Ideología y militancia: el futuro de CNT

hercules

Ante la consolidación de los planteamientos reformistas que ha supuesto el XI Congreso, celebrado este diciembre en Zaragoza, no habrán sido pocos los militantes enfrentados al desconcierto que esto provoca en los que entienden la necesidad de seguir utilizando el anarcosindicalismo como estrategia de lucha. 

   Muchos sindicatos ni siquiera han asistido, como forma de protesta, ya que son unos veinte los sindicatos expulsados por no compartir estos planteamientos. Después de tantos años viéndolo venir ya es evidente que desde dentro los disconformes no pueden hacer nada, y aún así han estado aguantando para evitar una escisión como la que acabó con la formación de la CGT, sindicato al cual tiende a fusionarse la actual CNT, la oficial, o reformista, como quiera llamársele. En consecuencia, al no existir una escisión organizada de los sindicatos anarquistas, éstos han ido siendo desfederados poco a poco, sin que esté creciendo una confederación paralela. Por el contrario, la forma de “resistir” de los disconformes ha sido la de permanecer dentro, lo que ha supuesto límites para la organización con los desfederados y sobre todo la existencia de un ambiente comunicativo dominado por la autocensura, con el Comité Confederal actuando como un Gran Hermano que vigila, que cuando no accede directamente a los emails, tiene acceso a lo que dicen sus afiliados a través de lacayos informantes; eso cuando no son los propios compañeros que temen ser expulsados los que mandan callar.

De todos los efectos que el triunfo de la tendencia reformista está produciendo en la CNT, éste es el más insidioso, porque es el que cierra la puerta a la regeneración que esta organización necesita. Y es que cuando no hay sitio para el debate, éste lo busca fuera. El que una tendencia trate de expulsar a otra es de prever ya que ambas son incompatibles. Ahora bien, quién tiene derecho a expulsar a quién, está muy claro y depende prioritariamente de la fidelidad a los Principios, Tácticas y Finalidades, que son la razón de ser de la organización y cuyo respeto exige una defensa frente a la infiltración. Lo que no es tan  comprensible es que exista una censura, por la pretensión de un control del pensamiento, que por otra parte, jamás será posible.
    Tal pretensión desvela precisamente la raíz de la degradación de la CNT a nivel general, que ha ido al compás de los cambios experimentados por la sociedad y el movimiento social. Es un problema que tenderá a reproducirse tanto dentro como fuera de la CNT oficial. Si aquí hablamos de falta de debate interno, si difundimos este escrito por la red, y si esta vez han sido los reformistas los que han expulsado a los revolucionarios, a diferencia de lo que ocurrió en la primera escisión, es debido a una escasez de militancia. Y al hablar de militancia nos referimos a algo más que a simples afiliados o personas que están en CNT en virtud del pago de unas cuotas. El militante es quien se implica a fondo en todas las labores del sindicato, quien es más consciente del por qué se llevan a cabo. En la CNT, cuyo objetivo es el comunismo libertario, el militante es quien a la hora de actuar dispone de una clara formación ideológica y es capaz de transmitir esas ideas, tanto de palabra como de hecho, y es este trabajo de concienciación y formación el que más se ha descuidado y sacrificado a favor de un crecimiento orientado a la masificación para la competencia con las centrales reformistas. No es que debamos estar contra el crecimiento, pero necesitamos un crecimiento en que la calidad se desarrolle junto a la cantidad. De hecho, el ideal al que se debería aspirar es el de coincidencia entre militancia y afiliación. Hoy en cambio es manifiesta la desproporción entre afiliación y militancia, desequilibrio que va a ir agravándose en la CNT reformista por el mandato de crecer o morir derivado de los acuerdos del XI Congreso. Esto no soluciona sino que empeora la situación, ya que una organización que está perdiendo su ideología, que está traicionando sus principios, y que está expulsando a su militancia, está condenada a ser absorbida por el sistema, como lo fue en su día la CGT, que sí, dispone de más recursos económicos y quizá más afiliación, pero que no cuenta ni con un mínimo apoyo de la clase obrera, desengañada ésta y con razón de los sindicatos del poder.

  Los acuerdos del Congreso nos introducen así en un círculo vicioso de autoritarismo, reformismo, y corrupción. Sí, corrupción, porque por primera vez en la historia de CNT, para vergüenza suya, no hay control asambleario de las cuentas, y ha salido a la luz un caso de desvío y sustracción de fondos confederales, por parte además de un secretariado. Hasta este punto es visible la pérdida de los valores propios del anarquismo. De nada nos sirve el crecimiento si no somos capaces de hacerlo compatible siquiera con la honradez.

No se nos oculta tampoco que el vaciado ideológico es consecuencia de la represión sobre la organización desde después de la Guerra Civil, y de la falta de continuidad generacional. Es inevitable en este punto recordar el carácter de nuestros mayores. Quienes hemos tenido la suerte de conocer a alguno de ellos en vida por poco que sea, y respetarlo, no olvidaremos nunca el predominio de la humanidad, el idealismo, y el afán autodidacta de estas personas, todos sin excepción buenos oradores y propagandistas hasta el fin de sus días. A ellos correspondía haber llevado a cabo la transmisión ideológica, ¡pero qué pocos quedaron y a los que quedaron, qué poco caso les hicieron! Y qué fácil es hoy decir de ellos que no fueron personas con formación y aptas para el discurso, al igual que es fácil decir que no eran sindicalistas, que los sindicalistas son los que dominan ahora en la CNT, todo esto sin que se nos caiga la boca a pedazos. Ahora, gracias al trabajo de vaciado ideológico hecho por la Guerra y postguerra Fría intelectual, con la influencia de la filosofía postmoderna, es pleno el rechazo de la ideología y la teoría. La obsesión por la práctica nos lleva a una dispersión del esfuerzo en múltiples luchas parciales, a un caos de ideas, y finalmente a una fusión con la lucha reformista. Todo esto porque se quiere hacer sin decir lo que se piensa  ni lo que se es, para sumar fuerzas, dicen. Y esa táctica de esconderse detrás del pragmatismo solo conduce a una práctica sin contenido, a un sindicalismo como los otros, inservible como estrategia de lucha de clase.
    Paralela a este vaciado ideológico va la deshumanización de esta organización, que se hace patente en la reducción a lo organizativo, al mantenimiento de las estructuras, ya muy pesadas para una militancia cada vez más reducida, a la que se sobrecarga con responsabilidades y con cargos que nadie quiere y que se acumulan en la misma persona. Los encuentros se van limitando a la repetición del sostenimiento formal de la organización, asambleas, reuniones plenarias, etc…en detrimento de la convivencia y del debate ideológico, que por otro lado tampoco se articula a través de la red. Simplemente la ideología se ha reducido a su mínima expresión, como también la humanidad, el idealismo, la inteligencia, salen despedidas de un modelo sindical centrado en el crecimiento y en el hacer por hacer.
    Frente a esta degradación se hace necesario fertilizar la práctica con las ideas y con las palabras, porque el hecho, si no va acompañado por un discurso que nos ayude a interpretar su significado, se pierde en la nada. Ante todo, lo que buscamos es concienciación de clase, preparar para la revolución. Y es preferible cuando no podemos afiliarnos a CNT en nuestra propia localidad, en lugar de ligarnos a movimientos sociales que nos son ajenos y que están captados por los partidos políticos (que si vecinales, ecologistas, ciudadanistas…), asociarnos a agrupaciones no intervenidas por la Iglesia ni por los partidos, fuera de plataformas reformistas, y difundir individualmente entre las personas sensibles a nuestro mensaje, las ideas anarquistas, hasta poder crear núcleo.
    Nuestra principal misión como militantes es dotar al vacío y al caos creado por el capitalismo de un contenido esencial, el anarquismo. Lo mismo ocurre con el sindicalismo de CNT; hay que tratar de conservar en él la ideología haciéndola consciente y manifiesta. ¿Por dónde empezar? Recodando las categorías generales de la crítica socialista, de la cual el anarquismo es una rama; recordar que el trabajo es la fuente de la plusvalía y la fractura entre trabajo y capital como clases sociales, el activador de la lucha revolucionaria, y que mientras exista salariado, es su supresión el eje de la lucha revolucionaria, por lo que el anarquismo fuera del movimiento obrero no tiene sentido por el momento, ya que se pierde la radicalidad en cuanto se sale de esta perspectiva, la única que se fundamenta en la lucha de clases. No olvidemos tampoco la vocación integradora de la CNT, con la defensa de las tres formas de acción: cultural, sindical, y autogestionaria. Ahí caben todas las luchas  sociales, culturales, ambientales… por eso las pocas fuerzas que tengamos, hemos de repartirlas a partes iguales, entre estas vertientes de la acción, de lo contrario, nos mantendremos en la senda de la degeneración que hoy estamos siguiendo. Confundirnos con lo que no somos, callar nuestra filiación ideológica para ganar la simpatía de las masas, no nos va a ser de ninguna utilidad. Si creemos estar defendiendo el anarquismo desde un sindicalismo hueco, o desde un movimiento que luche simplemente por la autogestión económica, por ejemplo, estamos de todo punto equivocados, porque éstos no nos van a llevar a una sociedad anarquista, guiada por los valores libertarios, sino a la perpetuación del sistema. En el caso del movimiento por la autogestión sin ideología, todo lo más a una economía simple con formas preindustriales de jerarquía que acabarían reproduciendo el sistema de nuevo. Estamos luchando ante todo contra ideas caducas, y es con ideas y con la palabra como tenemos que combatirlas, no sin hechos, pero tampoco sin discurso.
    Hasta hoy CNT ha significado definición ideológica, luz y claridad de ideas ante las idas y venidas de la conciencia social, desorientada por los embates del capitalismo postmoderno. Veremos en lo sucesivo lo que ocurre con esta organización. Queda este reto en manos de la militancia.

 A ella, Salud, Verdad y Revolución!!!

(Una compañera de FASI)

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