva forma de vida surja del pueblo y corresponda a su estado de desarrollo y que avance al paso que ellos avanzan” Así las organizaciones sociales deberán ir copando los espacios ocupados por el capitalismo hasta que el Estado sea innecesario. Sin embargo, este proceso generará momentos de crisis social o quiebres, tal como ocurrió en Chile en 1973, cuando el movimiento obrero que se articuló a partir de los cordones industriales entró en abierto conflicto con los sectores patronales y gubernamentales. Por lo que el desafío de ese momento, será derrocar, con todos lo medios disponibles y de manera definitiva el orden burgués.

La autogestión significa autogobierno. La UAS desea que las personas, fábricas, barrios, pueblos, ciudades y demás entidades, gestionen sus propios asuntos, sin la intervención de autoridad alguna.

No se trata de dar a los trabajadores los medios y las vías que se crean necesarias y eficaces para entregar al Estado en manos de tal partido político; se trata de enseñarles como se administra una industria, como se reorganiza la producción sobre nuevas bases, como se resuelven las contradicciones evidentes entre la agricultura y la industria. En una palabra, no se trata de la conquista de las fábricas y del suelo, sino de su autogestión.

Rudolf Rocker “LAS BASES DEL SINDICALISMO REVOLUCIONARIO”

Las Tácticas: la Acción Directa

La Unión Anarco-Sindicalista es anti-reformista, se opone al Estado, a los políticos, a los partidos, a las elecciones, al ciudadanismo, a ese programa, prácticas y tendencias. Lo que queremos es la anarquía, y para llegar a ella es la vía revolucionaria, esa de la acción directa, la de libre asociación de la clase trabajadora, no la reformista ni medias tintas. La UAS es anarquista

Por acción directa, los anarcosindicalistas dan a entender todos los procedimientos inmediatos de guerra contra sus opresores económicos y políticos. Entre esos procedimientos, los más salientes son: la huelga en sus distintos grados, desde la simple lucha en demanda de mejora de salarios, hasta la huelga general; el boycott; las infinitas formas del sabotaje; la propaganda antimilitarista; y en casos sumente críticos, la resistencia armada del pueblo en defensa de la vida y la libertad.

La Acción Directa desde los medios oficiales se ha intentado relacionar con violencia o terrorismo, pero ello no tiene nada que ver.

El verdadero significado es el de hacer las cosas sin intermediarios, con los medios que tengas, despreciando y rechazando al Estado y a cualquier figura o forma de poder despótico, entendiendo que ésta ha de intentar servir para resolver y dar respuesta a cierto problema o asunto que se considere necesario.

Entre estas diversas formas de lucha técnica, la huelga, es decir, la negativa organizada a trabajar, desempeña, por lo que a los trabajadores respecta, un papel equivalente al de los frecuentes levantamientos de campesinos en la edad feudal. En su forma más sencilla, la huelga es el medio de mejorar la condición general de la vida del obrero y de defender las mejoras ya logradas, contra las medidas concertadas de los patronos. Pero la huelga no es para el proletariado solamente un medio para la defensa de sus inmediatos intereses económicos, sino que es una escuela constante para el empleo de su energía o capacidad de resistencia, pues le demuestra, un día y otro, que el menor desus derechos tiene que ser ganado por medio de incesante lucha contra el sistema vigente.

Tanto las organizaciones combativas de los trabajadores, como la misma lucha cotidiana en torno al salario, son consecuencia del orden económico capitalista, y, por consiguiente, constituyen una necesidad vital para el obrero. Sin ello, éste se vería hundido en el abismo de la miseria. Es cierto que el problema obrero no puede resolverse solamente con huelgas por el aumento de los jornales, pero esas huelgas son el mejor instrumento educativo para que los trabajadores se percaten de la verdadera esencia del problema social, adiestrándolos en la lucha para la liberación de los sometidos a la esclavitud económica y social. También tiene un valor axiomático la afirmación de que mientras el trabajador tenga que vender sus manos o su cerebro a un patrono, nunca obtendrá más que lo estrictamente indispensable para ir viviendo. Pero las necesidades indispensables a que tiene que atender no son siempre las mismas, sino que cambian constantemente con los requerimientos que el trabajador hace a la vida.

Aquí llegamos al punto de la significación general cultural que encierra la lucha del trabajo. La alianza económica de los auténticos productores no sólo les proporciona un arma para obligar a que se les mejore el nivel de vida, sino que se convierte para ellos en una escuela práctica, en una universidad de experiencia, en la que adquieren instrucción e ilustración, en inestimable medida. Los experimentos y sucesos prácticos de la lucha cotidiana de los trabajadores se traducen en un precipitado intelectual en sus organizaciones, ahondando su comprensión y ampliando las perspectivas de su pensamiento. Por la constante elaboración intelectual de sus experimentos en la vida, se desarrollan en los individuos necesidades nuevas y nuevos estímulos en distintos campos de la vida del pensamiento. Precisamente en este desarrollo estriba la gran significación cultural de esas luchas.

Una verdadera cultura de la inteligencia y la demanda de más altos reclamos a la vida son cosas que no pueden producirse mientras el hombre no haya alcanzado cierto nivel material de vida, que le haga capaz de ello. Sin este preliminar, toda aspiración intelectual superior queda desplazada. Hombres constantemente amenazados por una espantosa miseria, apenas pueden concebir nada que se refiera a altos valores intelectuales. Hasta que los obreros, después de varias décadas de lucha, no alcanzaron por sí mismos un tipo de vida mejor, no pudo hablarse entre ellos del desarrollo intelectual y cultural. Y es esta aspiración de los trabajadores lo que el patrono ve con mayor recelo. Para los capitalistas, como clase, sigue teniendo todo su significado la conocida frase del ministro español Bravo Murillo: «No necesitamos hombres que piensen, entre los obreros; lo que se necesita son bestias de labor.»

Uno de los resultados más importantes de luchas económicas diarias es el desarrollo del sentido de solidaridad entre los trabajadores, cosa que para ellos tiene un alcance muy distinto que la coalición política de los partidos, en la que entra gente de todas las clases sociales. Una sensación de mutua ayuda, cuya fuerza se renueva constantemente en la brega ininterrumpida por las necesidades de la vida, que está decontinuo reclamando con el máximo apremio la cooperación de los seres sujetos a las mismas condiciones, obra en forma muy distinta que los abstractos principios de partido, que, por lo general, no tienen más que un valor platónico. Nace la conciencia vital de un destino común, y gradualmente se desarrolla hasta formar un nuevo sentido del derecho, llegando a ser la condición ética preliminar para todos los esfuerzos de liberación de una clase oprimida.

Fomentar y robustecer esta natural solidaridad de los trabajadores y dar a cada movimiento huelguístico un carácter social más profundo, es una de las tareas que se han impuesto los anarcosindicalistas. Por eso una de sus armas preferidas es la huelga por solidaridad. Este procedimiento hace que la batalla económica se convierta en una verdadera acción de los obreros como clase. La huelga solidaria es la colaboración de las categorías de industrias colaterales, pero también de las no relacionadas entre sí, con objeto de prestar ayuda en la lucha por el triunfo a un determinado ramo, haciendo extensivo el paro a otras industrias cuando se juzga conveniente. En este caso los trabajadores no se contentan con prestar socorro económico a sus hermanos en lucha, sino que van más lejos y, paralizando industrias enteras, causan una rotura en el conjunto de la vida económica, con objeto de lograr que sus reclamaciones sean atendidas realmente.

La acción directa ejercida por la organización del trabajo tiene en la huelga general su expresión más acusada, es decir, la paralización del trabajo en cada ramo de la producción simultáneamente, para la resistencia organizada del proletariado con todas las consecuencias que de ello derivan. Es el arma más poderosa que tienen los trabajadores a su disposición, y ofrece la prueba más convincente de su fuerza como factor social.

Naturalmente que la huelga general no es un procedimiento al que pueda recurrirse arbitrariamente, por cualquier motivo. Requiere ciertas premisas sociales que le den su verdadera fuerza moral y hagan de ella una manifestación de la voluntad de vastas zonas de la masa popular. La ridícula pretensión, tan a menudo atribuida al anarcosindicalismo, de que es simplemente bastante proclamar una huelga general para establecer en pocos días una sociedad socialista, es una acusación sencillamente estúpida, una invención de adversarios malintencionados para desacreditar una idea contra la cual no tienen mejores argumentos.

La huelga general sirve para varios fines. Puede ser el último grado de unas huelgas solidarias. Puede ser también el medio por el cual la organización trabajadora procura hacer presión para obtener satisfacción a alguna demanda general.

Pero la huelga general puede tener también objetivos políticos, como por ejemplo la lucha de los trabajadores para libertar a los presos políticos, o la huelga general para obligar al Gobierno a terminar una guerra.

La gran importancia de la huelga general está en lo siguiente: de golpe provoca la paralización de todo el sistema económico y lo sacude hasta los cimientos. Por otra parte, una acción así no depende de la preparación práctica de todos los trabajadores, de la misma manera que tampoco todos los ciudadanos de un país participaron nunca en una brusca transformación política. El que los obreros de las industrias más importantes, organizados, cesen en el trabajo en un momento dado, es suficiente para agarrotar todo el mecanismo económico, que no puede marchar sin la provisión diaria de energía eléctrica y materias primas de todo género. Por eso cuando las clases gobernantes se hallan enfrentadas con un proletariado enérgico, organizado y aleccionado en los conflictos cotidianos, se percatan de lo que arriesgan en el asunto, y, por encima de todo, temen
adoptar una actitud que podría conducirles a situaciones extremas.

Pero en tiempo de crisis social universal, o cuando, de lo que se trata es de proteger a todo un pueblo contra los ataques de la reacción oscurantista, la huelga general es un arma inestimable. La paralización de toda la vida pública dificulta el que se pongan de acuerdo los representantes de las clases dirigentes y los funcionarios locales con el Gobierno central, cuando no lo impide completamente. Incluso el ejército es en tales casos movido para otros servicios que los ordinarios en una rebelión política. En el segundo caso, le basta al Gobierno, mientras cuente con la lealtad de los militares, concentrar las tropas en la capital y en los puntos más importantes del país, con objeto de cortar los peligros que podrían alzarse.

Una huelga general, en cambio, obliga inevitablemente a diseminar las fuerzas armadas, pues entonces lo que importa es proteger todos los centros importantes de la industria y el sistema de transporte contra los huelguistas en rebelión. Ahora bien: esto quiere decir que la disciplina militar, que es mayor cuando la tropa opera en grandes formaciones, se relaja. Dondequiera que los militares se hallen en pequeños grupos frente a determinada gente que pelea por su libertad, hay siempre el peligro de que, al menos una parte de los soldados, reflexione y comprenda que, al fin y al cabo, está apuntando con las armas a sus propios padres y hermanos. Porque el militarismo es también fundamentalmente un problema psicológico, y su funesta influencia se manifiesta
invariablemnte de manera más peligrosa cuando a los individuos no se les da medio de pensar en su dignidad de seres humanos, no se les ofrece ocasión de ver que hay otras funciones más altas en la vida que entregarse a los designios de un opresor sanguinario del propio pueblo.

Para los trabajadores, la huelga general sustituye al levantamiento de barricadas de las agitaciones políticas. Es para ellos una derivación lógica del sistema industrial que les convierte hoy en sus víctimas, y les da, a la vez, el arma más poderosa para recabar la libertad, con tal que tengan la medida de su fuerza y acierten a emplear dicha arma en forma adecuada. Guillermo Morris, con la profética visión del poeta, auguró este desarrollo de la situación en su espléndido libro: News from Nowhere -Noticias de ninguna parte-, en el que hace preceder la reconstrucción socialista del mundo de una serie de huelgas de creciente violencia, que destruyen todo el viejo sistema, hasta en sus más firmes cimientos, hasta que, por fin, los que lo defendían no tienen más remedio que ceder toda resistencia ante semejante despertar de las masas laboriosas de la ciudad y del campo.

En conjunto, el desarrollo del capitalismo moderno, que actualmente va en aumento como gravísimo peligro para la sociedad, no servirá más que para hacer cada día más amplia esta visión de a clases trabajadoras. La esterilidad de la participación de los trabajadores en los parlamentos, que se ve cada día más claramente en todos los países, obliga a volverse a nuevos métodos para la defensa eficaz de sus intereses y su eventual liberación del yugo de la esclavitud del salario.

Otra forma importante de lucha, de acción directa, es el boycott. Puede ser empleado por los obreros tanto en su calidad de productores como de consumidores. La negativa sistemática a adquirir las mercancías procedentes de aquellas empresas cuyos productos no son elaborados en las condiciones aprobadas por los sindicatos, puede tener una importancia decisiva, especialmente en ramos de la industria que provee de mercancías de uso general. Al mismo tiempo el boycott es muy adecuado para influir en la opinión pública en favor de los trabajadores, si éstos acompañan su actitud de una propaganda acertada. El label sindical es un medio para facilitar el boycott, pues da al comprador la contraseña que le permite distinguir los géneros que desea de los que quisieran darle de otro origen.

El boicot es una herramienta de lucha de los trabajadores y trabajadoras. Consiste en dejar de mantener relaciones económicas contra algún explotador. Solemos llamar al boicot cuando hay trabajadores y trabajadoras organizadas luchando contra una injusticia en una empresa. Entendemos el boicot como una herramienta de apoyo a una lucha concreta. Es una herramienta muy potente porque, por su sencillez, puede ser apoyada por muchas personas, y toca donde más le duele a los empresarios y empresarias, en sus bolsillos.

Un boicot puede mantenerse con el piquete informativo. Consiste en juntarse frente a la entrada de la empresa o establecimiento, en la calle o en la en la acera y anunciar las exigencias, las irregularidades e injusticias de la compañía mediante carteles, banderas, pancartas, megáfono y octavillas. Esto puede presionar para que se haga lo que se exige.

Como productores, los obreros tienen en el boycott un medio de imponer el embargo a las empresas fabriles que se mostrasen especialmente hostiles a la organización sindical. el boycott es uno de los recursos de lucha más eficaces que tiene en sus manos la clase trabajadora, y cuanto más se percaten los obreros de este medio, tanto mayor será su comprensión y su éxito en los problemas de la lucha cotidiana.

Entre las armas del repertorio anarcosindicalista, el sabottage es la más temida por los patronos y la más condenada como «ilegal». En realidad se trata de un método económicode guerrilla, tan antiguo como el mismo método de explotación y de opresión política. En algunos casos, es un recurso obligado si fallan los demás medios puestos en juego. El sabotaje consiste en que los trabajadores opongan los mayores obstáculos posibles a la marcha del trabajo normal. En general, así se procede cuando los patronos, valiéndose de unas circunstancias económicas adversas a la industria, o de otra causa, ven una ocasión de aprovecharse y tratan de rebajar el nivel de vida del trabajador, por la disminución de los salarios y el aumento de la jornada de labor. La palabra misma está tomada del vocablo francés sabot -zueco-, y se da a entender con ello que el trabajo se haga torpemente, como a golpes de zueco. El significado total de la palabra sabottage se expresa hoy en este principio: a malos jornales, mal trabajo. Es ésta una consideración a la que también los patronos se atienen al calcular el precio según la calidad de la mercancía. El productor, el obrero, se encuentra en idéntica posición: sus productos son su poder de trabajo y es sencillamente natural que trate de disponer de él en las mejores condiciones que pueda obtener.

Pero cuando el patrono se aprovecha de la mala situación del producto para imponerle un precio a su trabajo, lo más bajo posible, no debe extrañarse de que procure defenderse lo mejor que pueda. y que para lograrlo emplee los recursos que las circunstancias le deparan.  En realidad, la política denominada ca’ canny -ir despacio- que, según la palabra indica, los trabajadores ingleses tomaron de sus hermanos los obreros de Escocia, era ya la primera y más eficaz forma de sabotaje. En todas las industrias actuales hay mil medios por los cuales los trabajadores pueden entorpecer la producción: en todas partes, por el moderno sistema de división del trabajo, la menor perturbación en un ramo de la industria puede provocar la parálisis de la totalidad del proceso de la producción.   Cuando los patronos se encuentran ante el hecho de que incluso en una situación desfavorable para los obreros, en la que éstos no podrían arrostrar una huelga, tienen aún medios de defensa poderosos, se convencerán de que no les trae cuenta aprovechar determinada situación, dura, para imponer a los operarios condiciones de vida más duras aún.

La llamada sit down strike -huelga sentada, o de brazos caídos- que con tal rapidez se corrió de Europa a los Estados Unidos y que consiste en que los trabajadores se mantengan en la fábrica día y noche, sin mover un dedo, con objeto de impedir completamente que sean sustituidos por esquiroles, entra también en él orden del sabotaje. Con frecuencia el sabotaje se produce así: antes de una huelga, los obreros ponen las máquinas en forma que no puedan ser utilizadas fácilmente por suplentes de los huelguistas, o imposibles de funcionar en bastante tiempo. En ningún campo hay tanto margen para la imaginación del operario como en éste. Pero el sabotaje de los trabajadores siempre se dirige contra los patronos, nunca contra el consumidor. El sabotear a los consumidores es privilegio ancestral de los patronos. La adulteración intencionada de los alimentos, la edificación de míseros barrios -slums- y viviendas malsanas con el material peor y más barato; la destrucción de grandes cantidades de productos alimenticios, para mantener los precios, cuando hay millones de seres que perecen en la más espantosa miseria; los constantes esfuerzos patronales para deprimir lo más posible el nivel de la subsistencia de los trabajadores con el afán de aumentar sus ganancias; la impúdica costumbre de las industrias de armamento de proporcionar a otros países equipos completos de guerra, que, si llega el caso, serán empleados para devastar el país que los produjo, éstos y otros muchos, son ejemplos sueltos de una inacabable lista de tipos de sabotaje empleados por los capitalistas contra su propio pueblo.

Los anarcosindicalistas opinan que la gran tarea futura de los sindicatos consiste en intervenir enérgicamente en esto. Un primer paso en este sentido haría que, al mismo tiempo, la posición social del obrero se elevase y confirmase en gran medida esta posición.

Proceder a la acción directa

Primero se puede enviar una carta o correo a la administración o gerencia de la empresa, allí se declaran las exigencias. Si no responden o no hacen caso, en asamblea se podría decidir si hacer un paro de labores, huelga o boicot, etc.

Un ejemplo de Acción Directa se podría ver frente a un despido. Sabiendo que no se puede confiar en el Comité o sindicato de Empresa  si lo hay, que es una estructura de poder que tiene capacidad de decisión sobre el resto, la acción directa se realizaría por medio de asambleas de trabajadoras/es y/o secciones sindicales para preparar  un piquete informativo (por ejemplo), o, en caso de estar en solitario, ya que es muy difícil organizarse así para realizar alguna de estas acciones con los compañeros del trabajo,  porque no se atreven a la acción directa, por miedo o por influencias conformistas o reformistas, es formar un grupo con compañeros que afinen con el anarcosindicalismo y promoverlo para poder llevar a cabo estas actividades en un futuro . .. Es decir, si los o las compañeras de donde trabajas no quieren hacer nada, eso no es ningún impedimento para que puedas organizarte y luchar con trabajadores o trabajadoras de otras empresas. No necesariamente tienen que ser empleados para considerarse clase trabajadora. Para hacer anarcosindicalismo no es necesario registrar un sindicato oficialmente, ni tampoco lo impide estar sindicalizado por parte de una empresa , ni tampoco tienes que ser empleado de alguna. Hacer anarcosindicalismo es hacer acción directa por justicia, dignidad o solidaridad. En el anarcosindicalismo  la solución de los problemas es mediante la acción directa.

Otro ejemplo. Frente al cierre de una empresa, la Acción Directa consistiría en la toma por parte de lxs trabajadoras/es de los medios de producción y su Autogestión. Estas acciones se han de hacer sin estructuras jerárquicas, desde la horizontalidad, sin líderes ni vanguardias. Debería ser una obligación moral el respeto entre compañeras/os, donde hablar y razonar con el fin de solucionar los problemas de la mejor forma posible si realmente se quiere funcionar. Sin imposiciones y sin gente que diga que hará pero no hace. El compromiso se ha de respetar por encima de todo para el buen funcionamiento de las cosas. El rencor es perjudicial porque acabará pasando factura, lo ideal es ir solucionando todos los problemas que vayan surgiendo evitando así que se vayan haciendo bolas ya insalvables después.

“Haz con Acierto y Conseguirás”. Está claro que no siempre se consigue lo que se quiere ni tampoco siempre se acierta, pero es que la realidad supera cualquier cosa que se pueda escribir o pensar.

Siempre existe la posibilidad de que salga mal, pero eso le da encanto y te hace sentir libre. Nos debería hacer ver que el esfuerzo merecerá la pena. Y es que con el esfuerzo nos podemos sentir mas vivos, aprender, madurar, cultivarnos, crecer y ver como nuestras motivaciones son realizables. Siempre sabe mejor lo que se cultiva.

Estos son los procedimientos o medios que la UAS necesita poner en practica para reafirmar los principios que la animan y crear las condiciones que facilitarán en su día el logro de las finalidades. En este punto la UAS y el Anarcosindicalismo se juegan toda su credibilidad ante los trabajadores, y por ende las posibilidades ulteriores de un crecimiento que le permita extenderse a todos los sectores como alternativa revolucionaria decisiva.

Afirmamos que el problema de los fines y los medios constituye hoy el punto clave con el que se enfrenta, genéricamente hablando, el socialismo. Dentro de este campo solo ganarán la credibilidad final del pueblo aquellos sectores que presenten una coherencia total entre los fines propuestos y los medios puestos en juego para lograrlos. Esto quiere decir que los medios o tácticas o prácticas utilizadas, nunca deberán entrar en contradicción con los principios y finalidades, so pena de invalidar a estos últimos por completo. El testimonio histórico es claro: los que trataron de hacer compatible el logro de la sociedad sin Estado y sin Clases con la conquista revolucionaria del poder político y la creación de un Estado provisional o transitorio derivaron finalmente hacia el Estado totalitario que hoy oprime a estos pueblos y silencia y tortura a los disidentes. Por otra parte, los que, reclamándose de iguales principios y fines, pusieron toda su confianza en la conquista de ese mismo poder político mediante el voto popular, acabaron siendo absorbidos por la democracia burguesa, de la que se constituyeron en fieles administradores. De este modo las aspiraciones revolucionarias de la clase trabajadora han sufrido un evidente revés. Los trabajadores han perdido en gran parte sus objetivos como consecuencia de las manipulaciones de partidos y sindicatos que, en la mayoría de los casos, apuntan a un reformismo corporativista, que lleva a la perduración indefinida del sistema de explotación que padecemos.

El anarcosindicalismo, lucha, para, por una parte, no ser asimilado por el sistema y, por otra obtener nuevas vías de penetración que permitan acercamos a la revolución y al tipo de sociedad futura a la que aspiramos.

La UAS debe conseguir a través de sus tácticas entiéndase sus medios o prácticas, acercarse cada día más a los fines propuestos por lenta que esta aproximación pueda parecer. Para ello debemos evitar el tipo de contradicciones sufridas por otras organizaciones llamadas revolucionarias, si queremos preservar nuestra identidad.

El anarcosindicalismo, sin embargo, precisa hoy de una evolución imaginativa y combativa, si pretendemos enfrentarnos a la fuerte oposición que ejerce en la actualidad el sistema en todos los órdenes de nuestra vida tanto en el aspecto laboral como social y cultural. Sin este esfuerzo, en todos y cada uno de los puntos en que somos explotados y oprimidos, nuestras pretensiones revolucionarias quedarán inevitablemente ahogadas. Nuestras tácticas o medios se resumen en lo que llamamos acción directa. Esta deriva naturalmente de los análisis realizados al definir los principios y finalidades y las nociones de anticapitalismo, antiestatismo y federalismo. En realidad, la acción directa, que a ojos del observador superficial puede parecer como acción violenta y desnuda, es otra cosa muy distinta, aunque asuma o pueda asumir llegado el momento, la violencia revolucionaria. Se trata de una metodología que resume la visión global del mundo que profesan los/as anarcosindicalistas y en la que se funden armoniosamente los planteamientos teóricos con la acción práctica encaminada a realizarlos, sin fracturas ni contradicciones.

La acción directa es la única asumible por nuestra militancia y viene prefigurada en todas las aspiraciones enunciadas. La visión antiautoritaria de la historia, la nueva ética de la responsabilidad personal e intransferible, el carácter soberano que adscribimos a la persona humana para determinar su destino, nos lleva a rechazar cualquier forma de mediación o de renuncia de la libertad y de la iniciativa individual y colectiva en segundos o terceros, no importa quiénes sean dejando en sus manos TODO el poder de decisión. ESTA RENUNCIA ES EL HECHO CLAVE, la pendiente por la que se deslizan hacia su ruina las diversas escuelas del socialismo que exigen la dependencia del ciudadano. Pero queremos dejar bien sentado que la acción directa no presupone la acción individual y aislada de la persona, sino la actuación colectiva y solidaria de todos los trabajadores y trabajadoras para resolver sus problemas en el momento histórico que vivimos, frente a los individuos que detentan el poder o sus intermediarios. Y será ese colectivo de trabajadores el encargado en todo momento de arbitrar los medios para aplicar esa acción directa del modo que el conjunto o asamblea considere más oportuno en cada caso, siempre que no se vaya contra la esencia misma de la UAS. La defensa de los trabajadores es un derecho y un deber ineludible para lo cual pueden utilizarse métodos variados y que van desde el label, censura sindical, trabajo lento, boicot… hasta la huelga de solidaridad y la huelga general revolucionaria.

Esta acción directa en definitiva nos lleva a rechazar parlamentos, elecciones parlamentarias y referendos, instituciones todas que son la clave de la intermediación. En el terreno económico reivindicativo y por las mismas razones, rechazamos todo tipo de entidades arbitrales entre el capital y el trabajo, como jurados mixtos comisiones de arbitraje etc. manifestándonos en favor de la confrontación libre y directa del capital y el trabajo. Es por todo lo dicho, en suma, por lo que rechazamos el Estado en todas sus formas.

Sindicato de oficios varios.

Un sindicato de oficios varios o SOV, denominado en el Cono sur como sociedad de resistencia, es un conjunto de trabajadores de distintos oficios y ramos de producción que se unen para defender sus intereses cuando no existen personas suficientes trabajando en un mismo ramo para crear sindicatos de ramo. En inglés se la denomina general union, mientras en portugués se la conoce como sindivários.

En la terminología anarcosindicalista estos sindicatos están formados por un mínimo de tres  a cinco personas siendo indiferente los oficios o ramos de producción en los que trabajen. En algunas organizaciones se necesitan más, cada organización decide cuantos afiliados necesita para formar un sindicato, según su realidad. A medida que un sindicato de oficios varios va creciendo, pueden irse formando sindicatos de ramo, quedando menos trabajadores encuadrados en el sindicato de oficios varios en sí. Se puede formar un sindicato de ramo sin formar un SOV.

Cuando no se llega al mínimo de personas, se puede formar un núcleo confederal.

Nuestro arsenal

En los conflictos los trabajadores y trabajadoras empleamos nuestras armas:

-La Acción Directa. Ya se ha hablado de ella y es la base de toda la actividad práctica de la UAS. Ante un problema concreto, piensa en cómo usarla siempre en primer lugar.

-El boicot. Supone el intento de hundir la actividad comercial de una empresa, no consumiendo sus productos, y evitando que otras personas lo hagan, mientras la empresa u organismo no modifique la actitud que motiva el boicot. Por ejemplo, se boicotea una marca de cerveza. No sólo se trata de que la gente no beba, sino de presionar a los bares para que no vendan esa cerveza, a los repartidores para que no la comercialicen etc.

-Piquetes informativos. Procedimientos de denuncia, mediante manifestaciones, concentraciones, actos de protesta, octavillas, notas de prensa, etc. que informan del conflicto a la ciudadanía, a la vez que hacen que la empresa pierda su buena imagen.

-El sabotaje. Esta palabra designa un grupo muy amplio de actividades que van desde la realización de trabajos de mala calidad, a la inutilización de máquinas y productos, y la obstaculización del trabajo, en la llegada de materias primas, en la elaboración del producto y en su distribución.

-La información-propaganda. La charla, conferencias, coloquios, asambleas, edición de prensa, actividades culturales etc.

-La huelga. La huelga supone paralizar la producción. Para la UAS la huelga debe siempre ser indefinida, y acabar, bien cuando se obtenga lo que se pide, o bien cuando se haya llegado al límite de fuerzas. En el desarrollo de la huelga deben intervenir sólo el mundo del trabajo y el capital, sin necesidad de preavisos, servicios mínimos ni intervenciones del estado. Este tipo de huelga es calificada por el capital de “salvaje”, y para ello ha regulado la huelga dentro de unos cauces “domesticados”, para que pierda su efectividad. Una huelga que no crea problemas y que no provoca más pérdidas al capital de las que ocasiona al mundo del trabajo es absurda. Lo que hoy día se llama pomposamente derecho de asistir libremente al trabajo, no es más que una mentira. Hacer una huelga significa, romper la tregua y declarar abiertas las hostilidades. Quien la sostiene y corre los riesgos, es la persona activa, no el esquirolaje. Quien rompe la huelga perjudica no sólo a sus compañeres, sino que además actúa de forma cobarde, pues se beneficiará de las mejoras que se consigan, sin arriesgar ni perder nada. Es por ello que no son los piquetes los que crean crispaciones y conflictos, sino el esquirolaje.

-La Ayuda Mutua. Que nos permite aumentar nuestras fuerzas en caso de conflicto.

-El sindicato. Su estructura antiautoritaria, su proceso de toma de decisiones, su autonomía frente al estado, partidos políticos y grupos religiosos, y su finalidad transformadora.

-La gente. Que ha de ser la protagonista, sin líderes, vanguardias ni programas de su propio destino. Sin gente, sin pueblo no habrá transformación social posible.

Organízate y lucha. Nuestra fuerza: La solidaridad

Para darte cuenta de tu fuerza y tu poder como trabajador lo primero que deberías plantearte es de quién produce realmente el beneficio de una empresa. Rápidamente verás que sin los trabajadores los empresarios y los accionistas por mucho capital, oficinas, ordenadores, máquinas … que posean, no pueden crear las mercancías y servicios que en última instancia venden para conseguir beneficios. De esta forma el empresario te necesita a ti, y no al revés. Igualmente, el interés de la empresa será siempre maximizar beneficios, lo que chocará con la calidad de tus condiciones de trabajo. Los intereses de la empresa, no son los tuyos.

La empresa intentará evitar a toda costa que tú te des cuenta y te unas con la gente que está en tu misma situación, tus compañeros. Intentarán por todos los medios dividir e incluso enfrentar a gente que en realidad tiene unos intereses sociales similares. A continuación veremos que medios usan para ello y porque deberías unirte con tus compañeros para luchar juntos por mejorar vuestras condiciones laborales. Recuerda: la unión hace la fuerza y ¡juntos podemos!

Las formas de dividir a la gente son muchas y diversas. División entre trabajadores fijos, temporales, en prácticas y en formación. Esto se está exacerbando con la excusa de la crisis y las sucesivas reformas laborales para precarizar cada vez más el empleo. La diferencia de salarios es otra forma de separar a los trabajadores. Pero por mucho dinero que cobres, sigues siendo un asalariado bajo las mismas condiciones de explotación que tus compañeros. Los intereses de los trabajadores son los mismos independientemente de su salario, porque éste solo diferencia la cantidad de cosas que podrás comprar, pero seguramente tu felicidad no depende solo de tu capacidad de consumo. Las condiciones en las que realizas tu trabajo afectan también a tu calidad de vida, y esto no depende del sueldo que cobres.

Otra técnica es la creación de multitud de puestos de jefes, niveles y mandos intermedios sin ningún poder real de decisión y que en realidad son como cualquier trabajador más, igual de explotado que el resto. Esto sirve para que se crean parte de la empresa en vez de trabajadores y crean que sus intereses son coincidentes con los de la empresa, cuando en realidad como cualquier otro asalariado esta en la misma situación que tú.

Como puedes ver, son muchas las formas de dividirnos. Pero si se toman tantas molestias en hacerlo, ¿No será que tienen miedo de nuestro auténtico poder? Como ya lo hemos dicho juntos podemos cambiar nuestras condiciones en el puesto de trabajo. Nuestra fuerza viene de que somos necesarios para la empresa, pero cuanto más unidos actuemos, más se multiplica esta fuerza. A la hora de denunciar injusticias en nuestras condiciones laborales, siempre tendrán más efecto nuestras acciones y por tanto tendremos más fuerza negociadora, cuantos más seamos y más unidos estemos en torno a nuestras reivindicaciones. Estas acciones pueden ser muy variadas, según el contexto particular, pero dos de las más comunes son la Huelga y el Boicot; la acción directa.

Por todo ello queremos conocer a aquellos que tienen problemas en su trabajo y quieran hacerle frente, de cara a apoyarlos en la medida de nuestras posibilidades, creando así redes de apoyo y solidaridad para salir del aislamiento. Formar grupos de acción directa para apoyar a las clases trabajadoras que lo deseen e invitarlas a ser parte de la militancia anarcosindicalista, formar un frente de solidaridad contra los ataques del capitalismo y construir un mundo sin opresión ni explotación.

Las asambleas son un buen primer paso.

A partir de estas es posible crear un movimiento que transfiera los principios de la democracia directa y la acción directa a todos los segmentos de la sociedad. Podrían ayudar a que el movimiento alcanzara sus metas de transferir el poder de toma de decisión a las masas, y de esta forma, establecer los cimientos de una sociedad mejor –y más libre. Idealmente, los trabajadores tendrán más que decir sobre todos los aspectos de sus vidas, con asambleas en todas las industrias y tipos de centro de trabajo, comenzando con aquellos que proporcionan y mantienen las infraestructuras básicas tales como la electricidad, el agua, las telecomunicaciones, etc. Una de las primeras tareas de los revolucionarios de hoy es crear el tipo de organización necesaria para hacerse con el control ante los gobernantes actuales y organizarse –de una forma disciplinada y bien planificada- contra las fuerzas represivas del estado.

Si queremos crear en el futuro una sociedad sin clases, sin estado, de democracia directa y genuinamente autogestionada, necesitamos construir ahora nuestros movimientos. Si usamos el tiempo de que disponemos ahora, podríamos crear un movimiento de la clase trabajadora contra el nacionalismo, contra el imperialismo y por un futuro que todos tenemos interés en compartir, con propiedad colectiva y libertad para todos.

FIN A LOS MANGONEOS QUE NOS HACEN LA MAFIA, GOBERNANTES, EMPRESAS Y SINDICATOS TRAIDORES: LA AUTOORGANIZACIÓN Y SOLIDARIDAD OBRERA.

Proponemos el anarcosindicalismo, un movimiento de clase trabajadora, internacionalista, combativo, revolucionario, anticapitalista y antiautoritario; un movimiento cuya única ambición es la autoorganización de la clase trabajadora para su emancipación y la autogestión entre nosotras/os sin necesidad de jefes ni patronos. De la misma manera que en nuestro trabajo diario demostramos que funcionamos mejor cuanto menos intervienen subdirectoras, gerentes, soplones, vendeobreros y toda esa calaña que solo intenta sacar beneficio político y personal a costa de nuestro esfuerzo y sudor y que no conocen, ni les preocupa el trabajo que se está haciendo.

El anarcosindicalismo es un medio, una herramienta donde empleades, desempleades, trabajadors por cuenta propia, estudiantes,  hombres y mujeres de clase trabajadora nos asociamos entre iguales para ayudarnos mutuamente y para pasar de una sociedad aislada, individualista, inculta, autoritaria, esclavizada, sin iniciativa y de competencia ; a una amistosa, fraterna, inteligente, libertaria, libre, con iniciativa y de apoyo mutuo. Y defendernos de un sistema que nos explota y oprime, y combatirlo y sustituirlo por el comunismo libertario.

DE CADA CUAL SEGÚN SU CAPACIDAD, A CADA CUAL SEGÚN SU NECECIDAD.

Comunismo Anárquico (Comunismo Libertario)

Descentralización completa de todos los aspectos de la vida social y económica de la colectividad humana.

Nueva reorganización social partiendo de las comunas libres, en libre federación, en toma de conciencia individual, que es donde la autentica voluntad general se abre camino.

En las que las restricciones necesarias al equilibrio vital aparezcan como necesarias y deseables y no como limitaciones impuestas mas o menos arbitrariamente desde las alturas autoritarias.

Nuevo sentido y aspecto a la vida ciudadana. Abandono progresivo de las urbes, monstruosas fuentes de contaminación.

Humanización de la producción partiendo del mismo principio regulador. Unidades reducidas donde el aporte individual es más personal y menos mecanizado. Desaparición de la producción por la producción y del crecimiento inútil y destructor del equilibrio.

Un control más racional de la agricultura. Volver al cultivo natural variado, con supresión de monocultivos gigantescos, factores de empobrecimiento de los suelos.

Explotación colectiva de las tierras.

Normalización de la vida. Dispersión de los centros de producción. Fusión progresiva entre el campo y la ciudad.

Supresión de la producción de tipo comercial, de corta duración y retorno a productos naturales, reduciendo al mínimo la utilización de sintéticos y plásticos.

Normalización y regularización racional de la distribución como responsabilidad colectiva, eliminando todas las funciones de publicidad y los intermediarios comerciales.

El hombre quiere trabajo y belleza. Y encontrará así, en la comunidad productora una estructura organizativa en la que mejor se realiza el control interno de las individualidades. La dinámica estimulante partirá de cada individuo.

En esa comunidad de trabajo, como en la Comunidad de vida social, el individuo, el hombre como la mujer, pueden realizarse. Con esta reducción, con esta dispersión de los núcleos de vida social y económica, disminuiremos el impacto dañino que las grandes concentraciones industriales, y las grandes aglomeraciones producen en el medio ambiente.

Comuna libre, unidad social de base, autosuficiente y autoreguladora y contrariamente a las afirmaciones pesimistas de nuestros detractores, no introvertida, ni de espaldas al resto del mundo, sino unida a otros en libre federación que permita la interrelación necesaria para la realización de los trabajos que implican las necesidades regionales, del país, de continente, mundiales.

Grupo de trabajo, colectividad productora, unidad económica de base, autosuficiente y autoreguladora igualmente, en relación constante con los otros grupos de trabajo, federada por ramas de producción y en el orden geográfico.

Partiendo de estas dos células de base, la federación a todos los niveles, que equilibra posibilidades y disponibilidades, dentro de la norma reguladora: “a cada cual según sus necesidades, de cada cual según sus posibilidades”.

Labor inmensa, pero a la que nos vemos por la fuerza de la evolución destructiva, abocados necesariamente.

En la conservación de los bienes naturales, en su recuperación progresiva, los productores sabrán, sabiéndose dueños de sus destinos y sin dependencias extrañas, buscar y encontrar con espíritu de invención y con la instalación de técnicas nuevas, el medio de conservación máxima de materias y energías, de modalidades productoras no contaminadoras.

Los hombres dejarán de ser unidades insensibles, produciendo cantidades crecientes, para aumentar su instrucción y tener oportunidad de mejorar la calidad del trabajo personalizándolo.

La producción industrial como la agrícola existiendo en plena armonía en las comunidades la distinción irreal entre el hombre como productor y el hombre como vecino desaparecerá. Las necesidades de la comunidad y de las comunas preverán los trabajos en atención a su propia estabilidad y no porque un grupo cualquiera quiera beneficiarse del esfuerzo de los más.

Reforzar la capacidad y las facultades de la Comuna Libre que asumirá cuantas funciones le son propias y hoy están en manos del dictado autoritario.

Los temas que afectan a la vecindad competen a los vecinos, los que afectan al barrio a sus habitantes, los del taller, la fábrica o el campo, a quienes en ella trabajan.

Volver, así, en plena armonía, hacia la Naturaleza.

Ir a una sociedad más justa y agradable que la actual, vinculada en la superación del hombre y de sus relaciones, en lugar de Campo vasto ofrecido a las energías y talentos del científico y del técnico. Investigación científica pluridisciplinaria para estudiar y aprovechar los complicados mecanismos de la Naturaleza con los que hemos de aprender a cooperar.

Hacia una sociedad compuesta de comunas descentralizadas, federadas por libre consentimiento, repetimos, autosuficientes y una organización de producción que paralelamente hará que los hombres trabajen cerca de sus hogares, tengan la responsabilidad de organizarse y de regirse a sí mismos, de administrar sus escuelas, sus hospitales, su propia seguridad social y económica.

Donde el individuo adquiera una identidad personalísima, cualidad perdida en la sociedad de masas.

Dar así un nuevo sentido a la vida. Crear un nuevo conjunto de valores y sentirse orgulloso de sus realizaciones.

Detener la carrera hacia el precipicio, cambiar el legado de desesperación que pesa sobre nuestros hombros en herencia de esperanzas para todas las generaciones.

En esto consiste, el camino hacia la Anarquía.

(Del Boletín de Información A.I.T.)

¿SIGUE VIGENTE EL ANARCOSINDICALISMO?

El anarcosindicalismo parte de la premisa de que las personas perjudicadas por el capitalismo somos los únicos con capacidad para producir cambios profundos. Es un mero razonamiento de intereses: si eres dueño de una empresa y necesitas seguir ganando dinero con tus trabajadores, dificilmente querrás que cambien las relaciones laborales, si tienes un trabajo estable y bien remunerado en una profesión bien considerada por la sociedad, seguramente te conformarás con pequeños cambios, sin embargo, si todo tu familia lleva cuatro años en inestabilidad laboral y el banco te ha echado de tu casa, la caída entera del sistema laboral quizá no te parezca mala idea. Es decir, no todo el mundo va a luchar para que se produzcan los cambios sociales necesarios que hagan esta sociedad más justa.

Para el anarcosindicalismo además el núcleo del capitalismo se encuentra en el terreno económico y no en el político. Existen muchos sistemas políticos que funcionan bajo el capitalismo: democracias liberales, dictaduras militares, teocracias como la saudita e incluso estados socialistas como el chino o el vietnamita. Todos tienen un denominador común: las relaciones laborales, basadas fundamentalmente en un empresario que tiene dinero y que se aprovecha de la necesidad de los trabajadores que no tienen dinero, para ganar más dinero con ellos. Esta situación de dominación económica es la base que genera las demás situaciones de dominación en la sociedad. Por lo tanto la lucha, para que sea eficaz, debe darse en el terreno económico.

El anarcosindicalismo parte de premisas que le dan un gran potencial de cambio: organiza a las personas en el terreno económico, es decir, en la empresa; y además sólo permite que seamos los asalariados o los autónomos los que formemos parte del sindicato, es decir, sólo aquellos que podamos tener interés en cambiar la sociedad. Por todo esto, y pese al descredito del sindicalismo por parte de los sindicatos blancos, rojos, etc, el anarcosindicalismo sigue siendo vigente y necesario en la sociedad del siglo XXI.

La autoorganización y la lucha son armas poderosas.

Los anarcosindicalistas mostramos nuestra solidaridad ante la represión y los despidos, demostrando que la acción directa y el apoyo mutuo son nuestras mejores armas para defendernos de los abusos empresariales y de las condiciones de esclavitud a las que quiere someternos el capital.

Contra las ofensivas, abusos e injusticias de los gobiernos y la patronal:

-Transformación social
-Por el resurgir de la conciencia de clase
-En defensa de los derechos sociales
-Con todas las luchas obreras

Contra el desempleo y la crisis:

A trabajar menos para trabajar tod@s. Por el reparto del trabajo y de la riqueza. Por las 30 horas semanales sin reducción salarial. Jubilación a los 55 años. No horas extras. Por unas pensiones dignas para tod@s.

Anarcosindicalismo es Autonomía, Independencia, Asamblearismo, Apoyo Mutuo, Solidaridad, Acción Directa, Autogestión, Internacionalismo, Antiparlamentarismo, Antiestatismo, Anticapitalismo, Antiautoritarismo, Organización horizontal sin líderes ni dirigentes, sin representantes ni privilegiados, sin partidos y sin comités que decidan por ti.

Hay que fomentar el espíritu de solidaridad y de acción, por cuanto de ésta dependerá siempre el éxito de todos los movimientos parciales, precursores del estallido general en cuya acción intervendrán fatalmente los medios revolucionarios. A. LORENZO 

«Al buscar lo imposible el hombre siempre ha realizado y reconocido lo posible. Y aquellos que sabiamente se han limitado a lo que creían posible, jamás han dado un solo paso adelante». M. BAKUNIN

Por el resurgir de la conciencia de clase

Hoy la clase obrera no aspira como antaño a emanciparse de la opresión y la esclavitud, a expropiar al estado y a la burguesía todos los recursos que acumulan para que todo el mundo pueda beneficiarse.  No, hoy no aspira a destruir a la burguesía.  Hoy desea vivir como la burguesía.

¿Acaso no te das cuenta de que nunca formarás parte de su casta?  Sí, puedes llevar una vida similar a la suya a cambio de esclavizarte con tu patrón y con los bancos.  Sí, te permiten poseer ciertos artículos para que luego temas perderlos y así te muestres sumisos ante sus pretensiones.  ¿O es que creías que la fabricación en serie de productos extremadamente perecederos y de baja calidad, para que pudieras acceder a ellos, existe porque vivimos en un estado de bienestar donde todo el mundo puede tener aquello que desee?  Existe para que puedas consumir más y así ellos tengan que fabricar más, para enriquecerse mucho más, claro está.  Gastas tu dinero en artículos que tú mismo fabricas.  En cambio, no te ganas esos artículos con el sudor de tu frente, los adquieres gracias a la intermediación de los bancos y financieras, a los créditos, a las facilidades de pago… todo sea por consumir, todo sea por enriquecer más al empresario que no trabaja.

La tecnología actual nos permite organizarnos de manera más rápida y eficaz, permite una mayor comunicación si se utiliza bien.  La misma tecnología actual permite aumentar la producción a pasos agigantados, pero ello no repercute en las mejoras laborales.  Al contrario, en vez de mejorar las condiciones laborales del trabajador porque la producción aumenta y los beneficios se multiplican, éste se ve cada vez más abocado a una situación de esclavitud encubierta.  Y puesto que ha decidido querer ser como los burgueses y ha asumido ciertos créditos con los bancos, este trabajador ha decidido también no poner en riesgo su lugar de trabajo.  No lo pone en riesgo porque siente que todo el mundo que ha creado a su alrededor, su casa, su familia, su coche, la ropa, el agua, la luz, el móvil… que su vida entera depende únicamente de ese puesto de trabajo, de ese mísero sueldo y de ese empresario sediento de beneficios.  Por lo tanto, opta por adoptar una actitud egoísta, por pensar “me da igual lo que ocurra, yo debo conservar este puesto de trabajo, necesito el salario”.

Esta postura se ve más acentuada en los tiempos actuales, en los que no abunda el trabajo y sobran trabajadores.  Sin embargo, tiene su lógica: si la tecnología permite que aumente la producción con menos trabajadores, llegará un momento que serán necesarias muchas menos personas para producir la misma cantidad de bienes o artículos.  Este proceso inverso y paralelo está destinado a colapsarse, creando situaciones extremas de pobreza y un estrato social muy similar a la de la tiempos feudales.  El momento del colapso vendrá cuando ya no puedan incorporarse más personas al consumo (se incorporó la mujer aprovechando los movimientos feministas y estos últimos años se ha incorporado a jóvenes y chavales de muy cortas edades –con juguetes de diseño, teléfonos móviles y ordenadores a edades cada vez más tempranas, ropas de marca, etc.-, así como a las clases más humildes con los famosos stocks, los créditos, segundas marcas y marcas blancas), entonces el sistema de producción necesitará de un máximo de unidades para poder obtener beneficios (ya que el resto no se venderá) máximo que obtendrá cada vez con menos trabajadores a medida que avance la tecnología.

Pero no pasa nada, asumida a la fuerza tu actitud egoísta, solamente importa el momento presente, del pasado reniegas y del futuro solamente quieres ver sueños, pero nunca la realidad.  “Ya pasará… ya estaremos mejor… cuando pase la crisis, yo…”

 Piensa unos instantes, reflexiona… ¿realmente vale la pena? ¿Vale la pena vivir siempre como un esclavo para poseer bienes que condicionarán tu vida el resto de tus días?  ¿No sería mucho mejor que todo aquello que acumulan y poseen las clases pudientes, la burguesía, el estado, la iglesia… fuese puesto en común para beneficio de todos los mortales y no sólo de unos pocos?  Si eres consciente de que se produce en masa para que consumamos más, si eres consciente de que sobran recursos para que todo el mundo vivamos en la abundancia, sin miserias, sin hambres… ¿por qué te conformas con una vida de miedos, de privaciones, de esclavitud, de angustias… para que ellos vivan con todos los excesos y comodidades?  ¿De verdad piensas que todo debe funcionar así y ya está?  A lo largo de los siglos el ser humano ha ido conformando su propia historia… ¿por qué no lo hacemos ahora nosotras y nosotros?  Sin nosotros que producimos todo lo existente en este planeta, ellos no son nadie ni nada.

Tú cultivas los alimentos que sacian los estómagos de todo el mundo, tú construyes las casas que nos resguardan del frío y del calor, tú produces la ropa que viste hasta el último habitante de la tierra, tú fabricas, los vehículos, los electrodomésticos y cualquier bien material que exista sobre la faz de la tierra.  Y en cambio, otorgas los beneficios a ellos y vendes tu fuerza de trabajo para poder comprar aquello que tú mismo produces.

Algunos dirán:  “si el empresario no hubiese invertido el capital, nosotros no podríamos trabajar, no podríamos comprar ni la nave ni las máquinas”.  En primer lugar, ¿con qué derecho este empresario dispone del capital necesario, y tú no?  A este empresario seguramente le echarán una mano los políticos de turno, con los permisos, licencias, etc.  Le impondrán facilidades.  Pero, salvando este hecho y asumiéndolo como natural aunque en absoluto lo sea,  pongamos que el empresario invierte 600.000 euros en una fábrica o empresa, y que este empresario obtenga unos beneficios netos anuales de 35.000 euros, cantidad bastante por debajo de la media real.  Pues en menos de 18 años el empresario habría recuperado el dinero invertido y habría obtenido beneficios.  Y si tenemos en cuenta que cada año el porcentaje de beneficios respecto a la inversión crece, pues la inversión se va amortizando, los beneficios llegan en menos tiempo.  El empresario suele invertir en bolsa, ingresar a plazo fijo, y ejercer otras operaciones que hacen que sus beneficios produzcan nuevos beneficios.  Con esos beneficios puede incluso abrir otra nave y otra nueva empresa, cuyos costes serán nulos ya que el capital proviene de un beneficio anterior.

Este empresario ha prestado unas instalaciones a unos trabajadores que le han pagado por poder usarlas en concepto de beneficios, y sus sueldos anuales equivalen a un porcentaje muy bajo respecto al valor del artículo acabado o servicio prestado.  Es decir, de todo el beneficio de lo que producen los trabajadores, éstos solamente se quedan una pequeña parte de este dinero en concepto de salario y todo el resto son beneficios para el empresario, es como si pagásemos al empresario por trabajar.  Así que en unos años, estos trabajadores deberían de poseer la nave y las máquinas, puesto que ya se las han pagado al empresario con su trabajo, pero en cambio el empresario seguirá poseyendo la nave, las máquinas y los beneficios, pasen los años que pasen.  Puede incluso que su descendencia continúe al frente de esta empresa cuyos trabajadores ya le han producido dos o tres veces su valor.

Este sistema es casi idéntico al sistema feudal, donde el campesino debía de pagar el diezmo, una parte de su cosecha, al dueño de las tierras que ellos mismos cultivaban.  Este dueño de las tierras, de no haber campesinos que la cultivasen, solamente hubiese poseído un pedazo yermo de tierra; pero con campesinos que la cultivasen, se otorgaba el derecho de llamarse señor y de mandar sobre ellos además de robarles parte de la cosecha:  vivía de estos campesinos, de su trabajo, y él no trabajaba nunca, nunca se fatigaba ni sudaba para comer.  Sin campesinos, se hubiera muerto de hambre.  Y hace más de mil años que seguimos igual.  De la misma manera, hoy entregas una parte de tu propia producción al dueño de unas máquinas que sin ti, nada harían.

Siguiendo con este ejemplo y volviendo al empresario del ejemplo anterior, si en un momento dado el empresario desapareciese de repente, la fábrica continuará produciendo pues los trabajadores conocen sus funciones, las máquinas, los pasos a seguir, todo funcionará perfectamente.  Pero si el empresario se levanta un día y de repente ve su fábrica totalmente vacía de trabajadores, sin nadie que haga funcionar las máquinas, ello supondría su ruina, no se produciría nada, y ni la nave ni las máquinas servirían para nada en absoluto.

El empresario, el jefe, el patrón, te imponen sus condiciones de trabajo, auspiciadas bajo el poder del Estado.  Patrón, burgués… son conceptos más típicos de hace cien años que de este siglo XXI.  Pero su contenido sigue presente, sus significados siguen vigentes… ¿por qué cambiar el significante, el nombre?  Bien es conocido por todos el poder del lenguaje sobre las sociedades.  Recuperemos pues nuestro propio lenguaje, el lenguaje del pueblo oprimido que quiere liberarse.

El patrón, pues, impone sus propias condiciones de trabajo, cada vez más explotadoras e indignas para nosotras y nosotros.  Pero nosotros, quienes hacemos que se enriquezcan produciendo y consumiendo, ya no somos capaces de plantarnos ante este patrón y ante el Estado y decir “¡basta!”.  No somos conscientes de que si nos detenemos, su vida también se detiene, de que si luchamos, su poder sobre nosotros se desvanece.  Pero en vez de decirle al patrón y al Estado “oye, si yo me planto y no produzco más, tus fábricas no servirán para nada, así que vas a respetar a tus trabajadores”, callamos y agachamos la cabeza humildemente, aceptando con resignación toda agresión laboral a causa del temor a perder este puesto de trabajo.  Así, conseguimos que el propio trabajador sea el primero que teme la organización de los mismos trabajadores, en vez de ser el patrón quien tema esta organización.

Pero puede llegar el día en que nos plantemos y exclamemos: “nuestros abuelos, nuestros padres, nosotros mismos ya pagamos con creces todas estas fábricas, escuelas, hospitales… nosotros las construimos y nosotros las hacemos funcionar.  Sí, nosotros somos quienes hacemos funcionar la sociedad, y no vosotros, aves de rapiña, que no hacéis sino entorpecer nuestra evolución hacia una sociedad mayor.  Y puesto que nosotros somos el motor de la sociedad, no queremos lastres en nuestra marcha hacia el futuro.  Os desterramos de estas nuestras fábricas, de nuestros colegios y universidades, de nuestros hospitales, os desterramos de nuestras vidas. ”  ¿Es una locura?  Tal vez lo sea, pero lo será para el Estado y la burguesía.  Para nosotros será la liberación.

Si quieren cerrar una fábrica y desmantelarla para llevársela a otros lugares, ¿acaso sus obreros no pueden tomarla en pleno derecho y seguir con una producción que sí tiene demanda?  Si quieren cerrar escuelas y hospitales, o privatizarlos, ¿acaso no existen bastantes profesionales en situación de desempleo, además de los que estén en activo y se vean afectados, para continuar con las funciones que desempeñan estos centros?  ¿Acaso el barrio, pueblo o ciudad afectados no serían capaces de gestionarlo todo comunitariamente, dado que responde a intereses directos?  Creer que no es posible significa defender la incapacidad del ser humano.  Pero el ser humano es capaz de realizar las más grandes maravillas, no hay más que repasar la historia.

Esto eres tú: la clase obrera.  Eres la clase oprimida, la que trabaja para enriquecer a otros, la que consume lo mismo que ella misma produce, la que regala al burgués su salud, su esfuerzo y su propia vida.  Y solamente tú, motor de la vida, motor de la historia, puedes cambiar tu destino.  ¿Por qué dejarlo a merced de quienes te oprimen y explotan, de quienes se aprovechan de ti?  ¿Crees de verdad que les interesa mejorar tus condiciones a expensar de empeorar las suyas?  No seas iluso, no hay más realidad que lo que ellos llaman utopía y tú estás viviendo en una falsa realidad por ellos creada y controlada.

Piensa, reflexiona, cuestiónatelo todo, y siéntete capaz de todo, pues realmente lo eres.  Piensa si realmente merece la pena seguir manteniendo este sistema injusto donde unos pocos viven de otros muchos.  El mundo puede ser de otra manera, y lo sabes.

EL FALSO ESTEREOTIPO DE LA CLASE OBRERA

DESGRACIADAMENTE está bastante extendida la idea de “clase obrera” como un grupo social desfasado compuesto en exclusiva por el proletariado fabril, para más detalle varón, de mediana edad, y en las imágenes más paródicas presumiblemente con barba, tejanos, tripa cervecera y una llave inglesa en la mano derecha. No sé de dónde viene esta imagen, supongo que de una mezcla de propaganda burguesa, cierto machismo de la izquierda ignorante y delirios posmodernos.

En cualquier caso, aunque ese grupo era y es parte importante de la clase -el proletariado fabril lo seguirá siendo, ya que continúa creciendo espectacularmente a nivel mundial-, su identificación con TODA la clase trabajadora es una falsedad sin base alguna. Sólo hace falta repasar casi cualquier acontecimiento histórico para comprobar la enorme heterogeneidad tanto de la clase como de sus vanguardias en la lucha. Por ejemplo, nadie parece acordarse de que ninguno de los procesados por los acontecimientos del 1 de mayo de 1886 -fecha fundamental para el movimiento obrero- formaba parte del proletariado fabril. No sólo eso, sino que ninguno era asalariado, siendo todos ellos trabajadores por cuenta propia o cooperativistas. Por otro lado, en un acontecimiento fundamental en la consolidación del movimiento obrero europeo como actor político, la insurrección parisina de 1848, Friedrich Engels relataba así la participación de las jóvenes ‘grisettes’ (jóvenes bohemias que practicaban ocasionalmente la prostitución):

“La mayoría de los defensores de la barricada se retiraron. Sólo siete hombres y dos mujeres, dos ‘grisettes’ bellas y jóvenes, permanecieron en su puesto. Uno de los siete se sube a la barricada portando una bandera. Los otros abren fuego. La guardia nacional responde y el portador de la bandera cae. Entonces una grisette, una chica alta, bonita y bien vestida con los brazos desnudos, agarra la bandera, escala la barricada y avanza sobre la guardia nacional. El fuego continúa y los miembros burgueses de la guardia nacional abaten a la chica justo cuando se ha acercado a sus bayonetas. La otra grisette inmediatamente salta hacia delante, agarra la bandera, levanta la cabeza de su compañera y, cuando la encuentra muerta, arroja furiosamente piedras contra la guardia nacional. Ella, también, cae bajo las balas de la burguesía”

La clase obrera de nuestros días del siglo XXI, esa sufrida clase trabajadora que la machacan con recortes laborales, con subidas del transporte público , con recortes en la salud, educación en las pensiones, son los estudiantes, son informáticos, son los taxistas, son trabajadores autónomos… esa clase obrera azotada por las reformas laborales del Estado, golpeada y detenida por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, son los desempleados, son las asociaciones de vecinos, son los panaderos, los profesores, son los camioneros, los repartidores de pizzas, las enfermeras, los jubilados, los porteros, los choferes, los actores, los reponedores de Walmart, los conductores de ambulancias…. esa clase obrera eres tú.

Campaña por la jornada laboral de 30 horas semanales sin reducción salarial

La reducción de jornada sin reducción salarial (y medidas relacionadas) se plantea como reivindicación para la concreción de diferentes objetivos. El primero es reducir el desempleo que, en un contexto de crisis como éste, es un objetivo de primer orden para la resistencia al impacto del mismo sobre la clase trabajadora. Es preciso tener en cuenta que el capitalismo destruye más empleo en las crisis que el empleo que crea en las recuperaciones. Así mismo, esta medida permite reforzar la cohesión y conciencia de clase al caminar hacia recomponer la fractura que impone entre empleados y desempleados. Un segundo objetivo, también de primer orden y vinculado al nivel de empleo, es el reparto de la riqueza por la vía de la presión sobre el capital productivos-servicios y rentista-financiero: negarse a reducir los salarios implica que la financiación de la medida irá a cargo de la patronal con los beneficios pasados y/o presentes. De la presión anterior se deriva un tercer objetivo que es el forzar escenarios para sustituir la empresa capitalista por una gestión cooperativa y autogestionada donde el control del tiempo, de trabajo, de la renta y de la inversión (entre otros aspectos) esté en manos de la clase trabajadora. Pueden existir otros objetivos que no estén solo vinculados con la propiedad, la renta y el empleo, como pueden ser una mejor gestión del tiempo para las relaciones sociales, para el contacto y cuidado con la familia ( con una redistribución equitativa por género entre trabajo productivo y reproductivo) o también más tiempo para el trabajo comunitario. Así mismo, una reducción y reorganización de los tiempos de trabajo puede tener efectos positivos en aspectos ecológicos si se ajusta el gasto energético o el nivel de producción y consumo.

Reducción de jornada…

Puesto que la cifra de desemplead@s va en aumento y ya hace tiempo que se mantiene en torno de los 2.7 millones, no tiene sentido pensar que se va a “crear empleo” espontáneamente. Por eso, es de sentido común pensar en repartir el que ya existe.

A la vista de la magnitud del problema, hay que plantear una reducción drástica de la jornada, es decir, que los que ahora trabajan lo hagan durante menos horas, de modo que para mantener la producción la patronal se vea forzada a contratar parados.

…sin reducción salarial.

Sin embargo, es lógico suponer que los trabajadores a los que se reduzca la jornada no van a querer ver mermados sus ingresos, por lo que, para compensar la pérdida de salario, se dedicarían a meter horas extras.

Está claro que si el mismo trabajador al que se le ha acortado la jornada trabaja horas extras… ¿Dónde queda la reducción? Es por esto que, para que la medida sea efectiva hay que hacerla sin reducción salarial.

Reparto de la riqueza.

Pero, ¿de dónde sale el dinero para que no bajen los salarios? DE LOS BENEFICIOS PATRONALES.

Las grandes empresas anuncian todos los años, sin ningún rubor, cifras de beneficios que superan lo imaginable. Haciendo un cálculo sencillo se hace evidente que la medida no les supone ningún sacrificio.

En cuanto a las empresas pequeñas, es el estado el que debe dar las ayudas pertinentes para que puedan aplicar la reducción de jornada. ¿Y de dónde saca el Estado todo ese dinero? De los gastos militares, policiales, subvenciones a organizaciones políticas, sindicales y religiosas, etc.

Pero no nos engañemos. Ni el gobierno ni la patronal van a ceder por las buenas. Ahí está el ejemplo de cómo se consiguieron las 8 horas, que el gobierno y la patronal de entonces consideraban una barbaridad.

Sin embargo, la reducción no sirve de nada si no se eliminan totalmente las horas extras, pluriempleos y destajos, se adelanta la edad de jubilación a los 55 años, y, sobre todo, si los trabajadores no toman conciencia de su propia fuerza, se unen de forma asamblearia y autogestionada, y plantean una lucha total hasta conseguir sus reivindicaciones

BOIKOT HORAS EXTRAS

 Horas extraordinarias; dos palabras que siempre generan polémica en el ámbito laboral.

Una reivindicación clásica de los/las anarcosindicalistas es la abolición de las horas extras y del trabajo a destajo (cobrar por metros, superficies, kilos, cajas, tareas…) ¿por qué? muy sencillo, QUITAN EMPLEO. Los anarcosindicalistas queremos repartir la riqueza, no que cuatro se lo lleven todo. Hay que repartir los beneficios que él y la trabajadora generan… ¿cómo? pues repartiendo el trabajo. Repartir el trabajo significa eliminar desempleo y menor jornada, significa una vida más digna. Las horas y destajos hacen aumentar la producción y los beneficios del capitalista mucho más de lo que retribuye a las personas que emplea. Son una estafa aún mayor que el trabajo asalariado.

La situación comienza con un aumento sostenido de la producción y el patrón (empresario, emprendedor,….) decide ahorrarse un nuevo puesto de trabajo a costa de alargar la jornada laboral del o la trabajadora.

La ecuación en apariencia es sencilla. Si hay exceso de trabajo hace falta un nuevo puesto en la empresa, así de fácil. Pero en vez de eso se alarga la jornada laboral dando lugar a jornadas maratonianas de más de 8 horas. ¿Sabías que las horas extraordinarias que las/los trabajadores realizan cada semana y que la mayoría, no son remuneradas por sus empresas equivalen a la jornada habitual de más de ochenta mil trabajadores/trabajadoras?

El trabajador/trabajadora explotada se defiende en muchos casos alegando que “necesita” el dinero y cosas similares. Aun siendo comprensivos con las múltiples situaciones personales que atraviesa cada trabajador/trabajadora, y siendo conscientes de que cada realidad es diferente, creemos importante diferenciar entre las necesidades básicas para llevar una vida digna y las “necesidades” creadas con el único objetivo de consumir. Muchos trabajadores y trabajadoras hipotecan su vida a beneficio del sistema ignorando las luchas obreras que conquistaron la jornada laboral de ocho horas hace casi un siglo.

Es insolidario hacer horas extras, hay millones de desempleados/desempleadas y todas sabemos que las empresas quieren seguir sacando sus beneficios a costa de que el mismo número de personas trabajadoras haga el trabajo de dos o más personas, así se lo ahorran y no tienen que contratar a nadie.

Compañera, Compañero, reflexiona sobre este tema. ¿Qué ganas con las horas extras? Piensa más en tu bienestar, en disfrutar de los tuyos, de una vida saludable y sana, sin ser explotada/explotado y con tiempo para vivir. Cosas que a veces se nos olvidan cuando caemos en la espiral que suponen las horas extras y el sobresueldo.

AYUDANOS A DENUNCIAR A LAS EMPRESAS QUE OBLIGAN A REALIZAR HORAS EXTRAS

La Burocracia Sindical.

Son los agentes al interior del movimiento obrero pagados por los patronos para traicionar y negociar las condiciones de trabajo y por supuesto el salario de los trabajadores. La burocracia sindical, es la principal piedra de tranca, para que los trabajadores avancen políticamente, se organicen y luchen para defender sus intereses y hagan valer sus derechos. Son unos pandilleros que se encuentran enquistados y viven parasitando en el seno de la clase asalariada. Estas afirmaciones clara y políticamente en la historia están bien definidas. El problema es la orientación para que los trabajadores, enfrenten y se deshagan de estos traidores a su clase. Son muy pocos los medios a través de los cuales la clase obrera, se pueda armar de una herramienta política, que los eduque y los ayude a combatir, a los bandidos que disfrazados de sus defensores, los traicionan, los venden y les negocian sus intereses con los patronos. Desde esta tribuna esperamos contribuir con este pequeño aporte, con la intención de que a cada trabajador que le llegue esta información, le pueda servir como punto de partida, para que se abra el compás de la discusión en torno a ese gran enemigo de la clase obrera, tal y como lo es la burocracia sindical, a fin de que comiencen a organizarse y los combatan. Primero que nada tenemos que aprender a:

Como Se Caracteriza La Burocracia Sindical.

1) La Burocracia Sindical no practica la democracia entre los trabajadores. Es decir que no consulta a los trabajadores afiliados a su sindicato o a quienes representan, sobre sus acciones, decisiones y actitudes, siempre llega acuerdo con los patronos a espaldas de los trabajadores. La burocracia sindical hace sus discusiones con los patronos, de los convenios colectivos, o de cualquier otro problema que tengan los trabajadores, sin presencia de testigos, en lujosos restaurantes; cuando son problemas de menor importancia en las oficinas de las empresas a puerta cerrada. Firman cualquier acta, compromiso o convenio colectivo, sin participarle a los trabajadores. 2) La Burocracia Sindical practica el terrorismo sindical. Cuando algún trabajador les critica, lo persiguen, lo amenazan, lo intimidan metiéndoles terrorismo psicológico, sino tienen 3 o 4 secuaces que se encargan de hacerles el trabajo. o sencillamente lo mandan a despedir. La burocracia sindical es enemiga de las asambleas y de la participación de los trabajadores. 3) La Burocracia Sindical no organiza, ni deja que los trabajadores luchen por nada, cuando permite una acción por parte de los trabajadores es por que se siente presionada, por que los reclamos están suficientemente justificados y temen que los trabajadores le pasen por encima, allí actúa como camisa de fuerza, en otros casos cuando la burocracia sindical permite una acción por parte de los trabajadores, es simplemente para presionar al patrono, para que este ceda a sus apetencias personales. La burocracia sindical siempre sirve de contenedor de las luchas de los trabajadores, dicen que con los patronos no se pelea, que hay que mantener un clima de paz y armonía, que hay que aceptar las normas y las condiciones que les impongan los patronos. 4) La Burocracia Sindical, es demagoga, siempre esta ofreciendo cosas a los trabajadores que jamás cumple. Entrega a los trabajadores en cualquier conflicto, es vendida y corrupta por los privilegios y las prebendas que recibe a cambio de sus traiciones. También tienen sus cómplices en las inspectorías del trabajo. Si sus dirigentes sindicales tienen algún comportamiento igual o similar a los que mencionamos anteriormente, simplemente están ante la presencia de unos burócratas. La primera tarea que tenemos los trabajadores es combatirlos y sacarlos de nuestros sindicatos. Desde esta sociedad nos ponemos a la orden de todos los trabajadores que estén dispuestos a iniciar la lucha para expulsar a estos parásitos de los sindicatos.

SOMOS OBREROS Y LUCHAMOS PARA SER LIBRES: UNA CRÍTICA ANARCOSINDICALISTA SOBRE LA NUEVA CENTRAL DE LOS TRABAJADORES

El pasado primero de Mayo de 2014 en la ciudad de México se hizo patente, en cuanto a número de militantes, la fuerza que ya tiene la Nueva Central de los trabajadores (NCT en adelante).

La NCT se presume como un organismo  democrático e independiente, que pretende remplazar a la Confederación de los trabajadores de México (CTM en adelante) como representante de los intereses de la clase trabajadora,  frente al voraz ataque de los gobiernos neoliberales coludidos con  el capital nacional y extranjero.

Sin embargo ahora hacemos uso de las armas criticas para cuestionar estos discursos enarbolados desde la NCT, esto a partir de una postura anarcosindicalista; no sin antes aclarar que nuestras posturas son dinámicas y no pretenden en ningún momento imponer nuestras ideas a lxs demás, se muestran criticas en el sentido de invitar a la reflexión, al cuestionamiento y a la transformación revolucionaria de la realidad.

La emancipación de lxs trabajadorxs será obra de lxs trabajadorxs mismxs 

El pasado enunciado más que una consigna se ha convertido en un accionar diario para todos aquellos que enarbolan la tarea del anarcosindicalismo organizado y no solo discursivo.  Esto es válido para tiempos pasados donde organizaciones en todo el mundo tomaron este enunciado como bandera de lucha, algunos ejemplos los tenemos en la revolución social de España en 1936, revolución que fue  en gran medida posible gracias a los esfuerzos de los mismos trabajadores dentro de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).

En el territorio del estado mexicano esfuerzos por llevar a cabo este ideal libertario no han faltado, tenemos como ejemplo notable la Casa del Obrero Mundial, organización de corte federativo, donde se agruparon distintas organizaciones con una idea anarcosindicalista en la segunda década del siglo XX.

Este tipo de avances para la clase trabajadora fueron frenados represivamente en muchas partes del mundo, por ejemplo con la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), o si no sucedía así, eran cooptados hacia intereses de dirigentes poco comprometidos o de la patronal.

En México tras la desaparición de la Casa del Obrero Mundial, surgieron organizaciones que fueron orientadas lentamente hacia los intereses patronales, entre ellas la más importante para la tercera década del siglo XX sería la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM).  Fue una escisión de esta organización la que daría origen a la Confederación de los Trabajadores Mexicanos (CTM). En este último hecho centraremos nuestra crítica, ya que notamos con preocupación la existencia del mismo sesgo discursivo que existió en la emergente CTM de los años 1930, como el que ahora existe con la NCT al querer formar un órgano que centraliza a los trabajadores.

De la CTM a la NCT: Ni de fierro ni de oro, hay que deshacerse de las cadenas. 

Cuando diversos integrantes de la CROM se separan de esta para fundar una nueva central de trabajadores, lanzarían una serie de declaraciones para dejar en claro que la CROM era una institución que priorizaba más nombres sobre el movimiento obrero.  Esto fue lo dicho por Fidel Velázquez, líder charro en total servicio a la patronal, en un discurso llamado ¿Por qué nos separamos de la CROM?Del año 1929

“Las Instituciones, en todos los tiempos y en todos los países, son indiscutiblemente más grandes que los hombres. El movimiento obrero es una Institución y por esto, en el terreno en que actuamos, se considera que siendo las mismas instituciones superiores a los hombres, las primeras no deben estar sujetas en su existencia a la influencia de los últimos.”

Más adelante en ese mismo discurso se puede leer lo siguiente:

“En el Movimiento Obrero Mexicano, en el que había venido distinguiéndose el conglomerado de hombres de trabajo que militaba en las filas de la Confederación Regional Obrera Mexicana, no puede haber ahora ni nunca…”

Estas críticas hechas desde los supuestos defensores de la clase trabajadora en 1929, no hacen más que ser recicladas hoy en los discursos de la dirigencia de la NCT. Donde atacan fuertemente a los charros de la CTM, al parecer sin observar que repiten fielmente el  mismo guion puesto hace casi ochenta años cuando se funda la CTM en contraposición a la CROM.

Los que en tiempos de ayer enarbolaban discursos, palabras y actos en defensa de lxs trabajadores posteriormente fueron los mayores aliados del estado y del capital, léase Fidel Velázquez o incluso Vicente Lombardo Toledano, quien aspiro a ocupar la presidencia del país.

Los que hoy enarbolan enredados discursos de lucha de clases no garantizan ni con sus actos ni con su supuesta calidad ética y moral que en un futuro no sean los mismos aliados de nuestros principales enemigos: el estado y el capital.

En ambos discursos,  tanto el de 1929 ¿Por qué nos separamos…? Como en el del 2014 Manifiesto 1º. Mayo,  se proclama un llamado a la revolución social. Pero es momento de cuestionar esto.  Ni la promesa de fines de los años 1920 fue cumplida tras la constitución de la CTM en 1936. Ni creemos que esa misma promesa sea cumplida ahora con la constitución de la NCT. Y esto no porque no creamos en la fuerza de esos valerosos trabajadores que resisten y luchan, sino porque los postulados y conceptos promovidos desde las dirigencias sin pleno conocimiento de las necesidades de sus bases siempre ha fallado.

En primer lugar coincidimos en que debe existir una organización de los trabajadores, sin embargo estamos conceptualmente alejados de lo propuesto desde la Nueva Central  ya que este es un modelo centralizador, vertical, alejado de las bases y de su participación directa en toda las decisiones.

Creemos que los trabajadores no deben de ser dirigidos desde una especie de comité central, muy por el contrario, la propuesta anarcosindicalista cree en el federalismo, dando pie a que de acuerdo a nuestro contexto y condiciones decidamos por nosotros mismos. Lo que no ocurre cuando existe un comité que busca centralizar la lucha de la clase trabajadora.

También nos oponemos al precepto teórico de los llamados sindicatos democráticos, donde las votaciones son periódicas para elegir dirigentes, que muchas veces son reelegidos por largos periodos. La participación de los trabajadores debe ser directa, enfocada a través del apoyo mutuo, a horizontalizar la organización; primer paso para la construcción de una nueva sociedad sin jerarquía de clases ni de algún otro tipo.

Más necesario que nunca Anarcosindicalismo

Hecha esta nuestra critica no hacemos ahora más que invitar a lxs trabajadorxs a repensar su posición en la sociedad y en la lucha por un mundo más justo y libre. Declarando así nuestra solidaridad con las luchas de los trabajadores pero no con aquel que en busca de alguna mejora engañe de nuevo a aquellos oprimidos que tanto anhelamos la libertad.

Por la libertad de la clase trabajadora

PODEMOS PERDER EL TIEMPO VOTANDO… O PODEMOS ORGANIZARNOS

Votar: dícese de aquel acto de irresponsabilidad que consiste en meter una papeleta en una urna y esperar a ver qué pasa.

Y decimos irresponsabilidad porque supone delegar nuestro poder de decisión, nuestro juicio y nuestra capacidad de organizarnos y convivir. Esta delegación supone la anulación de la autorregulación de la sociedad por sí misma quedando subyugada al poder económico y político de unos pocos. Esta delegación supone que aceptamos lo que ellos decidan.

Algunos argumentos utilizados para convencerte de votar:

“Si no vas a votar no tienes derecho a quejarte”. Fruto de una distorsión absoluta del funcionamiento de las estructuras políticas y ante la cual quizás lo mejor es responder con otra frase categórica que dice que “la queja es el muro que separa la necesidad de la acción, lo que hay que hacer es actuar”.

“Hay que votar porque vivimos en democracia”. Demo=pueblo, Cracia=poder. Parece un chiste de Mafalda.

“Son las normas del juego que hemos aceptado todos”. Considerar que la constitución del 78 ha sido decidida por todos, es mucho decir, y ya no solo por su cuestionable proceso de “transacción” política, por los condicionantes de presión y chantaje de dicho referéndum, sino por una cuestión simplemente biológica, pues nadie que tenga menos de 56 años tuvo siquiera la oportunidad de votarla.

“Hay que parar a la derecha”. Argumento utilizado cual “hombre del saco” por quienes se reclaman de izquierdas… pero que cuando llegan al poder llevan a cabo políticas de derechas.

“La política es un servicio público”. La clase política, permitid la ironía, sí que está bien privatizada. Viendo a quién favorecen con sus decisiones, llamarles servidores públicos es una broma.

“Hay que votar porque los políticos nos representan”. Curioso truco de magia a través del cual depositando un papel en una urna y a imagen y semejanza de Dios, que está en todas partes y todo lo sabe, este poder pasa al político que lo utilizará para solucionar nuestros problemas. Salta a la vista que los votantes no hacen seguimiento de los incumplimientos del “programa electoral” de los partidos cuando gobiernan.

MÁS DE LO MISMO O LAS FALSAS ILUSIONES

Es necesario cuidarse de los nuevos grupúsculos políticos que, en el actual contexto de hastío popular, tratan de renovar las esperanzas en el parlamentalismo. Bajo una apariencia rupturista y radical (recuperar los espacios de debate e intervención ciudadana, eso sí, sin decirnos cómo…) nos venden una vez más la misma moto, basada en la delegación política mediante votaciones, y que se evidencia en un programa electoral populista (sólo se significan en las cuestiones actualmente más mediáticas). Esto, cuando no encarnan directamente un fascismo de nuevo cuño. No nos ofrecen soluciones en el mundo laboral, siendo este el ámbito que más tiempo nos ocupa en la vida y el pilar sobre el que se sustenta todo lo demás. Sus programas carecen de cualquier estrategia para salir del binomio capitalismo-estado, quedándose solamente en ofrecer la promesa de un capitalismo con rostro humano bajo la tutela de un gobierno formado, esta vez sí, por personas honradas.

¿Y QUÉ ALTERNATIVAS HAY?

Están muy interesados en que tengamos miedo al cambio, en hacernos creer que vivimos en el mejor de los sistemas posibles, porque si no, “nos comeríamos unos a otros”.

La antropología política nos muestra distintos ejemplos reales de múltiples tipos de estructuras sociales que han vivido de forma horizontal durante miles de años.

La historia ofrece múltiples ejemplos de estructuras sociales horizontales creadas por el movimiento obrero, desde el colectivismo, al comunismo libertario o al mutualismo.

A día de hoy también surgen ejemplos de búsqueda de alternativas, desde los grupos de consumo a las cooperativas integrales.

Hacemos un llamamiento a tomar el control de nuestras propias vidas y a organizarnos, porque para cambiar las cosas hacen falta personas que hagan, no que deleguen. Promovemos la abstención activa, pues no se trata sólo de no legitimar sus procesos electorales (desmovilizándonos y acomodándonos, esperando pasivamente que otros hagan nuestro trabajo), sino de participar directamente en la solución de nuestros problemas, agrupándonos en colectivos y organizaciones horizontales y asamblearias, manteniendo la independencia económica y política, sin injerencias, y al servicio de los intereses de la clase trabajadora.

Ni queremos, ni podemos, ni sumamos votos: nos organizamos.

“Acratismo – Libre Pacto – Solidaridad”

No hay cosa alguna, desde lo infinitamente pequeño a lo inmensamente grande que no signifique asociación de esfuerzos, organización de elementos, fuerza.

Aplicando el principio a las cosas sociales, tenemos: unas clases dirigentes, dominantes, opresoras, explotadoras (la minoría) que explotan, oprimen, dominan y dirigen o gobiernan a las clases productoras (la gran mayoría); aquéllas cuentan con su gran organización de elementos y de fuerzas para mantener su dominación; éstas no tienen organización ni fuerza; y con ser los más, son domeñados por los menos.

De ahí se sigue que, para combatir y vencer las clases opresas a las clases opresoras, se necesita de organización y fuerza superiores a las que sirven a los gobernantes.

La fuerza reside en cada uno de nosotros, los oprimidos; pero esa fuerza es nula sin asociación, sin organización.

Entonces, si tenemos ya un ideal, objetivo, para lograr su realización precisamos de la organización.

Ese concepto tan natural y lógico ha sido desconocido mucho tiempo y a eso se debe el retardo en que nos encontramos.

Se nos presentan dos formas de organización: una económica y otra revolucionaria, dos ramas paralelas como las vías férreas que, no obstante su equidistancia, constituyen una unidad por la cual el tren llega a su destino. Esto es, una organización que agrupe a los obreros como tales y otra que asocie a los revolucionarios y mantenga su relación permanente.

Una rama de la organización obrera, que puede denominarse revolucionaria, la constituyen cuantos, plenamente convencidos, trabajan rectamente por el triunfo del ideal; y otra rama, que puede llamarse económica, la constituyen las masas obreras que pugnan por mejorar su condición contrarrestando los abusos patronales, no bien convencidas aún de que si los esfuerzos empleados por parciales mejoras se hicieran por la completa emancipación, con menos sacrificios y tiempo, ésta se lograría.

Pero forzoso es admitir que las cosas son como son, y así debe aceptarse la organización paralela o dualista: la revolucionaria, calcada en los ideales, es más simple y más fácil porque en ella figuran los más instruidos en el fin perseguido.

Núcleos para cada tarea e inteligenciación de esos núcleos para todo lo trascendental; he ahí la organización revolucionaria. La económica es más complicada y difícil, por las grandes masas que envuelve y la multiplicidad de propósitos que tiene en vista. Por esto es que ese sistema de organización ha sido de labor lenta, a la cual han contribuido las mejores inteligencias, porque también esa organización es la verdadera palanca de la fuerza revolucionaria, y aun quizá representa la sociedad nueva dentro de la vieja.

De modo que esta organización, que llamamos económica para darle algún calificativo que la distinga de la revolucionaria, para que se comprenda mejor, sin que queramos decir que una y otra no sean a la vez económico-revolucionarias, es la que verdaderamente exige aún algún estudio…

No basta estar asociado, es preciso saber cómo debe realizarse la organización. Cada individuo debe mantener su libertad y su derecho, igual al derecho y a la libertad de sus coasociados, y no debe consentir que en sus actos, en sus centros, en el seno de su sociedad, en lo que se crea para bien de todos, su derecho y su libertad se atropellen por nada ni por nadie.

Siendo la asociación gremial un producto de voluntades para fines determinados, deben estas voluntades ser activas; es decir que cada uno y todos trabajen por el objetivo propuesto y no permitir que unos se encarguen de hacerlo todo y otros sean indiferentes a todo trabajo, porque ello acarrea víctimas de los indolentes o mandones.

Debe procurarse que el asociado halle en la sociedad no sólo un apoyo para la lucha contra el capital y para sus reivindicaciones sino también el mayor número posible de satisfacciones y un alivio en todas sus necesidades más premiosas. En una palabra: que la colectividad sea un complemento del individuo en cuanto éste no pueda realizar por su solo esfuerzo, dentro del más perfecto compañerismo, sin abusos ni tiranías.

Condiciones de unión

Pueden formar parte todas aquellas personas que estén a favor de los principios, tácticas y finalidades del anarcosindicalismo/sindicalismo revolucionario (AIT),  ya sean empleada/os, desempleadas/os, trabajadoras/es por cuenta propia y estudiantes. Policías y cuerpos represivos en general no se consideran trabajadores/as.

Principios, Tácticas y Finalidades

Los principios del sindicalismo revolucionario (AIT)

  1. El sindicalismo revolucionario basándose en la lucha de clases, tiende a la unión de todos los trabajadores dentro de organizaciones económicas y de combate, que luchen por la liberación del doble yugo del capital y del Estado. Su finalidad consiste en la reorganización de la vida social asentándola sobre la base del Comunismo Libertario y mediante la acción revolucionaria de la clase trabajadora. Considerando que únicamente las organizaciones económicas del proletariado son capaces de alcanzar este objetivo, el sindicalismo revolucionario se dirige a los trabajadores en su calidad de productores, de creadores de riquezas sociales, para germinar y desarrollarse entre ellos, en oposición a los modernos partidos obreros, a quienes declara sin capacidad para una reorganización económica de la sociedad.
  2. El sindicalismo revolucionario es enemigo convencido de todo monopolio económico y social, y tiende a su abolición mediante la implantación de comunas económicas y de órganos administrativos regidos por los obreros de los campos y de las fábricas, formando un sistema de libres consejos sin subordinación a ningún poder ni partido político alguno. El sindicalismo revolucionario erige, contra la política del Estado y de los partidos, la organización económica del trabajo, opone al gobierno del hombre sobre el hombre la gestión administrativa de las cosas. No es, por consiguiente, la finalidad del sindicalismo revolucionario la conquista de los poderes políticos, y sí la abolición de toda función estatal en la vida de la sociedad. El sindicalismo revolucionario considera que con la desaparición del monopolio de la propiedad debe desaparecer, también, el monopolio de la dominación, y que toda forma de Estado, encúbrase como se quiera, no podrá ser nunca un instrumento de liberación humana, antes al contrario, será siempre el creador de nuevos monopolios y de nuevos privilegios.
  3. El sindicalismo revolucionario tiene una doble función a cumplir: la de proseguir la lucha revolucionaria de todos los días por el mejoramiento económico, social e intelectual de la clase obrera dentro de los límites de la sociedad actual, y la de educar a las masas para que sean aptas para una gestión independiente en el proceso de la producción y de la distribución, así como para la toma de posesión de todos los elementos de la vida social. El sindicalismo revolucionario no acepta que la organización de un sistema social descansando totalmente sobre el productor, pueda llegar a ser ordenado por unos simples decretos gubernamentales, y afirma que solamente puede lograrse por la acción común de todos los trabajadores manuales e intelectuales, en cada rama de industria, por la gestión, dentro de las fábricas, de los mismos trabajadores, de tal manera que cada agrupación, fábrica o rama de industria sea un miembro autónomo en el organismo económico general y ordene sistemáticamente, sobre un plan determinado y sobre la base de acuerdos mutuos, la producción y la distribución como mejor interese a la comunidad.
  4. El sindicalismo revolucionario es opuesto a todas las tendencias de organización inspiradas en el centralismo del Estado y de la Iglesia, porque sólo pueden servir para prolongar la vida del Estado y de la autoridad, y para ahogar sistemáticamente el espíritu de iniciativa y de independencia del pensamiento. El centralismo es la organización artificial que supedita las llamadas partes bajas a las tituladas superiores, y que abandona en manos de una minoría la reglamentación de los asuntos de toda la comunidad (el individuo se convierte en un autómata de gestos y de movimientos dirigidos). En la organización centralista los valores de la sociedad son postergados por los intereses de algunos, la variedad es reemplazada por la uniformidad, la responsabilidad personal es sustituida por una disciplina unánime. Es por esta razón que el sindicalismo revolucionario asienta su concepción social dentro de una amplia organización federalista, es decir, de la organización de abajo a arriba, de la unión de todas las fuerzas sobre la base de ideas e intereses comunes.
  5. El sindicalismo revolucionario rechaza toda actividad parlamentaria y toda colaboración con los organismos legislativos, porque entiende que el sistema de sufragio más libre no puede hacer desaparecer las evidentes contradicciones que existen en el seno de la sociedad actual, y porque el sistema parlamentario sólo tiene un objetivo: el de prestarle un simulacro de derecho al reino de la mentira y de las injusticias sociales.
  6. El sindicalismo revolucionario rechaza todas las fronteras políticas y nacionales, arbitrariamente creadas, y declara que el llamado nacionalismo sólo es la religión del Estado moderno, tras la cual se encubren los intereses materiales de las clases poseedoras. El sindicalismo revolucionario no reconoce otras diferencias que las de orden económico, regionales o nacionales, producto de las cuales surgen las jerarquías, privilegios y opresiones de todo tipo (por raza, sexo, sexualidad o cualquier diferencia percibida o real), y reclama para toda agrupación el derecho a una autodeterminación acordada solidariamente a todas las otras asociaciones del mismo orden.
  7. Es por idénticas razones que el sindicalismo revolucionario combate el militarismo y la guerra. El sindicalismo revolucionario recomienda la propaganda contra la guerra, y la sustitución de los ejércitos permanentes, los que sólo son instrumentos de la contrarrevolución al servicio del capitalismo, por las milicias obreras que durante la revolución serán controladas por los sindicatos obreros; exige, además, el boicot y el embargo contra todas las materias primas y productos necesarios para la guerra, a excepción del caso en que se trate de un país donde los obreros estén realizando una revolución de tipo social, en cuyo caso hay que ayudarles en la defensa de la revolución. Finalmente, el sindicalismo revolucionario recomienda la huelga general preventiva y revolucionaria como medio de acción contra la guerra y el militarismo.
  8. El sindicalismo revolucionario reconoce la necesidad de una producción que no dañe el medio ambiente, que intente minimizar el uso de recursos no renovables y que utilice siempre que sea posible alternativas renovables. Identifica la búsqueda de ganancias y no la ignorancia como causa de la crisis medioambiental actual. La producción capitalista siempre busca minimizar los costes para conseguir un nivel de ganancias cada vez más elevado para sobrevivir, y no puede proteger el medio ambiente. En concreto, la crisis mundial de la deuda ha acelerado la tendencia hacia las cosechas comerciales en detrimento de la agricultura de subsistencia. Esto ha causado la destrucción de las selvas tropicales, hambre y enfermedades. La lucha para salvar nuestro planeta y la lucha para destruir el capitalismo deben ser conjuntas o ambas fracasarán.
  9. El sindicalismo revolucionario se afirma partidario de la acción directa, y sostiene y alienta todas aquellas luchas que no estén en contradicción con sus propias finalidades. Sus medios de lucha son: la huelga, el boicot, el sabotaje, etc. La acción directa encuentra su expresión más profunda en la huelga general, la que debe ser, al mismo tiempo, desde el punto de vista del sindicalismo revolucionario, el preludio de la revolución social.
  10. Enemigo de toda violencia organizada por no importa que clase de gobierno, el sindicalismo revolucionario tiene en cuenta que se producirán encuentros violentísimos durante las luchas decisivas entre el capitalismo de hoy y el comunismo libre de mañana. Por consiguiente, reconoce la violencia que pueda emplearse como medio de defensa contra los métodos violentos que empleen las clases dominantes durante las luchas que sostenga el pueblo revolucionario por la expropiación de las tierras y de los medios de producción. Como esta expropiación sólo podrá ser iniciada y llevada a feliz término por la intervención directa de las organizaciones económicas revolucionarias de los trabajadores, la defensa de la revolución debe encontrarse también en manos de los organismos económicos y no en las de una organización militar o parecida que se desenvuelva al margen de ellos.
  11. Es únicamente en las organizaciones económicas y revolucionarias de la clase obrera que se encuentra la fuerza capaz de realizar su liberación y la energía creadora necesaria para la reorganización de la sociedad a base del comunismo libertario.

La Asociación Internacional de Trabajadores tiene por objetivos:

a) Organizar y apoyar la lucha revolucionaria en todos los países con el fin de destruir definitivamente los regímenes políticos y económicos actuales y establecer el Comunismo Libertario.

b) Dar a las organizaciones económicas sindicales una base nacional e industrial y donde tales ya existan, robustecer a aquéllas que estén decididas a luchar por la destrucción del capitalismo y del Estado.

c) Impedir la infiltración de todo partido político en las organizaciones económicas sindicales y combatir resueltamente todo propósito de los partidos políticos de dominar a los sindicatos.

d) Establecer, cuando las circunstancias lo exijan, y sobre un programa determinado que no esté en contradicción con los apartados a, b y c que anteceden, alianzas provisionales con otras organizaciones proletarias, sindicales y revolucionarias con el fin de determinar y de llevar a cabo acciones internacionales comunes en interés de la clase obrera; tales alianzas no deben establecerse jamás con partidos políticos, es decir, con organizaciones que acepten el Estado como sistema de organización social. El sindicalismo revolucionario rechaza la colaboración de clase que se caracteriza por la participación en comités organizados bajo esquemas corporativos estatales (por ejemplo en elecciones sindicales para comités de empresa) y la aceptación de subvenciones, mantenimiento de profesionales del sindicalismo y demás prácticas que puedan desvirtuar el anarcosindicalismo.

e) Desenmascarar y combatir la violencia arbitraria de todos los gobiernos contra los revolucionarios afectos a la causa de la Revolución Social.

f) Examinar todos los problemas concernientes al proletariado mundial para robustecer y desarrollar los movimientos en un país o en varios que tiendan a defender los derechos y nuevas conquistas de la clase obrera o para la organización de la propia revolución emancipadora.

g) Emprender toda obra de mutuo apoyo en caso de grandes luchas económicas o de luchas agudas contra los enemigos declarados o encubiertos de la clase obrera.

h) Ayudar moral y materialmente a los movimientos de clase de los obreros en cada país, en los que la dirección se halle en manos de la organización económica nacional del proletariado.

La Internacional interviene en los asuntos sindicales de un país solamente cuando la organización afiliada del mismo lo pida o cuando ésta se sustraiga a las directivas generales de la Internacional.

*****

Trabajadores: Defendamos nuestra libertad, nuestros derechos, nuestra dignidad, nuestra legítima aspiración a vivir la vida íntegra.
Trabajadores: ¡A la huelga general!
Trabajadores: A la solidaridad que es baluarte de defensa y arma de triunfo.
¡Viva la huelga general!

****

Trabajadores, hombres que tenéis ansias de libertad y que lucháis por la emancipación humana, ¡a la lucha!

A luchar en defensa de vuestra propia existencia, hoy amenazada por los vándalos del Estado.
La existencia de la organización obrera y la dignidad de los trabajadores exigen la huelga general como único medio para que los poderes constituidos del Estado respeten la libertad de los que, con sus sudores y fatigas, amasan el pan con que ellos se hartan y acumulan las riquezas que ellos tienen. ¡Trabajadores! En estos momentos de lucha, no caben las vacilaciones y las timideces; solamente los traidores y los cobardes seguirán sumisos, uncidos al carro de las sumisiones de la burguesía, y seguirán siendo los eternos lacayos del capitalismo.

¡Trabajadores! Todos a la huelga general revolucionaria por tiempo indeterminado.

Compañeros proletarios, hombres libres, a la calle!

******

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